Los oligarcas rusos aprovechan la crisis de vivienda de Barcelona para comprar casas: «Cuanto menos hay, más quieren»
Demandan la capital catalana como única opción por encima de Marbella o Madrid.

Barcelona se ha convertido en la nueva obsesión inmobiliaria de las grandes fortunas rusas. Según revelan las agencias dedicadas al sector prime que trabajan en Cataluña, la ciudad condal lleva algo más de un año consolidándose como destino de grandes inversiones en vivienda. Uno de los motivos, apuntan, sería precisamente la escasez de la misma: «Cuanto menos hay, más quieren», señalan fuentes inmobiliarias a OKDIARIO.
La inmobiliaria boutique K&N Elite, por ejemplo, ha reforzado su actividad en Barcelona en plena crisis de acceso a la vivienda con el objetivo de impulsar este segmento ultra prime tras detectar una gran entrada de clientes internacionales interesados en propiedades exclusivas.
Ihor Katrych, CEO de la compañía, ha explicado que actualmente trabajan con «importantes clientes de Ucrania, Rusia y recientemente de Emiratos Árabes Unidos que nos demandan Barcelona como única opción por encima de Marbella o Madrid como ocurría hasta ahora».
Los especialistas destacan que esta tendencia podría deberse también a una fuga masiva de inversores de otras ciudades como Dubái, que habría dejado de interesar a los más ricos por temor al conflicto geopolítico.
Las zonas favoritas de los millonarios
Todo este contexto ha animado a la inmobiliaria a abrir una sede en la ciudad y entre sus objetivos está también «impulsar próximamente zonas costeras muy selectas de Cataluña».
Por el momento, los oligarcas y otros millonarios extranjeros optan por zonas como Pedralbes, Diagonal Mar, la Dreta de l’Eixample, Pedralbes, Sarriá, Tres Torres y Turó Park.
También es importante señalar que los fondos y el mercado empresarial están sacando importantes viviendas a la venta que, a su vez, son adquiridas por estos clientes internacionales.
Los expertos explican que son especialmente inversores con un alto poder adquisitivo que ven en Barcelona una alternativa competitiva frente a otros destinos europeos tradicionales como París, Milán y también Londres, para la adquisición de activos residenciales exclusivos, aprovechando que la ciudadanía aspira a otras propiedades de menor calidad.
Pese a que se trata de una tendencia reciente, los compradores extranjeros adquirieron ya cerca de 97.500 viviendas en España durante 2025, un récord histórico que representa el 13,8% del total de las operaciones realizadas en el país.
Cataluña, de hecho, se situaba entre las regiones con mayor peso de la demanda internacional, concentrando el 16,5% de las compraventas efectuadas por ciudadanos extranjeros.
Lo que sí ha cambiado es que tanto Madrid como Marbella «han dejado de ser 100% interesantes para estos mercados, que optan por la compra de viviendas entre 3 y 20 millones de euros o más», cuentan.
Barcelona pierde catalanes
Resulta llamativo que, mientras los grandes millonarios acuden a Barcelona como refugio inversor, en 2026 la capital catalana haya registrado su primera caída de población empadronada desde que comenzó la recuperación demográfica a partir de 2021.
Según los últimos datos publicados por la Oficina Municipal de Datos del Ayuntamiento de Barcelona, la ciudad cuenta actualmente con 1,7 millones de personas empadronadas, una cifra ligeramente inferior (-0,1%) a la del año anterior y que rompe la tendencia de crecimiento iniciada en 2023.
«Cuando una ciudad sigue generando empleo, atrayendo población y recibiendo más inmigración de la que pierde, pero aun así deja de crecer, hay que preguntarse qué está ocurriendo. Y una de las respuestas está en la vivienda», sostiene Mercedes Blanco, CEO de Vecinos Felices.
Los datos municipales muestran que durante 2025 Barcelona registró un saldo natural negativo de 3.549 personas, compensado ampliamente por un saldo migratorio positivo de 11.383 habitantes.
Para la experta, esta aparente contradicción evidencia que la ciudad continúa siendo un polo de atracción, pero encuentra cada vez más dificultades para retener a parte de su población residente, que comienza a buscar alternativas fuera de la capital.
Desde la compañía observan un cambio contrastado en la búsqueda de vivienda con un notorio desplazamiento progresivo de compradores e inquilinos hacia municipios de la primera corona metropolitana, una tendencia que, a juicio de la compañía, comienza a reflejarse también en la evolución demográfica de Barcelona.
«La presión sobre los precios ha alcanzado un punto en el que muchas familias ya no buscan vivienda donde quieren vivir, sino donde todavía pueden permitírsela. Eso está modificando el mapa residencial de toda el área metropolitana», explica Blanco.
«Para miles de personas, vivir en determinados municipios metropolitanos supone mantener prácticamente la misma vida laboral y social que tendrían en Barcelona, pero con precios significativamente más asumibles. La diferencia económica es cada vez más determinante en la decisión de compra o alquiler», afirma Blanco.