Independencia de Cataluña: un salto al vacío para la economía
Quienes promueven la secesión de Cataluña suelen omitir las muchísimas cuestiones prácticas que implica crear un nuevo estado. Una de esas cuestiones es la moneda, engranaje clave para la buena marcha de la economía. Las alternativas básicas que en este terreno se abrirían a una Cataluña independiente serían tres: seguir con el euro (aunque sin formar parte del Banco Central Europeo), crear una moneda convertible a euros a una paridad fija; o crear una nueva moneda.
Seguir con el euro sin el BCE
Parece la alternativa obvia, pues es la moneda ahora utilizada. Sin embargo, separarse de España supone salir de la Unión Europea. A su vez, salir de la UE conlleva abandonar el BCE, el Eurosistema (de bancos centrales) y el sistema TARGET 2 para el cobro y pago de transferencias entre países del área.
Al dejar de formar parte del BCE, Cataluña quedaría a merced de los movimientos de capitales (cada transferencia hacia un país de la zona del euro implicaría la salida “efectiva” de esos euros; con el TARGET 2, las transferencias dentro de la eurozona se compensan con asientos contables entre los bancos centrales). Sin la asistencia del BCE, la economía catalana sería más vulnerable y/o tendría que imponer controles a los movimientos de capitales. Más allá de su coste administrativo, restringir la libre circulación de capitales supondría una caída de la confianza y un menor atractivo para inversores extranjeros, entre otras cosas.
Caja de conversión (patrón euro)
Cataluña podría crear una oficina que canjearía “catalanes” por euros y viceversa. Sería un sistema similar al patrón oro. La moneda de uso corriente sería el “catalán”, que tendría una paridad fija con el euro (supongamos 1 euro = 1 catalán). Ese respaldo permitiría que la gente aceptara usar “catalanes”. Sin embargo, ¿de dónde obtendría Cataluña los euros para respaldar la emisión de “catalanes”? Al no tener la asistencia del BCE, debería emitir deuda. Además de los intereses que tendría que pagar Cataluña por esa nueva deuda, el sistema “patrón euro” supone un riesgo para los tenedores de “catalanes”: la paridad podría alterarse (devaluarse), riesgo que se traduce en que los tipos de interés en “catalanes” serían mayores que los tipos en euros.
Banco central propio y nueva moneda
Esta alternativa exige hacer un supuesto fuerte: que los ciudadanos catalanes aceptan pasivamente cambiar sus euros por “catalanes”. Aunque no puede descartarse en el largo plazo, es difícil pensar que el “catalán” pueda tener en muchos años una reputación similar a la del euro. Esa menor calidad significa, una vez más, mayores tipos de interés.
Esta breve y en extremo simplificada exposición sobre las alternativas monetarias que se abren a una Cataluña independiente, es suficiente para mostrar que cualquier camino conduce a una situación peor que la actual. Con la independencia, los catalanes tendrían una moneda de menor calidad. Por eso, los tipos de interés serían mayores y la seguridad, tanto para los ahorros de los catalanes como para las inversiones extranjeras, menor. Mayores tipos de interés implican una menor actividad económica y empleo de los que se podrían alcanzar.
Derivadas del tema monetario hay otras cuestiones también esenciales: los balances de los bancos (es decir, los ahorros de la gente) y las deudas pública y privada. Seguir con el euro sería complicado, pero las demás alternativas resultarían peores, pues podrían desembocar en la conversión forzosa a una nueva moneda. Conversión que significaría una pérdida para los ahorradores y un mayor endeudamiento para los deudores.
Una independencia unilateral llevaría a la economía catalana a una grave crisis. Al problema monetario habría que añadir muchos otros, como el abrupto cambio de condiciones del comercio exterior con la UE. Reino Unido es la quinta mayor economía del mundo, tiene sólidas instituciones y una moneda de calidad. Pese a ello, su salida de la UE ya le está costando menor crecimiento e inversiones. La economía catalana es una fracción de la británica (es menor, incluso, que la de Chile), está menos diversificada, no tiene moneda y su impulso independentista proviene en parte de grupos antisistema. No pueden caber dudas de que la salida de Cataluña de la UE sería mucho más traumática que la del Reino Unido.
Ojalá que nunca les pase a los catalanes lo mismo que a los británicos, que tras votar a favor del “Brexit” vieron atónitos cómo sus principales dirigentes admitieron que muchos de los “datos” que habían usado en la campaña se basaban en “cálculos mal hechos”.
(Diego Barceló Larra es director de Barceló & asociados) (Twitter: @diebarcelo)
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