La psicología aclara que las personas que hablan alto y a veces gritan no son agresivas, en realidad sienten las emociones con más fuerza que el resto
En muchas ocasiones hablar alto no significa estar enfadado
Mezclar bicarbonato con detergente y harina de maíz: para qué sirve y qué ventajas tiene a la hora de limpiar unas zapatillas
La importante reflexión de Antonio Machado: "La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos"
Tere vive aislada en un pueblo asturiano cuyos últimos vecinos se marcharon en 1991: "Yo tengo tienda, pero es para mí sola"
Hay personas que hablan alto, gesticulan mucho y elevan la voz cuando cuentan algo que les emociona. Para quienes las escuchan, ese comportamiento puede confundirse rápidamente con enfado, agresividad o una personalidad conflictiva. Sin embargo, la psicología y la investigación sobre la comunicación y el bienestar emocional muestran que el volumen de la voz no basta para determinar la intención de una persona. La intensidad vocal forma parte de las señales que utilizamos para transmitir y reconocer emociones, pero debe interpretarse junto al tono, el ritmo, las palabras y la situación. Por eso, alguien que habla fuerte puede estar simplemente expresando una emoción con mucha intensidad.
La voz también transmite emociones
Cuando hablamos, no sólo comunicamos información mediante las palabras. Nuestra voz incorpora numerosos elementos que permiten al interlocutor interpretar cómo nos sentimos, como la intensidad, tono, ritmo, pausas y calidad vocal. Las investigaciones sobre emociones han demostrado que estas características cambian cuando aumenta nuestro nivel de activación.
En situaciones de elevada activación emocional, como entusiasmo, miedo o enfado, la voz puede volverse más intensa, rápida y aguda. Por el contrario, estados como la tristeza o el aburrimiento suelen asociarse con una menor intensidad y un ritmo más lento. La voz funciona así como una especie de ventana que proporciona información sobre el estado emocional de la persona que habla.
Hablar alto no es ser agresivo
Aquí está una de las diferencias fundamentales. La agresividad y la emoción no son lo mismo. La Asociación Americana de Psicología define la ira como una emoción que puede variar desde una irritación leve hasta una furia intensa, mientras que la agresión implica una conducta dirigida a dañar a otra persona o cosa.
Por tanto, alguien puede estar enfadado sin comportarse agresivamente y también puede levantar la voz sin pretender intimidar o hacer daño. El volumen constituye una señal emocional, pero por sí solo no permite saber qué pretende conseguir una persona. Para identificar una conducta agresiva, hay que observar el conjunto de comportamientos y el contexto en el que se produce.
Cuando las emociones se viven intensamente
Las personas también pueden elevar espontáneamente la voz cuando experimentan alegría, entusiasmo, sorpresa o nerviosismo. Una conversación sobre algo que apasiona, una celebración o una discusión especialmente importante pueden provocar cambios en la intensidad vocal sin que exista necesariamente hostilidad.
La investigación sobre la expresión vocal de las emociones positivas ha encontrado que estados de elevada activación, como la alegría o la diversión, también pueden presentar voces más fuertes y variaciones mayores de tono. Esto demuestra que una voz intensa no pertenece exclusivamente a las emociones negativas. La misma característica vocal puede aparecer en emociones completamente diferentes.
Gritar sí puede tener otros significados
Que levantar la voz no equivalga automáticamente a agresividad tampoco significa que los gritos sean siempre inofensivos. En determinadas circunstancias, gritar puede formar parte de una conducta intimidatoria, especialmente cuando aparece acompañado de insultos, amenazas, humillaciones o intención de dominar al interlocutor.
La diferencia está precisamente en el conjunto de la conducta. Una persona que habla alto mientras cuenta una historia no está haciendo lo mismo que alguien que grita para intimidar a otra persona. Confundir ambos comportamientos puede llevar tanto a etiquetar injustamente a alguien como agresivo como a ignorar señales reales de violencia.
Temas:
- emociones
- Psicología
Lo último en Curiosidades
-
Mezclar bicarbonato con detergente y harina de maíz: para qué sirve y qué ventajas tiene a la hora de limpiar unas zapatillas
-
La importante reflexión de Antonio Machado: «La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos»
-
Los expertos en climatización lo avalan: para que la calefacción caliente más gastando menos, hay que colocar «láminas reflectantes detrás de los radiadores»
-
La reflexión de Sigmund Freud sobre las parejas: «Si dos individuos están siempre de acuerdo con todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos»
-
En 1934 construyeron 60 casas de pescadores en primera línea de una playa de Alicante como barrera contra las dunas: 92 años después, el Constitucional deja su futuro en el aire
Últimas noticias
-
Mezclar bicarbonato con detergente y harina de maíz: para qué sirve y qué ventajas tiene a la hora de limpiar unas zapatillas
-
El Atlético sufre una baja capital para pelear por el liderato con el Barcelona
-
Alberola Rojas pitará el Atlético de Madrid-Barcelona
-
Flick antes de visitar al Atlético: «Julián Álvarez es fantástico… pero juega con ellos»
-
Matías Prats, sobre su patrimonio: «Mi padre vivía para trabajar y yo, para vivir, he invertido en una empresa fotovoltaica»