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Tenis: US Open 2026

Zverev destruye el sueño americano de Shelton y se consagra campeón del US Open

El alemán exhibe galones para apagar la Arthur Ashe y rendir a Shelton

El estadounidense, algo encorsetado, acusó los nervios de su primera final de Grand Slam

La secuencia es tan atípica que pilla por sorpresa al protagonista. Zverev devuelve la pelota para que Shelton saque cuando ve al estadounidense caminando a la red sin empuñar la raqueta. ¿Qué ha pasado? Mira entonces el marcador y halla la respuesta. No hay más puntos que jugar porque se ha acabado (6-3, 7-6, 5-7, 6-2). Es el campeón del US Open. Consigue su segundo Grand Slam y echa un jarro de agua fría a la grada de la Arthur Ashe que se ilusionaba con ver, 23 años después, a uno de los suyos conquistar la Gran Manzana. Festeja Zverev, quien de las sobras de Alcaraz y Sinner ha fabricado una carrera memorable en 2026.

Por las tripas del Arthur Ashe hay carreras para aglutinar provisiones de cara al partido. Es un festival de perritos calientes, hamburguesas y alitas de pollo. La crème de la crème gastronómica estadounidense. Y si se pueden añadir patatas fritas, mejor que mejor. Dentro también se produce un show patrio. Humo, luces de neón, música electrónica… El abecé yankee para los macroeventos. Claro que también se despliega una bandera gigante y se escucha el himno nacional. A exaltación patriótica les va a ganar alguien.

«¡USA, USA!». Aquí las arengas son en colectivo, no individuales. Todo el país está a hombros de Shelton, que tiene a su espalda 23 años de sequía patria en el US Open. Palabras mayores. Ninguna raqueta estadounidense ha reinado en casa desde Roddick 2003 y eso, en un deporte con tanta tradición e inversión nacional, supone un jarro de agua fría. Se lo lleva también la Arthur Ashe a las primeras de cambio porque Zverev, liberado al conquistar Roland Garros del peso que le había acompañado toda la carrera, quiebra el saque de Shelton, sacador nato, nada más comenzar.

Cazador cazado. A Shelton le jugaron mala pasada los nervios iniciales, de ser su primera final de Grand Slam y de tener a todo el país pegado al televisor. Zverev comenzó dominador, no tenísticamente, pero sí emocionalmente. Alcanzar tres de cuatro finales de Grand Slam este año le ha dado eso, el saber manejar las circunstancias. No arriesgaba en exceso, pero tampoco cometía errores propios. Elevó aquello de ‘que falle el rival’. Sus golpes eran correctos y los de Shelton precipitados. La experiencia es un grado.

Zverev había exhibido solidez, de menos a más, a lo largo de todo el torneo y lo reprodujo en la final, que no es poco. Se lleva el primer set simplemente por aplomo, pero Shelton se reactiva en el segundo. Su saque abierto y potente, que tanto ha dañado a lo largo del torneo, apenas consigue agrietar la coraza del alemán porque todos sus saques van directo al revés, el punto fuerte de Zverev, que sigue correcto pese al caos al que le invita Shelton con potencia y cambio de direcciones. El estadounidense aumenta el nivel, pero deja escapar la segunda manga en el tie break.

Tocaba remontada épica e histórica o cruz para Shelton, quien nunca había logrado devolver dos sets abajo. Y ahí, otra dosis de patriotismo. «¡USA, USA!». La nación al rescate. Shelton trata de conectar con un par de puntos ganadores y el dedo a la oreja al más puro estilo Alcaraz. A Zverev le tiemblan las piernas y el codo. El vértigo del campeón, cuando más cerca lo tiene, más miedo existe. Falla y cede lo que no había cedido en todo el partido. Break para Shelton que cierra el set con su saque y fuerza la cuarta manga.

Lo soluciona Zverev con un pinchazo de insulina en el cambio de set. ¿Y si era un bajón? La diabetes y sus consecuencias. Sea lo que fuera, emerge con vigorosidad y vuelve a aplacar el ímpetu de la Arthur Ashe con otra rotura al servicio. Un golpe al mentón de Shelton, agarrado a su saque como un oso panda a su eucalipto. Zverev ya no iba a ceder y, cosas del tenis, cerró el partido dando a Shelton de su propia medicina. Con un gran saque. Segundo Grand Slam, liberado y consolidado. ¿Mantendrá la solidez cuando regresen plenamente Alcaraz y Sinner?