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María Montessori, pedagoga que transformó la educación: «El instinto más grande de los niños es precisamente liberarse del adulto»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

María Montessori nació el 31 de agosto de 1870 en Chiaravalle, Italia. En 1896 se graduó en Medicina por la Universidad de Roma y se convirtió en una de las primeras mujeres médicas del país. Su contacto con niños con discapacidad intelectual despertó su interés por la educación y la llevó a desarrollar métodos basados en la autonomía.

En 1907 abrió en Roma la primera Casa dei Bambini, donde comenzó a aplicar los principios que acabarían dando forma al método Montessori. Su propuesta defendía que los niños debían aprender a través de la experiencia, el movimiento y la libertad dentro de un entorno preparado. Su método llegó a numerosos países y, más de un siglo después, continúa presente en la educación infantil. También fue nominada al Premio Nobel de la Paz en tres ocasiones. Murió el 6 de mayo de 1952 en los Países Bajos.

«El instinto más grande de los niños es precisamente liberarse del adulto»

La frase «El instinto más grande de los niños es precisamente liberarse del adulto», recogida en «El niño, el secreto de la infancia», una de sus obras más conocidas, resume una de las principales ideas de su pensamiento educativo. La autora italiana la recoge en «. En este libro, Montessori plantea una forma de entender la educación muy alejada de la imposición del adulto sobre el niño. Para ella, el pequeño necesita libertad para actuar, experimentar y descubrir el mundo por sí mismo, mientras que la función del adulto debe ser acompañar ese proceso sin interferir constantemente.

Para María Montessori, la autonomía constituye uno de los pilares fundamentales del desarrollo infantil. A medida que el niño adquiere nuevas habilidades, necesita oportunidades para ponerlas en práctica por sí mismo. Cuando el adulto interviene continuamente, incluso con la intención de ayudar, puede terminar dificultando ese proceso.

Por eso habla de la necesidad del niño de «liberarse del adulto». La expresión no hace referencia a una actitud de rebeldía ni al deseo de alejarse emocionalmente de sus padres, sino a una necesidad natural de conquistar progresivamente su propia autonomía. Desde esta perspectiva, las órdenes constantes y la sobreprotección pueden limitar su desarrollo. El adulto debe ofrecer seguridad, preparar un entorno adecuado y permitir que el niño experimente dentro de unos límites seguros.

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