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Ni la ‘Q’ ni la ‘W’: la única letra con la que jamás acaba una palabra en español según el diccionario

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

El alfabeto español está compuesto por 27 letras, resultado de siglos de evolución lingüística a partir del latín. A lo largo de la historia, el abecedario ha incorporado, perdido y adaptado diferentes letras para reflejar de la manera más precisa posible los sonidos de la lengua. Así, por ejemplo, hace no mucho tiempo existían como letra «ch» y la «ll», consideradas oficialmente como letras, que hoy se clasifican como dígrafos compuestos por dos grafemas.

Asimismo, hay una letra que nunca aparece al final de una palabra en español, incluso cuando se incluyen los extranjerismos: la «ñ». La razón de esta exclusividad está en su propia naturaleza: la «ñ» no puede aparecer sola, sino que siempre necesita ir acompañada de una vocal posterior para que la palabra mantenga su correcta pronunciación. Esta característica la convierte en un caso único dentro del abecedario.

La peculiaridad de la letra ‘ñ’

«La «ñ» es la decimoquinta letra del abecedario, cuyo nombre es femenino: la eñe (plural: eñes), y representa el fonema consonántico nasal palatal /ñ/. Esta letra surgió por la necesidad de representar un nuevo fonema inexistente en latín.

En las distintas lenguas romances se desarrollaron grafías distintas para reflejarlo: «gn» en italiano y francés, «ny» en catalán o «nh» en portugués. El castellano medieval optó por el dígrafo «nn», que solía abreviarse mediante una sola «n» con una rayita ondulada encima, dando origen a la «ñ», la cual fue adoptada también por el gallego y el vasco. Esa pequeña rayita se llama tilde, el mismo nombre que recibe el acento gráfico en español», detalla la RAE.

La «ñ» deriva del grupo «nn» del latín, evolucionando en el castellano medieval hasta convertirse en un sonido nasal palatal representado por un único grafema. El abecedario español ha tenido que adaptarse continuamente a la incorporación de extranjerismos y tecnicismos. Así, letras como la «k», la «w» y la «v» han llegado principalmente a través de nombres propios, marcas, términos científicos y tecnológicos, así como préstamos de idiomas modernos.

En cuanto a los préstamos lingüísticos, la RAE ha establecido que letras como la «w» y la «k» se conservan en palabras extranjeras, mientras que otras se adaptan fonéticamente. Esto explica por qué podemos escribir whisky con «w» o kilo con «k», mientras que palabras como qué y química respetan la necesidad de la u en el dígrafo «qu». En todos los casos, la «ñ» mantiene su posición estrictamente interna y nunca final.

«Una de las principales vías para la ampliación del léxico de una lengua es la adopción de voces de otros idiomas con los que los hablantes de aquella establecen contacto. Este recurso para la adquisición de nuevos términos ha sido constante a lo largo de la historia del español. La procedencia de esas palabras, su perdurabilidad, el ámbito al que pertenecen y su grado de integración en nuestra lengua se han visto condicionados por los factores políticos, económicos y socioculturales de nuestro entorno en cada momento histórico».

Palabras con ‘w’

En español, la letra «w» se utiliza principalmente en préstamos de otras lenguas. Por ejemplo, palabras como waterpolo, sándwich, Witiza o Wagner conservan la «w» original. En general, esta letra se pronuncia como [gu] o [u], como ocurre en hawaiano, sándwich, waterpolo, web o wéstern.

Sin embargo, en algunos casos se pronuncia como [b], sobre todo en nombres de origen visigodo (Witiza, Wamba), en préstamos, topónimos y antropónimos de procedencia alemana, polaca o holandesa (Wagner, wolframio, Kowalski, Van der Weyden), así como en otros nombres propios extranjeros y sus derivados (Kuwait, hollywoodiense).

Cuando un extranjerismo contiene una «w» que representa el sonido [u], puede adaptarse con «u», como sucede en suajili, suéter, Zimbabue, Malaui o Lilongüe. No obstante, algunas palabras admiten también la grafía con «w», como Laurencio/Lawrencio o taekuondo/taekwondo.

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