Viróloga

Casi nadie recuerda su historia: la mujer sin estudios que descubrió el primer coronavirus con apenas 34 años

Fotografía tomada de June Almeida alrededor de 1950 en el laboratorio de histopatología del Glasgow Royal Infirmary. Crédito: Joyce Almeida.
Fotografía tomada de June Almeida alrededor de 1950 en el laboratorio de histopatología del Glasgow Royal Infirmary. Crédito: Joyce Almeida.
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

La ciencia suele olvidar aquellos nombres que no encajan en sus estándares. Así es el caso de June Almeida, una joven escocesa que, sin haber pisado la universidad por falta de recursos, terminó por dar lecciones a los mejores virólogos del mundo. Con una trayectoria forjada a base de práctica en laboratorios hospitalarios, esta mujer cambió para siempre el modo en que la medicina moderna entiende las infecciones respiratorias.

Según revelan documentos de What is Biotechnology y una crónica relatada por National Geographic, su talento con el microscopio electrónico resultó decisivo en una época donde los virus no se entendían como ocurre ahora. Tras perder a su hermano por difteria a los diez años, Almeida convirtió el trauma en una historia de superación.

La mujer olvidada por la ciencia que puso rostro a la pandemia

June Almeida fue la responsable de identificar la estructura del primer coronavirus humano en 1964, año en que logró capturar su imagen mediante técnicas de vanguardia. Con apenas 34 años, esta técnica de laboratorio descubrió el virus B814, una estructura cuyas proyecciones externas recordaban a la corona solar.

Pese al desprecio inicial de la comunidad científica hacia sus hallazgos, esta mujer empleó una técnica revolucionaria de anticuerpos para agrupar las partículas víricas y dotarlas de visibilidad por primera vez.

El director de la Unidad de Investigación del Resfriado Común, David Tyrrell, recurrió a Almeida tras fracasar en su intento de visualizar el virus B814. En el hospital St. Thomas, la situación era compleja debido a una jerarquía rígida que no aceptaba que una mujer sin estudios superiores ayudara. Sin embargo, su capacidad para manejar el microscopio electrónico era superior a la de cualquier académico con título.

De Glasgow al éxito en la virología mundial

El camino de Almeida no fue sencillo ni mucho menos lineal. Tras abandonar la escuela a los 16 años por la precaria economía familiar, su paso por el Ontario Cancer Institute de Canadá marcó un antes y un después en su carrera profesional. Allí, lejos del encorsetamiento británico, la promovieron a científica junior por sus méritos propios.

Su éxito nació de un dominio absoluto de la microscopía electrónica de contraste negativo que perfeccionó durante años. Almeida identificó la morfología de virus hasta entonces invisibles como la rubéola o el papiloma, y sentó las bases del diagnóstico moderno.

Toda su experiencia acumulada la dejó en la redacción del manual de diagnóstico rápido de virus para la OMS, un documento que se convirtió en la referencia definitiva para los laboratorios de todo el mundo.

Por qué el descubrimiento de June Almeida sigue siendo vital hoy

Almeida regresó de su retiro en la costa para producir las primeras imágenes de alta calidad del VIH en el hospital St. Thomas. Durante su descanso previo, la científica se había dedicado a la restauración de porcelana, al yoga y al comercio de antigüedades. Su capacidad para identificar patrones visuales la consagró como una leyenda en los centros de investigación más prestigiosos.

A pesar de su fallecimiento en 2007, la técnica de inmuno-microscopía electrónica que ella perfeccionó es, todavía hoy, la base para identificar virus desconocidos en muestras clínicas. Sin su aportación, la clasificación taxonómica de los virus que conocemos habría tardado décadas en consolidarse.

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