Internacional
RELACIONES ENTRE ESPAÑA E ISRAEL

Por qué Sánchez ha roto otro puente con Israel: España se queda sin embajadora en plena crisis diplomática

España rebaja su presencia diplomática en Israel en el momento más tenso de la relación bilatera

Las relaciones entre España e Israel atraviesan hoy uno de sus momentos más delicados en décadas. El gobierno de Pedro Sánchez decidió cesar a su embajadora en Israel, Ana Salomón Pérez, una medida aprobada por el Consejo de Ministros que deja vacante la jefatura de la misión diplomática en Tel Aviv y reduce la representación española al nivel de encargado de negocios.

La diplomática había sido convocada a Madrid en septiembre pasado, en medio de un fuerte cruce político entre ambos países. Desde entonces permanecía fuera de Israel mientras el deterioro de las relaciones bilaterales se profundizaba. Actualmente, ninguno de los dos países cuenta con embajador en la capital del otro, después de que Israel retirara a su representante en España en 2024. Únicamente, en la actualidad, la máxima representante de Israel en Madrid es Dana Erlich, quien actúa como encargada de negocios. Según fuentes diplomáticas, la decisión responde a una determinación política vinculada al estado de las relaciones entre ambos gobiernos y no a la gestión de la embajadora, cuyo trabajo fue reconocido oficialmente.

Pero más allá de la formalidad diplomática, este episodio tiene un peso simbólico que no puede ignorarse, especialmente cuando se cumplen 40 años de relaciones entre España e Israel.

Como periodista israelí y sefardí, esta noticia resuena de manera particular en mi conciencia histórica. España y el pueblo judío comparten una historia profunda, compleja y milenaria. La herencia sefardí es una de las raíces culturales más ricas del mundo hispánico. Sin embargo, también existe una memoria dolorosa: hace más de quinientos años, bajo el reinado de Isabel I de Castilla, los judíos fueron expulsados de la península Ibérica, una herida histórica que marcó para siempre la diáspora sefardí.

Durante las últimas décadas, España había trabajado con esfuerzo para reconstruir esos lazos. Precisamente por ello, resulta inevitable preguntarse qué mensaje transmite hoy el deterioro de las relaciones con Israel, la única democracia consolidada en Medio Oriente, en un momento en que el país enfrenta una guerra contra una teocracia que ha declarado abiertamente su deseo de verlo desaparecer: la República Islámica de Irán.

En tiempos donde el extremismo ideológico y religioso intenta expandir su influencia, muchos analistas consideran a Israel una línea de contención frente a proyectos geopolíticos que buscan extender visiones radicales del islam político más allá de la región. Este es un debate complejo, pero lo que resulta indiscutible es que las democracias del mundo enfrentan desafíos comunes.

Por ello, más que nunca, las relaciones entre países democráticos deberían estar guiadas por el diálogo, la diplomacia y la cooperación, incluso, y especialmente, en momentos de desacuerdo.

Mi reflexión no es solamente política; también es personal. Tuve la oportunidad de entrevistar y conversar con la embajadora Ana Salomón en varias ocasiones. Recuerdo especialmente una escena en el Instituto Cervantes de Tel Aviv, durante la inauguración de la exposición fotográfica Del dolor a la esperanza, donde fui una de las periodistas fotografiadas por mi trabajo cubriendo la guerra iniciada tras el ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023.

Aquella noche, la embajadora abrió el evento con palabras que aún resuenan en mi memoria. Habló del dolor que había visto en los kibutz atacados y de la profunda admiración que sentía por la resiliencia del pueblo israelí. Fue un discurso sobrio, diplomático, sin leerlo, desde el corazón, profundamente humano.

En un tiempo en que las relaciones internacionales suelen medirse en declaraciones duras y gestos simbólicos, la embajadora Salomón representó otro tipo de diplomacia: discreta, respetuosa y consciente de la complejidad de Israel.

No puedo evitar pensar también en su apellido, Salomón, que evoca inevitablemente resonancias de origen sefardí, como tantos nombres que aún conservan ecos de aquella historia compartida entre España y el pueblo judío.

Las relaciones entre naciones no deberían ser prisioneras de las coyunturas políticas. La historia, la cultura y la memoria también forman parte de la diplomacia.

España e Israel han recorrido un largo camino para reconstruir puentes que estuvieron rotos durante siglos. Ojalá que las tensiones del presente no terminen debilitando una relación que, por historia, valores y cultura, merece ser mucho más sólida.

En tiempos de guerra, cuando el mundo se enfrenta al desafío del extremismo y la inestabilidad, las democracias no deberían alejarse entre sí.

Deberían encontrarse y fortalecerse.

Muchas gracias, embajadora Salomón, Ande vayas, el Dio vaya Kontigo.

(*) Ande vayas, el Dio vaya Kontigo es una bendición tradicional, comúnmente utilizada en ladino, lengua romance de los judíos sefardíes, derivada del castellano antiguo con influencias hebreas y turcas: «Donde quiera que vayas, que Dios vaya contigo».