España
Invasión a ceuta

Mónica García: «Los inmigrantes no traen enfermedades, pueden enfermar, pero no las traen»

La ministra centró su intervención en combatir el discurso de la oposición y no en la presión sobre los servicios sanitarios

La comparecencia de Mónica García en el Congreso vuelve a poner el foco en la gestión de la crisis sanitaria de Ceuta y, especialmente, en unas declaraciones que han indignado a buena parte de la población de la ciudad autónoma. La ministra sostiene que «los inmigrantes no traen enfermedades, pueden enfermar, pero no las traen» y califica de «injusto» y «xenófobo» relacionar inmigración y enfermedad.

Así, la ministra Mónica García volvió a recurrir este jueves al argumento de la xenofobia para cargar contra el PP y Vox durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados, donde dedicó buena parte de su intervención a rechazar las críticas de la oposición por la gestión sanitaria de la crisis migratoria de Ceuta. Una nueva huida hacia adelante para evitar explicar por qué tardó 17 días en visitar la ciudad y para volver a negar el colapso de los centros asistenciales dependientes del Ministerio de Sanidad.

García, visiblemente incómoda durante su comparecencia, defendió que la respuesta ante la crisis sanitaria de Ceuta debe situar los derechos humanos por delante de cualquier otra consideración. La ministra aseguró que la sanidad pública atiende a los pacientes «según la necesidad clínica», con independencia de su origen o de su situación administrativa, porque así lo establecen tanto el sistema sanitario como el código deontológico de los profesionales. En su discurso justificó así la atención prestada a la población migrante y relegar a los pacientes ceutíes.

Sin embargo, más allá de sus acusaciones contra la oposición, García ofreció pocas respuestas concretas sobre la situación sanitaria que atraviesa Ceuta y sobre las denuncias de los profesionales por la tensión asistencial. La ministra defendió que la respuesta pasa por alojamientos seguros, vacunación, vigilancia epidemiológica, diagnóstico y aislamiento individual cuando sea necesario.

La ministra centró así buena parte de su intervención en combatir el discurso de la oposición, mientras quedaron en segundo plano cuestiones como la presión sobre los servicios sanitarios, la situación denunciada por los profesionales y la concreción de nuevas medidas para hacer frente a una crisis que se prolonga desde finales de julio. García defendió que «alojar, vacunar, vigilar y atender» reduce el riesgo para la población ceutí, pero lo cierto es que tienen miedo a acudir a los centros de salud.

«Nosotros tratamos pacientes. Primero preguntamos qué te pasa y después cuál es tu historial», afirmó García, que puso como ejemplo la actuación de Cruz Roja durante la llegada masiva de migrantes a Ceuta. Según explicó, los servicios de Cruz Roja realizaron alrededor de 20 reanimaciones cardiopulmonares en la playa del Tarajal durante el primer día y eso no es tampoco una crisis sanitaria.

Mónica García ha centrado buena parte de su intervención en negar que la sanidad de Ceuta haya sufrido un «colapso», hasta el punto de convertir la discusión en una cuestión casi semántica. Según la ministra, el colapso es un término técnico que implica la imposibilidad de atender la demanda, y las consultas programadas no se han suspendido, ha señalado, algo que sí han denunciado los sanitarios.

Aumento de la demanda asistencial

Pero el propio relato de la ministra ofrece elementos que dibujan una realidad bastante más compleja. García reconoce expresamente un «aumento de la demanda asistencial», la necesidad de reforzar los dispositivos sanitarios con más de un centenar de profesionales adicionales y el «esfuerzo» y «sobreesfuerzo», eso sí ha llegado a reconocer, realizado por los trabajadores. También admite que «no está todo resuelto». Es decir, mientras niega el colapso, describe un sistema que ha tenido que modificar circuitos, habilitar espacios específicos o movilizar recursos extraordinarios para absorber una situación igualmente extraordinaria, que sí han puesto encima de la mesa los médicos de la ciudad.

La ministra insiste en que no se suspendió ninguna consulta ni operación, pero ese dato, por sí solo, no demuestra que no existiera una situación de tensión extrema. Que el sistema consiga mantener determinadas prestaciones gracias a refuerzos extraordinarios no significa que la presión asistencial no haya sido excepcional. De hecho, la propia García reconoce que esos refuerzos fueron precisamente los que evitaron que la situación llegara a un escenario peor.

Vacunación

También llama la atención que García se esfuerce en desvincular al Ministerio de cualquier responsabilidad por la respuesta en Ceuta. «El Ministerio no ha tenido que ir a Ceuta, el Ministerio está en Ceuta», afirma, recordando que una de sus direcciones generales tiene competencias allí. Pero la cuestión no es únicamente si el Ministerio tiene presencia administrativa en la ciudad, sino si su actuación ante una emergencia sanitaria y epidemiológica de estas dimensiones fue suficientemente rápida, visible y eficaz.

En materia de salud pública, la ministra asegura que se han detectado tres casos de tuberculosis y niega que exista una relación con la llegada masiva de migrantes. Sobre la varicela, habla de casos investigados y pendientes de confirmación; y respecto a la gastroenteritis, reconoce alrededor de 60 casos vinculados a E. coli enteroinvasiva y los relaciona con el consumo de agua no potable y las deficientes condiciones alimentarias. También admite la existencia de casos de escabiosis.

Lo mismo ocurre con la vacunación. Si el Ministerio considera necesario poner en marcha una campaña urgente para inmunizar a menores y activar mecanismos de coordinación y solidaridad entre comunidades autónomas, difícilmente puede sostenerse que la situación no plantea un problema sanitario relevante. La prevención precisamente consiste en actuar antes de que un riesgo se convierta en un brote. Pero esa prevención ha sido gracias a las comunidades autónomas y que, como la Comunidad de Madrid explicó, «nos han chantajeado». 

Demanda extraordinaria

La ministra intenta además convertir el mantenimiento de la actividad ordinaria en la principal prueba de que el sistema no estuvo sometido a una presión crítica. Sin embargo, el hecho de que el Hospital Universitario de Ceuta mantuviera camas disponibles y que se habilitaran circuitos diferenciados no elimina el impacto sobre los profesionales. Al contrario: demuestra que hubo que redimensionar el dispositivo sanitario para responder a una emergencia extraordinaria.

La propia Mónica García acaba reconociendo lo esencial: ha habido una demanda extraordinaria, ha sido necesario incorporar más de un centenar de profesionales –que los médicos explican que no son facultativos, que es lo que se necesita también–, se han modificado los circuitos asistenciales, se han ampliado las camas y los trabajadores han tenido que realizar un «sobreesfuerzo». Y, pese a todo ello, la ministra insiste en que no hubo ni hay colapso.