El BCE impulsa su mayor giro desde 2008 y advierte a los inversores: «No diremos qué vamos a hacer»
El Banco Central Europeo (BCE) inaugura en Sintra una nueva edición de su Foro Anual de Banca central
Los principales banqueros centrales del mundo se reúnen hasta este miércoles en Sintra (Portugal), en el foro anual del Banco Central Europeo (BCE). El encuentro ha estado marcado por el giro en la forma de comunicar la política monetaria con un mensaje claro a los mercados, que tendrán menos pistas sobre el futuro de los tipos.
El mensaje del BCE ha sido contundente: ya no quiere que los inversores se adelanten a su próximo movimiento. Así lo ha hecho saber la presidenta del organismo, Christine Lagarde, que ha abierto la puerta a una nueva etapa en la que el banco central reducirá las señales sobre decisiones futuras y reforzará un enfoque mucho más dependiente de los datos.
«La forward guidance no está sobre la mesa», ha afirmado, subrayando que el BCE no ofrecerá certezas sobre la senda futura de los tipos de interés.
En su lugar, Lagarde ha explicado que el banco evoluciona hacia lo que denomina framework guidance, un enfoque que no busca anticipar decisiones concretas, sino aclarar cómo se toman esas decisiones.
La llamada función de reacción del BCE se apoya ahora en tres pilares: las perspectivas de inflación, la dinámica subyacente de los precios y la intensidad con la que la política monetaria se transmite a la economía.
Según ha detallado, el hecho de que los mercados conozcan mejor ese marco de actuación hace que las condiciones financieras se ajusten de forma casi inmediata a los nuevos datos, incluso antes de las reuniones del Consejo de Gobierno.
En ese sentido, ha señalado que los tipos ya comenzaron a endurecerse en marzo, a medida que se trasladaba el shock energético, muy por delante de la decisión formal adoptada en junio. «Los mercados hicieron el trabajo por nosotros», ha resumido Lagarde, en referencia a cómo la anticipación de los inversores ha condicionado ya el ajuste de las condiciones financieras.
Durante el encuentro en Sintra, Lagarde ha rechazado el discurso del mercado sobre la decisión del BCE, basado en que la subida de los tipos de interés en junio fuera simplemente una «subida preventiva».
Fin de la forward guidance
La presidenta ha asegurado que los responsables de política monetaria subieron los tipos porque los datos apuntaban a un problema real de inflación, con una inflación general y subyacente que se preveía más intensa de lo estimado anteriormente.
Por su parte, Laura Martínez, portavoz de iAhorro, desconfía de las palabras de Lagarde y no cree exactamente que vaya a haber un fin del guidance, sino un cambio de ciclo. Durante años, con los tipos en cero, explicar bien los planes futuros era casi la única herramienta que les quedaba a los bancos centrales.
Ahora que los tipos ya no están en cero y hay sobresaltos (como el conflicto en Oriente Próximo y su efecto en el petróleo), tiene más sentido guardarse margen para reaccionar sin haberse comprometido antes con nada.
«La Fed de Warsh es el ejemplo más claro; el BCE se mueve en esa dirección, pero más despacio», añade Martínez.
Este cambio de mentalidad de los banqueros centrales permitirá, según los expertos, poder reaccionar mejor a sorpresas y evitar el problema de prometer algo y tener que incumplirlo después (lo cual daña más su credibilidad que no prometer nada).
Credibilidad o incertidumbre
Sin embargo, el mercado pierde una referencia clara para anticiparse, lo que puede traducirse en más nerviosismo, opiniones más dispersas entre analistas y reacciones más bruscas cada vez que se publica un dato importante.
Entre los efectos que esta nueva dirección pueda tener, lo más probable es que haya más sobresaltos en bolsa y en los tipos cada vez que salga un dato de inflación o empleo, ya que dejarán de estar «amortiguados» por un mensaje previo del banco central.
«Los inversores tenderán a cubrirse más (con opciones, plazos más cortos) en lugar de apostar con tanta antelación por una dirección concreta de los tipos», señalan desde iAhorro.
Con todo ello, los expertos señalan que el banco central gana credibilidad actuando según lo que pasa, no prometiendo de antemano lo que igual no puede cumplir. Mientras que otros dirán que, justo ahora, con tanta inestabilidad geopolítica, quitar esa referencia puede generar más confusión y más errores de interpretación entre los inversores.
Desde Kelisto confían en que este giro mejorará la credibilidad si los bancos centrales reconocen los límites de sus previsiones, presentan escenarios alternativos y explican con claridad cómo reaccionarían ante ellos.
La credibilidad no debería basarse en acertar el nivel de los tipos dentro de seis meses, «sino en que el público comprenda el objetivo y confíe en que la institución responderá coherentemente a la información disponible. En otras palabras, que haya una actuación coherente y sostenida en el tiempo», añaden desde Kelisto.
Por el contrario, la situación empeorará si se pasa a una dependencia excesiva de los datos como una fórmula vaga que permite justificar cualquier decisión. Al final, eso aumentará la incertidumbre y el riesgo de errores de interpretación.
Warsh se estrena en el panel
Además, Sintra también ha contado con la participación de Kevin Warsh coincidiendo con su estreno como nuevo presidente de la Reserva Federal. Lo que explica en gran medida la decisión de Lagarde.
Lo sucedido en Sintra con el BCE ya ocurrió hace unas con la Reserva Federal, cuando mantuvo las tasas sin cambios en su última reunión.
Lo más relevante de la reunión fue justo la decisión del presidente Kevin Warsh de modificar la forma en que se comunica la política monetaria. Al acortar el comunicado de política monetaria y eliminar la orientación prospectiva, Warsh indicó un cambio hacia un enfoque que prioriza los datos, lo que podría dejar a los mercados con menos tiempo de anticipación sobre futuros movimientos de las tasas.
En este contexto, el debate deja de ser sólo europeo y pasa a lo global. Tanto Lagarde como Warsh están desmontando el modelo de los bancos centrales «predecibles» que dominó desde 2008 y volviendo a unos donde el mercado tiene que adivinar.
Por todo ello, los expertos dejan clara la idea de que no deberíamos estar ante el fin de la comunicación monetaria, sino ante una transformación hacia una política monetaria más predecible, capaz de explicar y anticipar sus posibles reacciones ante los cambios en la economía. Eso generará más volatilidad a corto plazo, pero también una política más flexible y creíble.
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