Josu Jon Imaz carga contra Greenpeace en la junta de Repsol: «no sois éticos»
El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ha cargado este viernes en la junta general de accionistas contra Greenpeace y algunos activistas que critican a la compañía por no luchar contra el cambio climático.
Preguntado por «cuando iba a dejar de vender petróleo y gas», el CEO ha cargado contra los activistas: «Nos están pidiendo que dejemos de producir petróleo y gas y ¿ustedes dicen que son sostenibles, sociales y éticos pidiéndonos eso?, ¿cómo va a llenar este mundo las necesidades de energía que tiene?». En la misma línea, explicaba el impacto real en emisiones de CO2 de las distintas formas de generar energía: «vamos a seguir produciendo gas y petróleo porque el mundo lo necesita. No es ético cerrar los ojos ante la realidad. ¿Ustedes dicen que son sociales? Si como piden, Europa deja de producir hidrocarburos lo primero que va a pasar es que va a elevar su dependencia, ¿es ético reforzar a Putin y otros regímenes autoritarios?».
Por su parte, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, ha defendido que en la compañía «no son ni retardistas ni negacionistas», y ha asegurado que la energética se toma en serio «la lucha contra el cambio climático» en cada una de las acciones de su estrategia para ser una empresa descarbonizada.
«A mí no me gustaría que se me malinterpretase con lo que digo y con lo que diré. En esta casa no somos ni retardistas ni negacionistas, todo lo contrario. Somos absolutos activistas en la lucha contra el cambio climático, y lo demostramos cada día con todo lo que estamos haciendo desde una óptica industrial para convertir la industria, en este caso la de Repsol, en una industria muy descarbonizada», señaló Brufau en su discurso ante la junta general de accionistas de la energética.
Por ello, llamó a Europa a hacer «una reflexión» respecto a la regulación en la región, ya que una «buena» regulación «da señales claras y permite la inversión».
En este sentido, puso el ejemplo de Estados Unidos con su ley IRA (Inflaction Reduction Act) de «la zanahoria» para incentivar la inversión, frente a la legislación europea, basada en el apoyo a la industria regulada, como la energía eléctrica, «que no tiene que competir con lo que viene de fuera», olvidándose mientras de la industria.
De esta manera, señaló que la transición hacia una economía baja en carbono «solo pasará» si se respeta la neutralidad tecnológica y se deja competir a todas las tecnologías. «El mantra instalado en la legislación de que la electrificación solucionará los problemas de la descarbonización es un auténtico error», añadió.
A este respecto, lamentó que todas las políticas en Europa están enfocadas en «potenciar la electricidad», que apenas representa en España un 22% del consumo de energía final, dejando de lado al gas natural o los combustibles renovables.
«La pregunta que yo me hago es, si esto es así y si llevamos tanto tiempo insistiendo en electrificar todo, ¿no nos estaremos equivocando de camino?», apuntó.
Además, señaló la necesidad también de «mejorar la calidad regulatoria», ya que en Europa «somos expertos en regularlo todo, también en prohibirlo casi todo». «Pero esto no es el camino», dijo.
A pesar de ello, no quiso parecer «pesimista» y se mostró «optimista» respecto a los cambios que se están produciendo en Europa y que se pueden avecinar en las próximas elecciones de junio, ya que el Viejo Continente «se está dando cuenta de que la industria es un motor esencial para la prosperidad y el bienestar».
«Finalmente hablamos en voz alta, los políticos hablan en voz alta sobre los desafíos que tenemos. Los desafíos que tiene Europa frente a sí, y no solo los desafíos en la reducción de emisiones, porque el planeta no está siguiendo las directrices europeas», aseveró.
Por otra parte, defendiendo que «transición energética y transición industrial es lo mismo», Brufau puso también en valor la apuesta de la compañía por la producción de biocombustibles como una vía «para crear una nueva industria» y para «potenciar la transformación de las unidades industriales que hoy trabajan en los combustibles fósiles».
Además, subrayó que estos combustibles líquidos son una solución también para la descarbonización de la movilidad, especialmente aquella que no puede ser electrificada.
Asimismo, criticó como la regulación solamente tiene en cuenta los objetivos «uno detrás de otro», sin pensar en «las consecuencias económicas», y como en Europa «cada país de los 27 tiene sus propias normas mercantiles, tiene sus propias normas jurídicas y fiscales, y no hay una uniformidad».
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