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La psicología explica que si una persona oye siempre las mismas canciones no es por gusto musical: su cerebro regula las emociones de una forma diferente

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Escuchar la misma canción cientos de veces no es una rareza ni una señal de gusto musical limitado. La psicología y la neurociencia llevan años estudiando este comportamiento y la conclusión es consistente: cuando una persona reproduce en bucle sus canciones favoritas, su cerebro está llevando a cabo un proceso activo de regulación emocional, no una elección pasiva de entretenimiento.

El fenómeno tiene nombre propio en la literatura científica: extreme re-listening, o escucha extrema repetitiva. Y los datos que lo respaldan son más contundentes de lo que parece.

Qué dice la ciencia sobre por qué repetimos siempre las mismas canciones

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Michigan analizó los hábitos de escucha de 204 participantes en relación con su canción favorita. Los resultados mostraron que la media de reproducciones de esa canción superaba las 300 veces por persona. El 86% de los participantes la escuchaba a diario o varias veces por semana, y el 43% de quienes la escuchaban cada día la reproducían al menos tres veces seguidas.

Frederick Conrad, catedrático de psicología de la Universidad de Michigan y autor principal del estudio, señaló que los oyentes que desarrollaban una conexión más profunda con la canción tendían a escucharla aún más veces.

Esa conexión era especialmente intensa cuando la canción generaba emociones mixtas, como la nostalgia o lo que los investigadores describieron como sensaciones «agridulces». Las canciones que provocaban ese tipo de emociones se reproducían significativamente más veces que las que generaban solo alegría o calma.

El estudio también reveló que cuantas más veces se escuchaba una canción, más capaz era el oyente de reproducirla mentalmente con detalle, incluyendo los sonidos instrumentales y vocales. El cerebro no se cansa de esa canción: la interioriza hasta poder recrearla sin necesidad de reproducirla.

Por qué el cerebro busca las mismas canciones para regular las emociones

La neurociencia aporta una explicación biológica a este comportamiento. Investigadores del Instituto Neurológico de Montreal de la Universidad McGill demostraron que cuando el cerebro anticipa su parte favorita de una canción conocida, activa el núcleo caudado.

En el momento en que llega ese clímax musical, el núcleo accumbens libera una descarga de dopamina, el neurotransmisor asociado al placer. Al reproducir la canción en bucle, el oyente busca repetir esa respuesta neuroquímica de forma predecible.

La Dra. Elizabeth Margulis, directora del Laboratorio de Cognición Musical de la Universidad de Arkansas y autora del libro On Repeat: How Music Plays the Mind, identificó otro mecanismo: la fluidez cognitiva. Al conocer una canción a la perfección, el cerebro la procesa con mucho menos esfuerzo que una desconocida. Esa facilidad de procesamiento genera una sensación de control y seguridad que resulta especialmente útil en momentos de estrés o ansiedad.

A esto se suma el efecto de mera exposición, descrito por el psicólogo Robert Zajonc, cuanto más expuesto está el cerebro a un estímulo, menos amenazante le resulta. La familiaridad de una canción reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y eleva la sensación de confort emocional. La canción conocida actúa como un ancla sonora que proporciona estabilidad en un entorno impredecible.

El neurocientífico y músico Daniel Levitin, autor de This Is Your Brain on Music, ya señalaba que la música puede alterar el estado de ánimo de forma casi instantánea. La repetición intensifica ese efecto, el cerebro no necesita procesar nada nuevo, solo activar el circuito de recompensa que ya tiene asociado a esa melodía.

Para algunas personas, especialmente quienes conviven con ansiedad, TDAH u otras formas de neurodivergencia, ese ancla auditiva predecible puede ser una herramienta de concentración y calma tan eficaz como cualquier otra estrategia de gestión emocional.