La reflexión de Ralph Waldo Emerson, escritor y filósofo del siglo XIX, que te hará ser más feliz: «Por cada minuto que estás enfadado, pierdes 60 segundos de felicidad»
Nietzsche: "El hombre es naturalmente egoísta, y está bien que lo sea"
Kant: "La inteligencia de un hombre se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar"
Platón: "Las piedras más grandes no pueden quedar bien asentadas sin las más pequeñas"
Ralph Waldo Emerson fue uno de los intelectuales más influyentes del siglo XIX en el mundo anglosajón. Pastor, poeta, conferencista y ensayista, pasó décadas reflexionando sobre la naturaleza humana, la autenticidad y el modo en que las personas construyen (o destruyen) su propio bienestar.
La frase que le ha dado la vuelta al mundo en los últimos años no figura en ningún discurso o típico libro de autoayuda. Nació en el contexto de un pensamiento filosófico riguroso, y eso es precisamente lo que le da peso.
La lógica de Ralph Waldo Emerson: por qué la ira consume lo que la felicidad podría ocupar
La reflexión, relacionada con el pensamiento que Emerson desarrolló en sus Ensayos (1841), tiene una lógica interna que la hace difícil de rebatir. La frase que abordaremos es la siguiente:
«Por cada minuto que estás enfadado, pierdes 60 segundos de felicidad».
Emerson deja claro así que el tiempo no se puede dividir: el minuto que una persona dedica al enfado es exactamente el mismo minuto que no dedica a otra cosa. No hay saldo pendiente ni recuperación posible. Es una pérdida neta.
Y aquí, la aritmética es deliberada. Ralph Waldo Emerson no dice que el enfado sea malo en términos morales, ni que debamos suprimirlo. Dice algo más preciso. Y es que tiene un coste medido en tiempo. Y que el tiempo, a diferencia del dinero, no se recupera.
Para el filósofo de Concord, la clave radica en reconocer que es una elección sobre cómo usar el tiempo. Reaccionar con ira ante una situación injusta no cambia la situación; solo sustrae minutos que, de otro modo, podrían emplearse en algo que valga la pena.
La frase está muy lejos de ser una ocurrencia aislada. Emerson pasó décadas estudiando cómo las personas se relacionan con sus propias emociones, y su conclusión atraviesa todos sus ensayos: las circunstancias externas tienen un poder limitado sobre el individuo.
Lo que define la calidad de una vida no es lo que le ocurre, sino cómo responde a lo que le ocurre.
Quién era Ralph Waldo Emerson: el filósofo que construyó el trascendentalismo americano
Nacido en Boston en 1803, Emerson estudió en Harvard y se ordenó pastor unitario en 1829. Abandonó el sacerdocio tres años después, tras la muerte de su primera esposa, y se estableció en Concord, Massachusetts.
Un viaje a Europa lo puso en contacto con Coleridge, Wordsworth y Carlyle. Esos encuentros lo introdujeron al idealismo alemán y al pensamiento que acabaría llamándose trascendentalismo.
El trascendentalismo que Emerson lideró defendía que la verdad puede conocerse por intuición directa, sin necesidad de instituciones religiosas ni autoridades externas. El individuo, en contacto con la naturaleza y con su propia conciencia, tiene acceso a una comprensión del mundo que ninguna iglesia ni ninguna escuela puede otorgar.
Naturaleza (1836) y Confianza en uno mismo (1841) son los textos donde esa idea queda mejor formulada. El primero establece la base filosófica del movimiento; el segundo, su aplicación en la vida individual.
Emerson pronunció alrededor de 1.500 conferencias a lo largo de su vida. Su influencia llegó hasta Friedrich Nietzsche, William James y Walt Whitman. Con el tiempo se convirtió también en un abolicionista activo.
Por ejemplo, apoyó públicamente la causa antiesclavista desde 1844 y llegó a reunirse con Abraham Lincoln.
Otras reflexiones de Emerson que siguen siendo igual de actuales
La reflexión sobre el enfado y la felicidad no es la única cita de Emerson que ha cruzado el tiempo sin envejecer.
«La única persona en quien estás destinado a convertirte es la que decides ser» resume la médula de su filosofía. El individuo como arquitecto de su propia vida, no como víctima de las circunstancias.
Hay otras que funcionan igual de bien. «Siempre nos estamos preparando para vivir, pero nunca vivimos» es una advertencia sobre la parálisis ante la vida.
Entre tanto, su frase «La mente, una vez que se ha expandido al tamaño de una idea más grande, nunca recupera su tamaño original» describe algo que cualquier lector curioso habrá sentido en algún momento.
Emerson murió en Concord en 1882, a los 78 años. Escribió en el siglo XIX sobre problemas que cualquier persona del siglo XXI reconoce sin dificultad. Esa es la marca de los pensadores que importan y trascienden la historia: explican algo que ese momento no agota.
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