Historia
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La regla de oro de Marco Aurelio para lograr la serenidad: si un emperador pudo, tú también

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Marco Aurelio Antonino fue emperador de Roma entre los años 161 y 180 d. C., un período marcado por guerras, epidemias y tensiones internas, y aun así procuró ejercer el poder con justicia, moderación y sentido del deber. Formado en la filosofía estoica desde joven, entendía el gobierno no como un privilegio, sino como una carga moral. Escribió «Meditaciones», un cuaderno personal en el que registró reflexiones destinadas únicamente a sí mismo, con el propósito de mantenerse fiel a la razón, la virtud y la humanidad en medio de la adversidad.

Sin embargo, en un tiempo como el nuestro, marcado por la prisa, la distracción y la exigencia constante, estas reflexiones nos recuerdan que siempre podemos retirarnos a un lugar que nadie puede arrebatarnos: la mente ordenada, el carácter firme, la voluntad orientada al bien. Que incluso en medio del ruido, del deber y de la incertidumbre, es posible actuar con rectitud, templanza y humanidad.

‘Meditaciones’, de Marco Aurelio

La llamada «regla de oro» de Marco Aurelio acepta lo que no controlas, gobierna lo que sí depende de ti y esfuérzate, cada día, por ser mejor persona. Si un emperador, rodeado de poder, guerra y muerte, pudo recordarse esto a sí mismo, entonces cualquiera de nosotros puede intentarlo.

Marco Aurelio nos deja una enseñanza muy valiosa: «No pierdas más tiempo discutiendo sobre cómo debe ser un hombre bueno. Sé uno.» Estas palabras reflejan que la virtud no se demuestra con discursos, sino con acciones concretas. Gobernar un imperio durante una época convulsa no le impidió mantener un diálogo consigo mismo, evaluando cada pensamiento y cada acto según la razón y la justicia. Hoy, en pleno siglo XXI, podemos aplicar su lección en nuestra vida cotidiana: cultivar la serenidad, la rectitud y la compasión, aunque el mundo exterior esté lleno de caos. Marco Aurelio nos recuerda que, aunque no controlemos todo lo que ocurre, sí podemos decidir cómo responder y qué persona ser cada día.