España

Con Ayuso en el ‘Fachocircuito’

Acceder al circuito de Fórmula 1 en Madrid debe ser casi tan complicado como franquear las puertas de Fort Knox, el complejo militar de Kentucky donde los Estados Unidos custodian sus descomunales reservas de oro. Y, ciertamente, las medidas de seguridad son diez mil veces más férreas que las que protegen la frontera que separa nuestro país de Marruecos en el Tarajal. Lo cual, obviamente, no es difícil. Lo primero que llama la atención es la gigantesca bandera rojigualda que preside el complejo que el domingo acogerá el Gran Premio de España: 464 metros cuadrados, mayor que la que Aznar hizo instalar en la madrileña Plaza de Colón hace un cuarto de siglo. Seguramente, la más grande de España.

Tras sortear tres check points, me encuentro con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y con el alma mater del circuito, José Vicente de los Mozos, número 1 además de la empresa anfitriona de esta fiesta del deporte que verán más de 100 millones de personas: Ifema, la feria de Madrid. El cicerón es inigualable: Luis García Abad, mánager de Fernando Alonso en los años dorados del asturiano y ahora cerebro técnico de una prueba que promete marcar un antes y un después en el calendario del Gran Circo. Para empezar, va a ser una de las pruebas más rápidas del mundo, con puntas de velocidad de casi 360 kilómetros por hora.

Luis García Abad, director general del Gran Premio de España, José Vicente de los Mozos, presidente de Ifema, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, Eduardo Inda, director de OKDIARIO y Daniel Martínez, vicepresidente ejecutivo de Ifema.

Nos montamos en un coche amarillo fosforito de la organización con García Abad al volante. Otra vez, banderas españolas por todas partes, rojo y amarillo en cada curva, en las rectas. Claramente, no es circuito para Sánchez, Yolanda Díaz, Pablo Iglesias o Irene Montero. El presidente del Gobierno no está pero tampoco se le espera. Ni siquiera se ha dignado a contestar a la invitación cursada por la organización. Mala educación al margen, da igual, la gente quiere ver al Rey y el Rey estará.

El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín alias Paquirrín, mejor que tampoco venga: le puede dar un parraque con tanto aroma rojigualda. Fue él quien implícitamente alabó a ETA por la vía de alabar a su marca blanca: «Bildu ha hecho más por la democracia que todos los patrioteros de banderita juntos». En la capital de España, cuyo orden público depende de este personaje siniestro donde los haya, asesinaron a 120 personas. A esto le debe llamar Paquirrín «luchar por la democracia». «Los wokes dirán que es un fachocircuito», se mofa la presidenta de la Comunidad de Madrid, encantada de la vida de ver en el pavimento los colores que luce en su pulsera.

La primera parada la ejecutamos en un promontorio del recorrido, el más próximo a Las Cárcavas, desde el que se divisa a la perfección el inmenso todo que es Madring, el nombre con el que se ha bautizado el circuito parafraseando a Nürburgring y Hungaroring. Esta última fue la idea que se sacó de la manga la nueva Hungría para recuperar su lugar en el mapa tras la caída de la dictadura comunista. Una carrera que llegó para quedarse y se quedó: pronto cumplirá 40 años.

Isabel Díaz Ayuso sobre la recta de llegada del circuito de Madring.

Llama poderosamente la atención el Fan Zone madrileño y el Hospitality, que será el mayor de las 24 carreras que F1 celebra en cuatro de los cinco continentes. Un total de 150.000 metros cuadrados lo contemplan. Para calibrar la grandiosidad del área de ocio basta con echar mano de la calculadora y determinar que es igual a la extensión de 20 campos de fútbol. Hay desde piscinas, no aptas para baño, eso sí, hasta pistas de karts, en las que los más jóvenes podrán emular a los Norris, Verstappen, Hamilton, Sainz o Alonso. De hecho, todos ellos fueron campeones de karting antes que leyendas de la Fórmula 1. Sobresale un inmenso edificio rojo denominado Fan Zone E que, a modo de Plaza Mayor de Madrid, será el paraíso de los tabernarios, esa especie capitalina que hizo leyenda Isabel Díaz Ayuso. Y, para que nada falte, una inmensa noria permite divisar también este inmenso Disneyland en Valdebebas, a tiro de piedra del aeropuerto, a 15 minutos del midtown capitalino y con mejor transporte público que ningún otro Gran Premio.

El segundo hito, tal vez el más impresionante, la gran marca de la casa, es La Monumental, una imponente curva con un peralte único en el mundo: 24% de inclinación. El objetivo era que tuviera un 36% pero los ingenieros de Eiffage, una de las constructoras de Madring, advirtieron que era imposible técnicamente so pena de que excavadoras, camiones de asfaltado y, consecuentemente, trabajadores, sufrieran un accidente. La Monumental tampoco es apta para los Sánchez o los Paquirrines de la vida: otra interminable enseña nacional la rodea. Y desde luego tampoco para los que, como un servidor, sufren algo de vértigo. La subida y la bajada hay que hacerla con precaución para evitar acabar rodando.

La bandera de España del circuito de Fórmula 1 de Madrid.

Estos días se trabaja contrarreloj y a destajo para tener los deberes hechos en este 13 de septiembre en el que la primera impresión que dé Madrid es la que acabará contando para resucitar de manera permanente un espectáculo que abandonó la región hace 45 años. Diez mil operarios en tres turnos, supervisados por De los Mozos y García Abad, se afanan para que nada quede al albur de la improvisación. Da la impresión de que Madring superará el primer examen con nota. La única duda a día de hoy es si el Papa de la F-1, Stefano Domenicali, le pondrá un notable, un sobresaliente o una matrícula de honor.

Los trabajadores que ponen a punto el circuito alucinan cuando se topan visualmente con  Ayuso a través de la ventanilla o cuando se baja del automóvil amarillo de García Abad. Que no ha perdido un ápice de popularidad, que las goebbelsianas, fantasmagóricas y a ratos machistas campañitas del wokismo patrio no le han causado muchos rasguños, lo certifica más allá de toda duda razonable el cariño que recibe de las personas que se dejan la piel para llegar al 13-S en perfecto estado de revista.

Detalle de la espectacular curva bautizada como La Monumental.

Los boxes son otra liga. Visitamos el del campeón del mundo, Lando Norris, piloto de McLaren, y uno de los jefes de equipo elogia la amplitud, muy superior a la que disponen para poner los bólidos a punto en otras citas del campeonato. No sé si la superficie es el doble pero, como mínimo, estaremos hablando de un 50% más. Lo cual no es moco de pavo teniendo en cuenta la cantidad de medios técnicos y humanos que desplazan las 11 escuderías que compiten a cara de perro.

La siguiente escala es la sala multipantalla desde la que no sólo se dirige la carrera sino que, además, se vela por la seguridad de los 22 pilotos que integran el Gran Circo. Aquí queda meridianamente claro que el personal es descaradamente ayusista. Es divisarla y levantarse todos a una a saludarla. El colofón de nuestro viaje por Madring es el palco, el promontorio sobre la recta principal en el que dentro de seis días levantará el trofeo el primer campeón. El galardón se llama “Monumental”, obviamente una recreación de ese santo y seña de la carrera capitalina que es la enorme curva peraltada del extremo norte.

Madring se antoja un extraordinario negocio. Cada Gran Premio generará 400 millones largos de euros, pagará 85 millones en impuestos, creará 8.000 puestos de trabajo directos e indirectos, llenará los hoteles de la ciudad, los restaurantes y atraerá más aviones privados que nunca antes jamás en Barajas. Entre el viernes y el domingo aterrizarán 120 jets cada 24 horas. Está previsto que la inversión efectuada por Ifema, 200 millones de euros, se amortice en cuatro años. Seguro que De los Mozos lo consigue. Antes que fraile de Ifema fue cocinero en Nissan (vicepresidente de la sucursal española), Renault (presidente en España y miembro del Comité Ejecutivo a nivel mundial) y en Indra (CEO hasta el mayo pasado). Un currículum de campeonato y nunca mejor dicho. La única duda en estos momentos es si el catálogo de precios, 665 euros la entrada más barata, logrará la aceptación del gran público, aunque no es menos cierto que la clientela de este gran negocio son aficionados de todo el planeta que viven por y para la Fórmula 1.

Madring recupera ese amor interruptus de la región con la Fórmula 1. La última carrera se celebró el siglo pasado en El Jarama, el 21 de junio de 1981 concretamente. El deporte que hace furor entre los más jóvenes vuelve por todo lo alto. El problema lo tendrá el wokismo patrio. El Gran Premio de España será una pesadilla para ellos con tanto rojo y gualda y devendrá en infierno si se convierte en un fenómeno de masas y un éxito económico. Visto lo visto, pinta mal para ellos.