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¿Por qué deberíamos ducharnos con menos frecuencia después de los 65 años, según los dermatólogos?

Cuidar la piel es importante durante toda la vida, pero adquiere todavía más importancia a medida que envejecemos. A partir de los 65 años, la piel puede volverse más fina, seca y sensible, por lo que necesita una rutina de higiene que respete sus características. Por ello, ducharse con menos frecuencia puede ser beneficioso, especialmente si las duchas son largas o se realizan con agua muy caliente.

Reducir el exceso de higiene ayuda a preservar los aceites naturales de la piel y a evitar una sequedad que puede provocar tirantez, picazón e irritación. Por eso, adaptar los hábitos de higiene a las necesidades de una piel madura es una parte fundamental del cuidado diario. Según CNN Greece, una recomendación práctica común es ducharse dos o tres veces por semana, y lavarse las zonas afectadas los días intermedios. Espaciar las duchas cuando las condiciones personales lo permiten, utilizar agua tibia, reducir el tiempo bajo el agua y elegir productos suaves son medidas que pueden ayudar a conservar la barrera cutánea.

Por qué ducharse con menos frecuencia a los 65

Así, ducharse menos a los 65 años no significa descuidar la higiene, sino adoptar una rutina más respetuosa con las necesidades de una piel que ha cambiado con la edad.

La piel produce menos grasa natural

Con el envejecimiento disminuye la producción de sebo, una sustancia que ayuda a mantener la piel protegida y flexible. «Esto aumenta la probabilidad de que la piel se reseque o se descame, lo que suele ir acompañado de picazón intensa e incluso puede interrumpir el sueño», aseguran en CNN Grecia. Las duchas frecuentes, especialmente si se utiliza jabón en todo el cuerpo, pueden eliminar parte de esos aceites naturales y aumentar la sensación de tirantez.

El agua caliente puede aumentar la sequedad

Una ducha larga y caliente puede resultar agradable, pero no es la mejor opción para una piel madura. El calor y el contacto prolongado con el agua pueden favorecer la pérdida de humedad y empeorar la sequedad.

Puede ayudar a proteger la barrera cutánea

La piel funciona como una barrera que protege al organismo y ayuda a conservar el agua. Con la edad se vuelve más delgada y vulnerable. El exceso de jabón, perfumes, productos agresivos y duchas prolongadas puede irritarla.

Puede reducir la picazón y las molestias

La piel seca puede producir descamación, aspereza y picazón. En personas mayores, rascarse repetidamente puede ser especialmente problemático porque la piel es más frágil y puede lesionarse con mayor facilidad.

Evita el lavado excesivo

No siempre es necesario utilizar jabón de pies a cabeza cada vez que se entra en la ducha. Para una persona que no ha sudado ni realizado actividad física intensa, puede ser suficiente concentrar la limpieza en zonas que acumulan más sudor, como axilas, ingles y pies, utilizando un limpiador suave.

La Academia Americana de Dermatología recomienda precisamente limitar el uso del limpiador a las zonas que realmente lo necesitan cuando existe piel seca.

Hábitos para cuidar la piel después de los 65

Consejos para ducharse a los 65 años

Utilizar agua tibia, no caliente. Es una de las recomendaciones principales para evitar que la piel se reseque.

Limitar la duración de la ducha. Los dermatólogos recomiendan que las duchas para piel seca sean de aproximadamente 5 a 10 minutos.

Elegir un limpiador suave y sin fragancias. Evitar jabones demasiado agresivos o con efecto desodorante si resecan la piel.

No frotar con fuerza. El exceso de fricción puede irritar una piel que ya es más fina y delicada.

Secar con pequeños toques. En lugar de frotar con la toalla, conviene secar suavemente y dejar la piel ligeramente húmeda.

Aplicar crema inmediatamente después. Una crema o ungüento sin perfume ayuda a retener la humedad de la piel.

Adaptar la frecuencia de las duchas. Si se suda mucho, se practica ejercicio, hace calor o existe una necesidad específica de higiene, puede ser necesario ducharse con mayor frecuencia.

Prestar atención a la seguridad del baño. Las barras de apoyo, las superficies antideslizantes y una silla de ducha pueden ser útiles cuando existen dificultades de movilidad o riesgo de caídas.