Los arqueólogos no pueden creérselo: encuentran en Perú dos patatas deshidratadas que los incas dejaron dentro de una vasija hace 500 años
Las calurosas arenas sudamericanas han devuelto a la luz un vestigio orgánico que perteneció directamente a los poderosos incas. Los arqueólogos Lidio Valdez y Katrina J. Bettcher lideraron una excavación meticulosa en el importante centro administrativo de Tambo Viejo, radicado al norte de Arequipa, en Perú.
Sus descubrimientos acaban de publicarse en la prestigiosa revista académica Journal of Field Archaeology tras meses de rigurosos análisis. La rareza de recuperar alimentos botánicos en un yacimiento tan antiguo ha revolucionado los estudios sobre la dieta de las civilizaciones andinas precolombinas.
El misterio, resuelto: encuentran patatas deshidratadas de los incas
Los científicos descubrieron con asombro que el interior de una vasija de cerámica intacta albergaba dos patatas criodisecadas. Estos tubérculos formaban parte de las raciones alimenticias de reserva que los pobladores locales escondían estratégicamente bajo el suelo arenoso de sus asentamientos.
Este método de conservación milenario se conoce comúnmente en la región bajo el término de chuño. Para prepararlo, los indígenas sometían las patatas frescas a ciclos extremos de congelación nocturna en las altas montañas, seguidos de una intensa desecación solar durante el día.
La técnica eliminaba por completo la humedad interna del vegetal, logrando que el alimento conservara sus propiedades nutritivas durante años sin pudrirse. Esta innovación agronómica resultó fundamental para sostener a los grandes ejércitos y alimentar a las poblaciones locales durante épocas prolongadas de sequía.
Lo increíble de este descubrimiento: las patatas estuvieron 500 años ocultas
El estado prístino de las patatas desconcertó inicialmente a los especialistas desplazados sobre el terreno. A pesar de haber transcurrido casi 500 años desde su soterramiento original, las piezas mantenían todavía algunos fragmentos visibles de su piel marrón originaria adheridos a la superficie rugosa.
Entre tanto, la combinación de dos factores geográficos y culturales resultó clave para evitar la desintegración total de la materia orgánica. Por un lado, la sequedad extrema del desierto costero peruano impidió la proliferación de bacterias; por otro, la vasija hermética bloqueó cualquier ataque de roedores.
Junto a las patatas fosilizadas, el equipo de investigación también desenterró varios fragmentos rotos de cerámica típica y un huso textil bastante dañado.
Estos artefactos cotidianos refuerzan la teoría de que Tambo Viejo operaba como un recinto de control logístico muy dinámico e importante.
Las redes de abastecimiento que conectaban el territorio inca
La presencia de chuño en la costa sur del país andino aporta una prueba física irrefutable sobre la magnitud comercial del imperio. El cultivo de este tubérculo resulta agronómicamente imposible en las zonas desérticas de baja altitud debido a las elevadas temperaturas estivales sostenidas.
Por lo tanto, los alimentos viajaron cientos de kilómetros desde las frías tierras altas de la cordillera de los Andes hasta el litoral costero. Este tránsito continuo de mercancías confirma la existencia de una red de caminos asombrosamente sofisticada y completamente centralizada.
Y desde luego, Tambo Viejo no era un asentamiento aislado, sino un nodo neurálgico estratégico dentro del célebre sistema vial del Capac Ñan. Este entramado de senderos pavimentados superaba los 30.000 kilómetros de extensión y cruzaba algunas de las geografías más hostiles del continente sudamericano.
Por su parte, las vasijas enterradas en Tambo Viejo cumplían la función de almacenes subterráneos de emergencia. Garantizaban el aprovisionamiento directo de los gobernadores locales, los emisarios imperiales y las tropas que custodiaban permanentemente los límites expansivos del extenso territorio ocupado.
A través de esta logística perfecta, los altos mandatarios podían someter a las poblaciones anexadas sin temor a sufrir rebeliones por hambrunas. Las enormes reservas de patatas deshidratadas funcionaban como una auténtica moneda de cambio para asegurar la paz social y la lealtad absoluta.
La excepcional ingeniería alimentaria de los pueblos andinos
El procesamiento de vegetales mediante la acción directa del frío extremo demuestra un grado de conocimiento empírico excepcional. Modificar estructuralmente la composición celular de una planta permitía a estas culturas precolombinas esquivar hábilmente las grandes catástrofes climáticas provocadas por el fenómeno de El Niño.
Aunque la domesticación de la papa cuenta con miles de años de historia continental, la sistematización del chuño alcanzó su verdadero cénit bajo el dominio estatal del Tahuantinsuyo. Institucionalizaron su consumo y obligaron a tributar grandes excedentes hacia las arcas del gobierno central.
Hoy en día, las comunidades rurales bolivianas y peruanas continúan con la elaboración de este superalimento mediante los mismos protocolos ancestrales descritos por los primeros cronistas españoles.
Su inmenso valor nutricional sigue combatiendo eficazmente la desnutrición infantil en las regiones más empobrecidas de la extensa meseta altiplánica.
Por último, los ensayos bioquímicos realizados recientemente a otros restos andinos han detectado rastros de pesticidas naturales extraídos de arbustos locales. Estos químicos rudimentarios se esparcían sobre el interior de los recipientes de almacenamiento para repeler insectos, lo que garantizaba la perfecta comestibilidad del alimento indefinidamente.