Deportes

El Castilla sale vivo de las patadas del UCAM y deberá remontar en el Di Stéfano (2-1)

Bajo el sol abrasador de Murcia y un estadio abarrotado, saltaron los protagonistas al verde de La Condomina. Ambos conjuntos anhelaban encarrilar la ida de los playoffs pero era el UCAM Murcia quién presionaba con una sexta marcha hasta que en un contragolpe apareció como un rayo el todocampista Febas quién, gracias a una asistencia de Tejero desde la banda, anotó el primer tanto del encuentro. Si todavía no han descubierto la calidad de Aleix, aún están a tiempo, un jugador que cuando toca el balón, el cuero sonríe, pocos le tratan con tanta excelsitud en Valdebebas.

Casi seguían festejando los blancos la inauguración del marcador cuando Iván Aguilar acabó de un plumazo con la alegría madridista. El ariete ganó la partida a Llorente, buscó, encontró y disparó en raso en el hueco que dejaron las piernas del cancerbero Abad.

El empate dejó en tabula rasa a los castillistas. La presión asfixiante del UCAM dejaba en jaque el juego del Castilla, incapaz de hilvanar una jugada de ataque. Pasaban los minutos y los madridistas se encomiaban a Mariano, quién disparó dos veces sin suerte de cara a portería. Los murcianos seguían fieles a su plan: presionar, recuperar y llegar rápida a portería contraria. Y así, siguiendo el ABC del fútbol, hicieron descosidos a la medular blanca. Incluso Mayoral bajaba a zona defensiva para ayudar en tareas de recuperación y salida del esférico. Pero el conjunto universitario seguía a lo suyo y a la presión añadió una fuerte intensidad, no en vano vio amonestados a sus dos centrales, Fran Pérez y Marcelo, antes del minuto 35. Con continuas interrupciones en el juego y la falta de ideas de los de Ramis para salir de la quimera murciana el colegiado pitó el final del primer acto.

El doblete de Aguilar hizo daño al Castilla

Apenas se estaban situando en el terreno de juego tras la salida de vestuario, cuando Aguilar se desenvolvió como pez en el agua entre cuatro zagueros merengues, preparó un disparo y desde fuera del área su golpeo rompió toda la escuadra de Abad. De primero de psicología futbolística. El Castilla se quedaba grogui y el UCAM lo aprovechó para seguir presionando y hacer del campo madridista su hábitat natural.

Comenzó el baile en los banquillos: los murcianos querían amarrar el marcador y los madridistas buscaban la creatividad de Cedrés o las asistencias de Enzo. José Salmerón pidió a los suyos que retrasaran líneas y siguieran como un bloque cuya máxima fue la solidez defensiva.

El colegiado siguió sacando tarjetas amarillas a los locales mientras Ramis se desgañitaba en el área técnica pidiendo rojas. Entre la desesperación blanca y la intensidad murciana, murió el encuentro en La Condomina. El siguiente y definitivo acto: el próximo lunes en el estadio Alfredo Di Stéfano. Segunda División aguarda.