La razón por la que ya no hay árboles en los lados de las carreteras españolas
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Hasta hace relativamente poco, era habitual ver una gran cantidad de árboles en los lados de las carreteras españolas, la mayoría con los troncos pintados de color blanco. Sin embargo, hoy el panorama es completamente distinto: apenas hay árboles, y el motivo está relacionado con la seguridad vial. Según Tráfico, los árboles impedían la correcta visión en las curvas, y los adelantamientos se convertían en un verdadero peligro. A esto hay que sumar que las raíces de los árboles levantaban el asfalto y creaban desniveles que aumentaban el riesgo de accidentes.
Por estos motivos, se decidió implementar una nueva normativa que obliga a plantar árboles a más de tres metros de distancia de la carretera. Asimismo, esta práctica está condicionada por criterios de seguridad vial, como:mantener la visibilidad en curvas e intersecciones, evitar obstáculos rígidos en caso de salida de vía, y prevenir daños al firme por las raíces.
¿Por qué ya no hay árboles en los lados de las carreteras españolas?
Cualquiera que haya circulado por las carreteras españolas en las décadas de los 70 y 80 probablemente recuerde una imagen muy característica: carreteras nacionales flanqueadas por hileras de árboles a ambos lados, muchos de ellos con la parte inferior del tronco pintada de blanco. Se trata de una costumbre con raíces históricas que, según algunas versiones, fue introducida por los franceses durante su presencia en la península. Estos árboles cumplían una función muy clara en aquella época: ofrecer sombra en los largos caminos y servir de refugio para los animales de tiro que arrastraban carros, el principal medio de transporte entonces.
Con el paso del tiempo y la llegada del automóvil, esa vegetación empezó a verse de otra forma. A velocidades de 80 o 90 km/h, un impacto contra un árbol podía ser prácticamente mortal. Además, las sombras que proyectaban podían generar efectos visuales engañosos, dificultando la percepción de la carretera, especialmente en curvas o durante adelantamientos. En sus inicios, pintar los troncos de blanco ayudaba a mejorar su visibilidad e incluso se usaba como protección frente a algunas plagas, pero estas medidas no evitaron su progresiva desaparición en muchas vías.
También se sumaban otros problemas: las raíces podían dañar el firme y levantar el asfalto, y la combinación de sombra y humedad favorecía la aparición de placas de hielo en las carreteras españolas. Con el tiempo, las normas de seguridad vial fueron limitando su presencia. En la actualidad, la plantación de árboles en carreteras está condicionada por criterios de seguridad y distancias mínimas respecto a la calzada, lo que ha reducido notablemente su uso en los márgenes de muchas vías.
El artículo 83 del Real Decreto 1812/1994, Reglamento General de Carreteras, establece que «para ejecutar en la zona de afección cualquier tipo de obras o instalaciones fijas o provisionales, cambiar el uso o destino de las mismas y plantar o talar árboles, se requerirá la previa autorización del Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente».
Vías
Esta semana, el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha presentado el nuevo «Plan Extraordinario para la mejora de los firmes de la Red de Carreteras del Estado», una iniciativa que contempla la reparación de más de 5.000 kilómetros de vías con una inversión de 1.629 millones de euros. La primera fase del plan está prevista para desarrollarse entre 2027 y 2031, aunque los procesos de licitación comenzarán en 2026. El objetivo es intensificar el mantenimiento preventivo, con el fin de reducir el desgaste progresivo de la red de carreteras en España.
La Red de Carreteras del Estado suma más de 26.500 kilómetros, el 16% del total de las carreteras del país. Sin embargo, su longitud no va acorde a su tránsito: por ella circula más del 50% del tráfico total del país; el 66% en el caso de los vehículos pesados. Se trata, por tanto «de una infraestructura que soporta la mayor parte de la movilidad real del país no sólo de personas, sino de mercancías, logística y de la actividad económica en su conjunto» ha querido recordar Puente.
A pesar de ello, la inversión en conservación de la Red de Carreteras del Estado «no ha estado en los niveles necesarios para mantener esta red en condiciones óptimas» ha explicado el ministro al colectivo de profesionales de la obra pública. «Durante años, no se ha llegado al estándar técnico de referencia que fija el nivel de inversión adecuado por kilómetro para garantizar un buen estado del firme. El resultado es un déficit acumulado de aproximadamente 5.600 millones de euros».
La mejora de los firmes de las carreteras supone también una eficiencia en la rodadura de los vehículos, lo que redunda en las emisiones contaminantes. Así, las mejoras en la regularidad del firme, que suelen suponer ahorros de entre el 5% y el 6% en el consumo de combustible supondrán, en estos 5.000 kilómetros que van a ser objeto de las reparaciones, una menor huella de carbono asociada al transporte por carretera.