Una España colosal
La España de De la Fuente combina el control del balón con la velocidad de sus extremos: menos sólida que la de 2010, pero más vistosa
Lamine Yamal eleva el nivel de una selección que encuentra en la confianza del técnico y las alternativas del banquillo las claves de su éxito
Lamine ilumina a España

España juega, gana y divierte. La selección de Luis de la Fuente tiene una capacidad descomunal para hacer daño de distintas maneras. Puede encadenar pases hasta encontrar un hueco, acelerar por las bandas o resolver con una genialidad de Lamine Yamal. La victoria ante Croacia en el Sánchez-Pizjuán volvió a mostrar a un equipo que conserva el gusto por el balón y que, además, tiene colmillo. Mucho. Una selección que invita a sentarse delante de la televisión porque siempre puede pasar algo.
El primer gol fue la mejor explicación. España enlazó 25 pases sin que Croacia pudiera tocar el balón y Lamine culminó la jugada al primer toque cuando apenas habían transcurrido 70 segundos. Paciencia para construir y velocidad para terminar. Ahí está una de las grandes virtudes de este equipo: sabe combinar sin renunciar a atacar. Si aparece un espacio, lo aprovecha. Si el rival se encierra, tiene futbolistas capaces de abrir el partido con un regate, una pared o un pase.
Lamine marca la diferencia
Lamine es el jugador que eleva el techo de España. No sólo por sus goles. Cuando recibe por la derecha, obliga al rival a tomar decisiones incómodas. Si el lateral sale a buscarle, puede superarlo. Si espera, le concede tiempo para pensar. Y si necesita la ayuda de un compañero, deja libre a otro futbolista español. Su amenaza cambia la manera de defender de los adversarios y facilita el trabajo del resto.
Lo extraordinario es que no necesita regatear siempre. Sabe cuándo encarar y cuándo soltar el balón, cuándo acelerar y cuándo detenerse para encontrar un pase. Ante Croacia mezcló esas cualidades con una eficacia decisiva: dos goles y una asistencia. Tiene descaro, pero también entiende el juego. Y en el otro costado aparece Nico Williams, cuya velocidad permite a España estirar al rival por las dos bandas. La importancia de esa amplitud ya quedó reflejada en el análisis técnico de la UEFA sobre la Eurocopa de 2024.
Menos sólida que en 2010, más vistosa
La comparación con la España de 2010 es inevitable, aunque los caminos sean distintos. La selección de Vicente del Bosque transmitía una mayor sensación de seguridad. Xavi, Iniesta, Busquets y Xabi Alonso gobernaban los encuentros desde el centro del campo y obligaban al adversario a pasar mucho tiempo persiguiendo la pelota. Aquel equipo podía vivir de una ventaja mínima porque tenía una capacidad extraordinaria para controlar lo que ocurría.
Esta España resulta menos sólida, pero sí más vistosa. Ataca con más jugadores, acelera con mayor frecuencia y acepta partidos más abiertos. Eso también tiene un precio: cuando pierde el balón con el equipo desplegado, concede espacios y puede sufrir. No domina siempre desde la tranquilidad. En ocasiones lo hace desde el intercambio de golpes, confiando en que su talento ofensivo termine imponiéndose.
Eso no convierte a la campeona de 2010 en un equipo aburrido. Sería injusto con una generación que jugó un fútbol excepcional. La diferencia está en dónde pone el acento cada una. Aquella España sometía al rival con el control; esta añade una amenaza constante por fuera y más cambios de ritmo. Tiene centrocampistas para elaborar y extremos para romper. Puede disfrutar de una posesión larga y, en la siguiente acción, llegar al área en pocos segundos.
Los aciertos de De la Fuente
De la Fuente merece una parte importante del reconocimiento. Ha dado espacio al talento sin perder la organización colectiva. Su gran acierto ha sido juntar el fútbol de los centrocampistas con el desequilibrio de los extremos. Las bandas ensanchan el campo y permiten que Fabián, Olmo o Pedri encuentren zonas desde las que asociarse y llegar al área. Esa combinación entre amplitud y profundidad desde el centro del campo ya fue una de las claves del éxito europeo.
También ha acertado al confiar en jugadores jóvenes y al dar valor a los que esperan en el banquillo. Ante Croacia, Pedri entró y asistió a Lamine; Nico apareció después y marcó. El seleccionador dispone de alternativas que modifican los partidos y las utiliza. España puede cambiar nombres, introducir pausa o añadir velocidad sin dejar de reconocerse.
El reto está en ajustar la protección cuando el equipo ataca y reducir las ocasiones que concede. Tiene margen para mejorar ahí. Pero De la Fuente ha construido una selección valiente, con recursos y con futbolistas que disfrutan jugando juntos. Y cuenta con Lamine, capaz de convertir una buena jugada en un gol y un buen partido en una exhibición.