La nuclear y el carbón que Sánchez odia salvaron a España del apagón
Pedro Sánchez y su Gobierno han querido ser los adalides de la descarbonización y del cierre de las centrales de energía nuclear a nivel mundial, incluso después del apagón que sufrió España el pasado lunes, el cual se tuvo que solucionar pidiendo a los franceses y a los marroquíes ayuda. En el caso de Francia, su energía es mayoritariamente (un 70%) de origen atómico. En cuanto a Marruecos, su electricidad proviene de centrales de carbón o combustibles fósiles en un gran porcentaje.
RTE, el operador de la red de transporte de electricidad francesa, explica un informe consultado que en 2024 más del 67% de la energía del país vecino proviene de fuentes nucleares. Ustedes mismos lo pueden consultar.
Por otro lado, siguiendo un informe de la Agencia Internacional de Energía, «el sector energético de Marruecos es altamente intensivo en carbón, con los combustibles fósiles representando casi el 90% del suministro total de energía primaria (TPES, por sus siglas en inglés)».
Por tanto, la energía nuclear y el carbón que odia Pedro Sánchez han sido los que han salvado a España de la gran caída eléctrica del pasado lunes. Según profesionales del sector consultados, esa energía prestada por los países vecinos sirvió para poner en marcha centrales de la red española, algo imprescindible para la paulatina recuperación.
La energía nuclear en el apagón
Aquí viene la gran mentira de Sánchez, quien tuvo la osadía de decir en su tercera intervención tras el apagón: «Los ciudadanos deben saber que durante esta crisis, las centrales nucleares, lejos de ser una solución, han sido un problema porque estaban apagadas y ha sido necesario desviar a ellas grandes cantidades de energía para mantener sus núcleos estables».
Y la desfachatez del presidente no sólo reside en que las nucleares sí fueron un problema, sino también en ocultar que las plantas atómicas estaban cerradas por su culpa. Los altos impuestos provocan que producir energía atómica se tenga que hacer a pérdidas, por lo que deja de ser rentable y las instalaciones se ven obligadas a cerrar.
En concreto, los reactores nucleares se ven obligados a dejar de producir por el impuesto sobre la producción de combustible, un gravamen que afecta al simple hecho de estar en funcionamiento y generar electricidad.
Así, si el precio medio del mercado o pool eléctrico se encuentra por debajo del impuesto que impone el Gobierno de Sánchez, las empresas que se dedican a este tipo de energía tienen que abonar a Hacienda más de lo que ganan con su actividad, algo insólito en otros sectores.
Eso es lo que sucedió el pasado 28 de abril. La enorme generación renovable de esos días, que ocupaba cerca de un 80% del total del mix eléctrico de España en el momento del apagón, impulsó el precio del pool a la baja, haciendo inviable sostener el impuesto a la producción nuclear.
En ese contexto, dos reactores cerraron por motivos fiscales. Un cierre que tiene ciertas implicaciones: al no encontrarse dentro del mercado eléctrico, los generadores paralizados no estaban obligados a estar atentos a las necesidades de la demanda.
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