Atlético y Arsenal dejan la Champions para Londres
Madrileños y londinenses se neutralizaron desde el punto de penalti
Los de Simeone firman un partido enorme, pero dejan escapar vivos a los de Arteta
Hubo un tiempo en el que el fútbol se dominaba a través de la táctica pura y dura; el actual lo hace desde la verticalidad y el intercambio de golpeos. Del estilo contemporáneo abrieron las semifinales de Champions PSG y Bayern de Múnich; de la forma de antaño lo hicieron Atlético y Arsenal. Más bien, un híbrido, porque ninguno renunció a correr cuando vislumbraba el mínimo espacio, pero ambos abrazaron la pizarra para disminuir las fortalezas rivales. Atlético y Arsenal se neutralizaron (1-1) desde el punto de penalti y la resolución queda para Londres después de que los ingleses sobrevivieran al Metropolitano.
Las noches de Champions siempre son especiales en el Metropolitano. Van cargadas de convicciones y fe, pese a que la competición les ha dado a los rojiblancos más de cal que de arena. Varias más cruces que caras, tal vez sea esa esquiva victoria la que enciende tanto a los colchoneros, que convierten su estadio en una caldera cuando suenan los acordes del himno.
El DAFO del Atlético pasaba por un inicio inflamable, de esos que chamuscan. Que pregunten al Barcelona si hace calor cuando el Metropolitanos se enciende. O al propio Arsenal. Los de Arteta iniciaron ataviados con el traje ignífugo y refugiados alrededor de Raya, aunque bien posicionados y sin conceder el oxígeno necesario en un buen incendio.. El Atlético fue ganando pequeñas guerrillas. Una segunda jugada, un robo de balón en campo contrario…
Sin embargo, la primera llamarada llegó de la artillería inglesa. El balón se paseó por el área rojiblanca como un estepicursor, sin dueño ni dirección. Ni Madueke ni Martinelli llegaron a tiempo. Sí lo hizo Cardoso cuando Gyokeres armaba la pierna y Oblak era el último escudo. Una salvada que valió un gol. Turno para el Atlético, que respondió con un cañonazo de Julián Álvarez despejado por Raya. Arsenal y Atlético, abrazados a la pizarra, aunque hacían ojitos al fuego cruzado.
El correr del reloj le sentó mejor al escuadrón inglés, que fue creciendo a través de la tenencia del balón. Se nutren de eso, es su forma de vida. Pero el traje ignífugo esta vez lo vestía el Atlético, también con sus líneas juntas. Sufría Giuliano, magullado por molestias físicas. Doblaba esfuerzos Llorente, futbolista de profesión y correcaminos de vocación. La pausa llamaba a la puerta cuando Hancko y Gyokeres bailaron juntos en el área y Makkelie, que tenía el silbato en la boca y debió respirar por casualidad, señaló penalti.
Un penalti de esos modernos, de los que llenan conversaciones al día siguiente y mantienen la polémica en la Era VAR. Criterio, dicen los puristas del arbitraje. La realidad lo deja en un penaltito, de esos que si pitan a favor sonríes disimuladamente y vas rápido a tirarlo por si te lo anulan; pero si lo hacen en contra, montas en cólera, pero aceptemos pulpo como animal de compañía.
Gyokeres no entendió de sensaciones y fusiló a Oblak. Penalti polémico, sí, pero el Arsenal ya andaba en ventaja. Redobló el Atlético su caballería tras el descanso. Koke, a sus 34 primaveras, se multiplicó como si fuera un veintiañero; Cardoso firmó un partido colosal; Griezmann dirigió y Julián Álvarez peleó hasta con sus familiares. Chocó, cayó, se levantó, oxigenó el juego… un lanzamiento de falta, ya marca de la casa, besó el lateral de la red cuando el estadio cantaba gol.
Lookman se sumó al trampantojo con dos disparos al muñeco cuando también se barruntaba gol. Lo merecía el Atlético, pero de valías no se vive en el fútbol. Hasta que un disparo de Llorente tocó en el brazo de White y el medidor de merecimientos se rompió. Penalti. Lo transformó Julián Álvarez. Se reiniciaba el partido con el Atlético encendido y el Arsenal supurando la quemadura. Se encendió, todavía más, el Metropolitano, que tuvo pulso propio.
A quien escribe estas líneas se le movía el agua de la botella. Simeone, nexo pasional de afición y jugadores, lo trasladó a su séptimo de caballería. Griezmann se topó con el larguero y Lookman consigo mismo. El nigeriano fue todo voluntad y decisiones erróneas. Fusilaba cuando tenía que colocar, se resbalaba al armar la pierna y cuando tomaba las decisiones correctas se topaba con Raya. El Arsenal no sabía ni dónde estaba. Deambulaba.
El Atlético buscó el golpe definitivo que les dejara en la lona, pero no lo conectó y acabó pidiendo la hora… Y agradeciendo al VAR. Makkelie casi publica el segundo volumen de sus aventuras y desventuras al señalar un penalti por un supuesto pisotón de Hancko. Solo él lo vio y tuvo que rectificar. El físico mermó al Atlético, que se refugió atrás y resistió. La sentencia queda para Londres mientras el Metropolitano seguía con las suyas. «La Liga de Campeones es mi obsesión». Pobre del que quiera quitarles la ilusión.
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