Mónica García sólo puede vacunar a los inmigrantes identificados: apenas 1.000 de los 20.000 que campan en Ceuta
Sanidad sólo está vacunando en anillo, es decir, inmunizando a los contactos de una persona cuando se detecta un caso
La vacunación que pretende la ministra de Sanidad, Mónica García, de la población de ilegales que permanece en Ceuta se enfrenta a un grave problema previo que condiciona toda la operación: para vacunar hay que saber dónde están las personas que deben recibir las dosis. Y, además, según fuentes sanitarias consultadas, una parte importante de quienes permanecen fuera de los dispositivos oficiales no estaría identificada, registrada ni localizada.
Hasta ahora, la estrategia sanitaria de la ministra, Mónica García, habría comenzado con la denominada vacunación en anillo, que consiste en inmunizar a los contactos de una persona cuando se detecta un caso. Una estrategia que, en las actuales circunstancias de Ceuta, presenta importantes dificultades prácticas debido a la imposibilidad de identificar y localizar a buena parte de la población que permanece fuera de los recursos oficiales.
El problema, según explican los sanitarios locales, es precisamente cómo acceder a las personas que permanecen en la ciudad sin estar debidamente registradas. Para poner en marcha una campaña de vacunación exprés resulta imprescindible su filiación, es decir, que cada persona esté identificada.
El dispositivo de Loma Colmenar constituye actualmente uno de los principales puntos donde esa población puede estar identificada. Sin embargo, se advierte de las dificultades que presenta el acceso y control de las personas que allí se concentran. «Aquello es una romería», describen gráficamente algunos sanitarios de Ceuta al referirse a la situación sobre el terreno.
La consecuencia es una incógnita que afecta directamente a la campaña de vacunación: ¿a cuántas de las personas que permanecen en Ceuta se puede llegar realmente?
Las cifras tampoco están claras. Mientras las fuentes oficiales manejan una cifra cercana a los 5.000 inmigrantes, fuentes no oficiales consultadas por los profesionales sanitarios y procedentes de distintos cuerpos de Seguridad del Estado elevarían la estimación hasta los 20.000 inmigrantes. Por lo que existe una importante discrepancia entre las cifras oficiales y las estimaciones que difunde el propio ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y que no superarían las 6.000.
Para vacunar hay que filiar
Y ahí aparece la principal dificultad de la denominada vacunación «exprés». El dispositivo se centraría inicialmente en aproximadamente 1.000 personas que ya están filiadas, una cifra que representa una parte muy pequeña de la población que podría permanecer en la ciudad.
«Para vacunar hay que filiar», y el problema es determinar qué porcentaje de las personas que realmente están en Ceuta se encuentran actualmente identificadas y localizadas. «¿Un 5%? ¿Un 10%? Desconocimiento absoluto», nos indican distintas fuentes.
La campaña contempla la administración de vacunas esenciales frente a distintas enfermedades. Entre ellas figuran las correspondientes a difteria, tétanos y tosferina, así como la triple vírica, destinada a proteger frente al sarampión, la rubeola y las paperas. Algunas de estas vacunas requieren más de una dosis, lo que añade complejidad a una campaña que pretende desarrollarse con rapidez.
La vacunación plantea además dificultades específicas cuando se trata de menores. Así, las fuentes consultadas apuntan a este periódico a la existencia de cuestiones jurídicas relacionadas con el consentimiento necesario para administrar determinadas vacunas a menores cuyos progenitores no están presentes o no pueden ser localizados. Es una de las cuestiones que, según explica, habría tenido que abordarse para poder desplegar el dispositivo.
Población que continúa fuera de los circuitos oficiales
Mientras tanto, la Ciudad Autónoma de Ceuta ha comenzado a actuar dentro del ámbito de sus competencias, especialmente con los menores que se encuentran bajo su tutela. Por otra parte, en el caso de los adultos, uno de los principales puntos de referencia es el CETI, que se encuentra sometido a una elevada presión desde el inicio de la crisis.
El gran interrogante continúa siendo, sin embargo, qué ocurre con quienes están fuera de estos dispositivos. La campaña puede disponer de 45.000 vacunas gracias a las comunidades autónomas, profesionales y un calendario de actuación, pero si una parte sustancial de la población no está identificada ni localizada, la dificultad deja de ser sanitaria para convertirse también en un problema de control y organización del territorio.
La cuestión sanitaria vuelve así a tropezar con el mismo problema que ha condicionado buena parte de la respuesta a la crisis de Ceuta: las cifras, la identificación y la capacidad real de saber dónde están las personas a las que se pretende atender. Mientras se anuncia una vacunación rápida para aproximadamente un millar de personas ya filiadas, permanece sin resolver la magnitud exacta de la población que continúa fuera de los circuitos oficiales.
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