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Economía
Alimentación

Ocho de cada diez kéfires que se venden en España no dicen en la etiqueta si llevan levaduras

España no tiene ninguna norma que diga qué es un kéfir, mientras doce países europeos lo exigen por ley bacterias y levaduras

Según datos de Kantar, el consumo de kéfir creció un 71% en volumen en 2025

El kéfir vive un auge en España, pero el consumidor no siempre sabe lo que compra. Según un estudio de investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV), alrededor del 80% de los productos que se venden como kéfir en España no informan en su etiquetado de si contienen levaduras. Las levaduras no son un detalle menor: el Codex Alimentarius, la referencia internacional que elaboran la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las incluye en la definición de kéfir.

El kéfir es una leche fermentada parecida al yogur, con una diferencia: se elabora a partir de los llamados granos de kéfir, una comunidad de bacterias y levaduras que actúan juntas durante la fermentación. Esa doble fermentación le da una diversidad de microorganismos mayor que la de otros fermentados lácteos. Sin levaduras, lo que hay en el envase se parece más a un yogur líquido que al producto tradicional.

Un mercado en plena expansión

La confusión llega en el mejor momento comercial de la categoría. Según datos de Kantar, el consumo de kéfir creció un 71% en volumen en 2025 y el sector alcanzó una facturación de 145 millones de euros. El producto ya está en casi cuatro de cada diez hogares. Una encuesta de la consultora 40db indica que el 93,6% de los españoles conoce el kéfir y que el 70,8% lo consume.

Ninguna norma en España

El problema de fondo es legal. En España no existe una regulación específica que fije qué requisitos debe cumplir un producto para venderse como kéfir. En los supermercados conviven productos elaborados con bacterias y levaduras junto a otros fermentados solo con bacterias, y todos usan la misma denominación.

Fuera de España, la situación es otra. Doce países europeos regulan el kéfir: Alemania, Austria, Suiza, Polonia, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Letonia y Ucrania. En todos ellos la normativa exige que el producto contenga bacterias y levaduras.

Las autonomías avisan

A falta de una norma estatal, varias administraciones autonómicas han publicado sus propios avisos al consumidor. Todas coinciden en el mismo criterio.

La Comunidad de Madrid ha publicado un artículo y un documento técnico en los que reconoce que el kéfir no está recogido en la normativa alimentaria española. Por eso, explica, en el mercado hay dos tipos de productos con ese nombre: el tradicional, hecho con fermentos lácticos y levaduras, y otros hechos solo con fermentos lácticos, de sabor y textura parecidos, que no son kéfir tradicional.

La Agència Catalana de Consum, dependiente de la Generalitat, recomienda revisar la etiqueta antes de comprar. Advierte de que no siempre es fácil distinguir un kéfir tradicional de productos similares con referencias comerciales que pueden confundir. La Junta de Andalucía, a través de su servicio de Consumo Responde, y la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha también definen el kéfir como un producto elaborado con una combinación de bacterias y levaduras.

Extremadura ha publicado también una guía para que el consumidor pueda reconocer y entender qué es el kéfir y qué compra en el supermercado.  El Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria (IFAPA) publicó en 2023 una guía técnica sobre su elaboración en la que recoge el mismo requisito.

En el ámbito estatal, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), adscrito al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, ha impulsado un estudio que describe el kéfir como un lácteo de gran complejidad microbiológica, distinto del yogur precisamente por la presencia conjunta de bacterias y levaduras.

Precisamente esta situación de vacío legal ha llevado al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación a abrir el pasado mes de octubre una consulta pública previa para recabar opiniones de ciudadanos, empresas, asociaciones y organizaciones antes de redactar el futuro real decreto que regulará la definición de kéfir en España.

La industria se mueve

Hasta que la nueva normativa vea la luz, algunos fabricantes han buscado en la certificación un elemento diferenciador. Es el caso de Danone. La compañía cuenta con su Activia Kéfir, el único del mercado certificado por AENOR, que verifica la presencia de levaduras propias del kéfir, su declaración en la etiqueta y la aplicación de controles de calidad durante su producción. Para el consumidor, supone una verificación independiente, más allá de la información proporcionada por la propia marca.

AENOR, entidad independiente de certificación, ha auditado el proceso de producción de Activia Kéfir, desde las especificaciones hasta el producto final. Su certificación avala la presencia de levaduras en la fermentación, aportando una verificación externa más allá de la declaración de la marca.

Activia ha puesto en marcha, junto con el CSIC, un estudio para evaluar el impacto que tiene el kéfir con levaduras en la microbiota. La investigación durará un año y busca seguir avanzando en el conocimiento sobre el impacto de la doble fermentación de levaduras y bacterias.

Mientras tanto, la recomendación de las administraciones autonómicas es la misma: leer la etiqueta. Si no menciona las levaduras, el consumidor no tiene forma de saber si se lleva a casa un kéfir tradicional o un fermentado que solo comparte el nombre.