Historia
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Atila, el terror de los romanos que murió en su noche de bodas

Lo conocían como «la vara de la furia de Dios», por su inmensa capacidad para luchar y dejar poblaciones devastadas con sus ejércitos. Atila, rey de los hunos, sembró el terror y el caos durante dos décadas (434 -453) cuando consiguió enfrentarse a Roma y llegar casi hasta las mismísimas puertas del Imperio por socorrer a la hermana de emperador.

Pero Atila había sido muy importante para el Imperio, ya que consiguieron crear una especie de pacto de «no agresión» entre ellos. A pesar de esto, Atila estuvo asaltando el imperio por Oriente hasta el día de su muerte. El personaje de Atila siempre fue una figura muy imponente para el Imperio Romano que no consiguió pararle los pies a este jefe y caudillo de los hunos.

El propio huno supremo se convirtió en una especie de capo mafioso con los años, ya que conseguía oro para su pueblo utilizando la violencia y la extorsión habitualmente. Incluso, se sabe que llegó a matar a su hermano Bleda, todo por declararse como único y máximo responsable del poder de su clan.

El papa frena a Atila

Un año antes de su sorprendente y repentina muerte, Atila había cruzado el Danubio, y se presentó ante una de las campañas más complicadas de su vida: llegar a Roma. No le fue mal, los hunos eran soldados leales y bien entrenados y consiguieron conquistar Aquilea, Milán y Pavía, sembrando el terror entre los habitantes de Roma y entre el propio emperador, Valentiniano III.

Fueron tantos los destrozos de Atila, que el emperador abandonó Rávena y se refugió en Roma junto con el papa León I, que fue clave para detener la expansión de los hunos con Atila al frente.

Nunca se supo qué hablaron entre Atila y León I, lo cierto es que Atila recogió sus caballos y mandó a sus hombres volver a Panonia. Los más creyentes advirtieron que fue una llamada divina, otros que León I fue muy persuasivo, aunque la hipótesis más barajada, tal y como comenta Ana Martos Rubio, autora de una de las biografías que existen de Atila en español,  fue la de un brote de peste entre sus tropas que le obligó a abandonar su conquista.

Se casa con Ildiko

En el año 453, cuando Atila ya era muy conocido y temido por lo que era capaza de hacer, el huno refugió a sus hombres con el pensamiento de volver a atacar en los siguientes meses. Pero aquí conoció a la germana Ildiko, mujer de la que se encaprichó y con la que acabó casándose.

Según cuenta Prisco de Panio, que pudo dejar constancia de la brutalidad de los hunos y de Atila, que en su noche de bodas, la celebración fue exagerada. El rey de los hunos bebió y comió como nunca, y celebró su enlace como mandaba la tradición de su pueblo.

Una vez se retiró a sus aposentos para pasar la noche de bodas con Ildiko, Atila, rey de los hunos, no volvió a ver la luz del sol.

A la mañana siguiente, su guardia se lo encontró en un charco de sangre, muerto y con su esposa en una esquina llorando. Según explica Prisco, el monarca, poco acostumbrado a beber tanto, se había acostado muy borracho, y fruto de esto, le provocó una hemorragia nasal que le supuso ahogarse en su propi sangre.

La sangre, según Prisco, no pudo pasar por los conductos habituales, lo que provocó que fuera por la garganta y acabó matando a Atila. Actualmente es la hipótesis más aceptaba.

Un final casi ridículo para uno de los guerreros más temidos de la historia que fue temido por todo el Imperio Romano, pero que no pudo controlar una muerte que le vino en su propio cuarto.