Padilla, número dos de Mónica García, deja fuera a los médicos tras sus críticas de Ceuta y sí convoca a farmacéuticos, psicólogos y enfermeras
Este lunes, en ningún momento, se había citado a los médicos a ninguna reunión
Las comunidades acordaron enviar a Ceuta hasta 45.000 dosis de vacunas

El secretario de Estado de Sanidad y médico, Javier Padilla, que se encuentra en Ceuta para evaluar la crisis sanitaria provocada tras la invasión a la ciudad autónoma de los días 30 y 31 de julio, se reunirá hoy con los colegios de Farmacia, Psicología y Enfermería, pero no con el Colegio de Médicos, ya que, durante todo el pasado lunes, no han recibido ninguna invitación, por lo que una vez más tratan de arrinconar al colectivo médico por sus discrepancias con el Ministerio de Sanidad.
Javier Padilla ha regresado a Ceuta. Lo hace como secretario de Estado de Sanidad y presidente del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa), justo cuando el Ministerio que dirige Mónica García intenta cerrar una de las principales crisis sanitarias que ha sufrido la ciudad española en los últimos años. Pero su agenda tiene una ausencia llamativa: el Colegio de Médicos de Ceuta no ha sido convocado a la ronda de reuniones que Padilla mantiene con otros colectivos sanitarios, al menos hasta este martes, y quizá deberían ser los primeros interlocutores por su peso en la sanidad.
Fuentes consultadas de los médicos ceutíes confirman que el colectivo no ha recibido invitación para un encuentro, hasta el momento. La ausencia resulta especialmente llamativa porque el secretario de Estado, que además es médico, como la ministra, Mónica García, sí ha previsto reunirse con los colegios de Farmacia, Psicología y Enfermería. Es decir, tres colectivos profesionales tienen un hueco en su agenda y el que representa a los facultativos que están en primera línea de la crisis, no.
No es una cuestión menor ni un simple problema de protocolo. Padilla aterriza en Ceuta después de semanas de tensión asistencial, denuncias de los profesionales, problemas de personal y una crisis sanitaria que el Ministerio ha tardado semanas en situar en el centro de su agenda y arrincona a los médicos.
Y lo hace, además, después de que el Sindicato Médico de Ceuta haya arremetido duramente contra sus últimas declaraciones sobre la situación sanitaria de la ciudad.
Padilla no quiere escuchar a los médicos
El Sindicato Médico de Ceuta ha acusado a Padilla de demostrar un «profundo desconocimiento de la realidad asistencial» al sostener que Ceuta ya no es una zona de difícil cobertura, como se aseguró en una carta enviada al ministerio.
La afirmación resulta difícil de encajar con una realidad que el colectivo médico lleva años denunciando: déficit de especialistas, dificultades para cubrir plazas, derivaciones a la Península, externalización de servicios y recursos asistenciales que no pueden ponerse en marcha por falta de profesionales.
En esa carta, el sindicato recuerda que las condiciones que justificaban hace tres años considerar a Ceuta territorio de difícil cobertura no han desaparecido por arte de magia. Los salarios no han experimentado una mejora capaz de explicar el cambio de criterio y las guardias localizadas continúan retribuyéndose, según el colectivo, en torno a 10,5 euros por hora, con unas condiciones que considera entre las peores del Sistema Nacional de Salud.
Y Padilla no sólo ha recibido críticas por la cuestión de los especialistas. El Sindicato Médico de Ceuta le recordó mediante una carta la conveniencia de dotar a la ciudad de una Unidad de Radioterapia o una UCI Pediátrica.
La respuesta de los facultativos fue contundente: lo que debería suscitar un debate ético no es que los ceutíes reclamen esos servicios, sino que un paciente oncológico tenga que abandonar su ciudad durante semanas para recibir radioterapia o que un recién nacido tenga que ser evacuado a la Península porque Ceuta carece de una UCI pediátrica.
La gestión de la crisis de Ceuta
El 30 y el 31 de julio se produjo la entrada masiva desde Marruecos. Las cifras manejadas públicamente sitúan el volumen de personas que cruzaron la frontera en más de 80.000, aunque buena parte regresó posteriormente a Marruecos. A finales de agosto, alrededor de 10.000 personas permanecían todavía en Ceuta según datos difundidos por el propio Ministerio.
Desde el primer momento, los profesionales sanitarios tuvieron que afrontar una presión asistencial extraordinaria. Sanidad reconoció que entre el 31 de julio y el 14 de agosto Ingesa realizó 5.801 asistencias, además de más de 2.500 atenciones efectuadas por el dispositivo de refuerzo de Cruz Roja. El pico se alcanzó el 31 de julio, con 1.149 asistencias en un solo día.
Mónica García visitó Ceuta finalmente el 16 de agosto –anteponiendo sus vacaciones hasta 17 días después– para finalmente defender que no había existido un colapso sanitario, aunque reconoció la tensión y el esfuerzo extraordinario realizado por los profesionales. El Ministerio sostuvo que el dispositivo había permitido mantener la atención ordinaria a la población ceutí.
Pero mientras Sanidad insistía en que no existía emergencia sanitaria, la propia Administración activaba medidas extraordinarias de prevención.
Este lunes, 24 de agosto, la Comisión de Salud Pública acordó con las comunidades autónomas enviar a Ceuta hasta 45.000 dosis de vacunas: 15.000 de triple vírica y 10.000 de difteria-tétanos, otras 10.000 de varicela y 10.000 de polio. Sanidad reconoce que se trata de una respuesta a las «necesidades extraordinarias de prevención» derivadas de la crisis, pero han sido realmente las comunidades autónomas quienes sí han sido solidarias. En este sentido, la Comunidad de Madrid recuerda que ha sido un «absoluto chantaje» la petición de entrega de vacunas a las comunidades.
El Gobierno insiste en que la situación «no es una emergencia de salud pública». Pero cuesta explicar a los ciudadanos cómo puede no existir una situación extraordinaria y, al mismo tiempo, ser necesario activar un mecanismo de solidaridad entre comunidades para enviar 45.000 dosis de vacunas a una ciudad que ya se encontraba sometida a una presión asistencial excepcional.
Además, la gestión de la crisis ha estado marcada por las denuncias de presiones para silenciar a los propios sanitarios de Ceuta. Los profesionales han señalado que se les habría trasladado la conveniencia de no realizar declaraciones públicas ni hablar con los medios sobre la situación que estaban viviendo en primera línea. Una acusación especialmente grave en plena crisis sanitaria, porque quienes estaban atendiendo directamente a los pacientes eran también quienes mejor podían explicar la presión asistencial, la falta de recursos y las dificultades del dispositivo.
«No hay colapso», pero sí agotamiento
El discurso oficial se ha instalado en una palabra: «tensión». Pero cómo no se ha producido un colapso formal del sistema, cuando todos los colectivos sanitarios han pedido refuerzos que no han llegado a la ciudad.
Pero los profesionales están hablando de otra cosa: tensión, agotamiento, falta de recursos y una estructura sanitaria que ya arrastraba problemas antes de la llegada masiva de personas y que precisamente Javier Padilla ha ignorado desde hace años, convirtiendo la sanidad pública de Ceuta y Melilla en la peor de toda España.
El propio Ministerio reconoció durante la visita de Mónica García que la ausencia de colapso no significaba ausencia de presión. La ministra llegó a atribuir precisamente a los profesionales el esfuerzo que había permitido evitarlo. Ese matiz es importante. Porque en todo caso, un sistema puede no colapsar y, sin embargo, encontrarse al límite.
Y existe otro elemento político que ayuda a despejar las dudas. Representantes del Colegio han mantenido contactos, a petición de los propios diputados, con los dos parlamentarios socialistas de la Asamblea de Ceuta que han reclamado la dimisión del delegado del Gobierno y actuar en la ciudad al Gobierno de Pedro Sánchez, que ha salido de La Mareta hacia Madrid sin recalar en la ciudad.
No existe, por ahora, una prueba que permita afirmar que la exclusión sea una represalia. Pero la coincidencia temporal resulta demasiado llamativa como para que el Ministerio pueda despacharla simplemente como un asunto de agenda.
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