Iglesias advierte por carta a los críticos: «un secretario general debe tomar decisiones difíciles»
Pablo Iglesias está nervioso. Y los nervios le sueltan los dedos sobre el teclado. En la tarde de este martes, ha tecleado 14.126 caracteres en 2.353 palabras para rellenar cinco folios preocupados y rebosantes de dialéctica para «defender la belleza», es decir, para apretar las filas y advertir a los críticos.
El que se mueva no va a salir en la foto, deja más que claro el secretario general del partido morado en la misiva que ha dirigido a los círculos y a la militancia de Podemos.
«En Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos», advierte a la militancia el líder morado
Su extensísimo texto se inicia con una reivindicación de la acción política de los diputados, liderados por Iglesias, en el Congreso y con dos atribuciones de méritos: la de la declinación de Rajoy ante la propuesta del Rey para que formara gobierno -«el mismo día en que presentamos nuestra oferta de Gobierno al PSOE, Rajoy dio un paso atrás»- y la de su ‘no’ al pacto PSOE-Ciudadanos.
Iglesias está tenso, pues escribe esta misiva pocos días después de las renuncias en bloque de nueve dirigentes del partido en Madrid. «Las dimisiones en Madrid se produjeron en el peor momento posible», admite. Y teme el líder podemita que esas renuncias puedan servir de munición para «los sectores oligárquicos» que quieren «acabar con Podemos».
Así, Iglesias llama a la unidad en Podemos una semana después de que el secretario de Organización del partido en Madrid, Emilio Delgado, y los otros nueve ‘errejonistas’ miembros de la dirección madrileña presentarán su dimisión por la «paralizante ausencia» de la dirección política de Podemos en la región.
«Los sectores oligárquicos»
Pablo Iglesias atribuye las noticias que siguieron a esa crisis sobre la división interna entre ‘errejonistas’, dispuestos a apoyar el pacto Sánchez-Rivera, y ‘pablistas’, totalitarios y maximalistas a un «nuevo relato» que «los sectores oligárquicos intentan instalar» para debilitar a su partido. «Hoy nuestros adversarios nos ponen a prueba al afirmar que hay dos Podemos: uno domesticado y otro radical. No se lo pongamos fácil y respondamos con la belleza y la dignidad que nos es propia», insiste.
Añade además que las dimisiones «han puesto en bandeja el relato que interesa a los defensores del statu quo», a quienes apunta como responsables de agitar el relato de la división interna para debilitar al partido.
Así que el líder morado lo deja claro: cualquier disidencia se pagará y el primer precio se va a cobrar pronto. «No debemos volver a cometer errores como éste y deberán asumirse responsabilidades», advierte. Y aclara después qué es lo que no tolerará: «En Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos», exhorta el secretario general.
Después de una serie de párrafos en los que atempera el ritmo narrativo, y glosa para sus lectores los besos y abrazos con Domènech, la admiración que siente por Echenique y la «emoción» de que Ada Colau «la mujer que llamó criminales a los banqueros en el Parlamento», se alcaldesa de Barcelona, el secretario general de Podemos se erige en defensor del «tesoro» con el que cuenta su partido: «la ilusión y la belleza» de su obra política. Y, como no hay mejor defensa que un buen ataque, Iglesias lo deja claro: «del mismo modo que un gobernante debe tomar decisiones difíciles, a veces un secretario general también debe hacerlo».
«Las técnicas eficaces de la política»
Es ahí donde tono vuelve a ser totalitario, y cita a su autor de cabecera por varias veces, el marxista Antonio Gramsci, y a su inspirador, Karl Marx, aunque con algo más de vergüenza, pues no se atreve a teclear su nombre, pero sí sus enseñanzas: «hacer política es conocer y manejar las técnicas que le son propias». E Iglesias las tiene muy claras, pasará por encima de quien le sea un obstáculo para hacer política «con más eficacia».
Termina el texto, de nuevo, apelando a las entrañas: «No soportan que nuestras sonrisas, nuestros besos y nuestros abrazos sean de verdad. No soportan verme fundido en un abrazo con Juan Carlos Monedero porque no pueden entender que tomamos decisiones políticas (duras a veces) sin traicionarnos», dice.
El líder culmina en un tono inquietante: «os quiero». Y rubrica bajo su nombre, «secretario general de Podemos pero, ante todo, vuestro compañero».
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