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La reflexión de Thomas More, filósofo, sobre el trabajo: «Seis horas diarias bastarían y sobrarían para estar abastecidos abundantemente»

Hablar de trabajar menos horas no es algo exclusivo de nuestro tiempo. El debate sobre la jornada reducida está ahora sobre la mesa, pero hace más de cinco siglos Thomas More ya escribió sobre una sociedad en la que nadie necesitaba pasar ocho horas diarias trabajando. Para él, seis podían ser suficientes.

Así lo planteó en Utopía, publicada en 1516. More llevó a sus páginas una isla imaginaria en la que el trabajo se repartía entre sus habitantes y tenía un horario bastante concreto: tres horas por la mañana y otras tres por la tarde. «Seis horas diarias bastarían y sobrarían para estar abastecidos abundantemente», escribió el filósofo. La frase puede resultar sorprendentemente moderna, aunque detrás de esas seis horas había mucho más que un simple recorte de la jornada.

La reflexión de Thomas More, filósofo, sobre el trabajo

En Utopía no se trabaja poco porque sus habitantes produzcan menos. More llega a las seis horas después de preguntarse cuánta gente trabaja realmente para cubrir las necesidades de una sociedad. Su crítica apuntaba, entre otros, a quienes podían vivir sin trabajar y también a la cantidad de personas ocupadas en producir artículos relacionados con el lujo. Si todos participasen en los trabajos necesarios, pensaba, las tareas podrían repartirse mucho mejor.

Y ese es el punto de partida de su cálculo. En la isla trabajan hombres y mujeres y la actividad se concentra en aquello que hace falta para vivir. Al aumentar el número de personas que participan, disminuye el tiempo que debe aportar cada una. More sostenía que así se podía producir lo suficiente e incluso disponer de reservas. Por eso afirmaba que seis horas no sólo bastaban, sino que podían sobrar para garantizar el abastecimiento. Su propuesta, por tanto, no consiste en coger una jornada convencional y quitarle dos horas. Cambia prácticamente todo el sistema que existe alrededor del trabajo.

Quién fue Thomas More y por qué escribió «Utopía»

Thomas More nació en Londres en 1478. Fue abogado, escritor, filósofo, teólogo y político, y acabó ocupando uno de los puestos más relevantes de Inglaterra como lord canciller de Enrique VIII y su historia personal terminó ligada precisamente al monarca. More se negó a aceptar el Acta de Supremacía por la que Enrique VIII era reconocido como cabeza de la Iglesia de Inglaterra. El enfrentamiento acabó con una acusación de alta traición y con su ejecución en 1535.

Mucho antes, en 1516, había publicado Utopía. La obra utiliza el relato de una isla que no existe para presentar una organización social distinta y, de paso, poner bajo la lupa algunos problemas de la Europa de su época. Hasta el nombre hizo historia. La palabra utopía terminó utilizándose para hablar de proyectos o sociedades ideales que parecen difíciles de llevar a la práctica.

Así funcionaban las jornadas de seis horas en «Utopía»

More no se limita a decir que los ciudadanos trabajan seis horas. Explica incluso cómo se distribuyen. Tres horas se realizan por la mañana. Después llega el momento de comer y descansar. Por la tarde se completan las otras tres. Y una vez acabado el trabajo, todavía queda una buena parte del día disponible. Además, la organización es posible porque la vida económica de la isla también funciona con reglas diferentes. Los bienes son comunes y producir no tiene como objetivo que cada ciudadano acumule todo lo que pueda. Lo importante es que haya suficiente para todos.

La propia vida cotidiana responde a esa filosofía. Utopía tiene 54 ciudades, con Amaurota como uno de sus grandes centros. Las casas son similares, cuentan con pequeños huertos y no pertenecen para siempre a una familia. Cada cierto tiempo se redistribuyen entre los habitantes. Es un mundo imaginario, pero cada uno de estos detalles ayuda a entender de dónde salen aquellas seis horas.

Qué pasaba después de terminar de trabajar

Quizás lo más llamativo es que More también se preocupa por lo que ocurre cuando acaba la jornada. Sus habitantes pueden utilizar ese tiempo para estudiar, descansar o dedicarse a otras ocupaciones que les interesen. Tener horas libres no aparece como un problema que haya que corregir llenándolo con más trabajo. Y todo esto fue escrito en 1516.

Faltaban siglos para que las jornadas interminables de la industrialización provocaran grandes movimientos obreros y para que las ocho horas acabaran convirtiéndose en una referencia laboral. Evidentemente, Thomas More no estaba redactando una ley laboral para aplicar una jornada de seis horas. Estaba construyendo una sociedad ficticia con la que podía cuestionar la que tenía delante.

Pero una de las preguntas de su libro ha envejecido bastante menos que otras partes de aquella isla imaginaria: ¿hace falta dedicar tantas horas de nuestra vida al trabajo para tener cubierto lo necesario? La respuesta que More puso sobre el papel hace más de 500 años fue bastante concreta. Si todos participaban y el trabajo se organizaba de otra forma, seis horas diarias podían bastar y hasta sobrar.