José Antonio Marina, filósofo español (87 años): «Incluso el más arriesgado explorador lleva algún mapa en su equipaje»
El filósofo recuerda con una imagen sencilla que la creatividad y el riesgo no están reñidos con el conocimiento
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José Antonio Marina nació en Toledo en 1939 y es uno de los filósofos españoles más leídos y más activos de las últimas décadas. Autor de obras como Ética para náufragos, Teoría de la inteligencia creadora o El laberinto sentimental, ha dedicado buena parte de su trayectoria a estudiar cómo piensan, sienten y deciden las personas, y a llevar esa reflexión al terreno de la educación. A los 87 años sigue defendiendo una idea que cabe en una sola imagen: «Incluso el más arriesgado explorador lleva algún mapa en su equipaje».
El mito del explorador sin mapa
Cuando se habla de explorar, de innovar o de arriesgarse, suele imaginarse a alguien que se lanza a lo desconocido guiado solo por su instinto, sin más equipaje que su valentía. Es una imagen atractiva, pero Marina la corrige con una observación sencilla: quien se aventura de verdad no sale con las manos vacías.
El mapa es todo aquello que otros han aprendido antes que uno: conocimientos, técnicas, experiencias acumuladas, errores ajenos que ya no hace falta repetir. Llevarlo no resta mérito al explorador. Le permite llegar más lejos, porque no malgasta sus fuerzas descubriendo lo que ya estaba descubierto.
Arriesgarse no es improvisar
La frase distingue con precisión entre asumir riesgos y actuar a ciegas. El explorador del que habla José Antonio Marina es arriesgado, pero no temerario. Sabe que el territorio al que se dirige tiene partes desconocidas y se prepara para afrontarlas con los recursos que tiene a mano.
Esa idea conecta con una convicción que Marina ha defendido durante años en sus escritos sobre educación: la creatividad no surge de la nada. Se alimenta de lo que uno sabe. Quien quiere innovar en cualquier disciplina necesita dominar antes lo que esa disciplina ya ha construido, porque solo desde ese conocimiento es posible ir más allá con criterio.
El mapa no es el territorio
Hay también una lectura más sutil. Un mapa orienta, pero no sustituye al viaje. Quien lo lleva en el equipaje sabe que el terreno real siempre acabará mostrando algo que el papel no recogía, y que habrá momentos en los que toque corregir el dibujo con lo que se ve sobre el terreno.
El explorador sensato no se aferra al mapa cuando la realidad lo contradice, pero tampoco lo tira por la borda por miedo a depender de él. Lo usa como punto de partida y lo va ajustando. Esa combinación de respeto por lo aprendido y apertura a lo nuevo es lo que separa al explorador del turista y también del aventurero imprudente.
Una lección para la educación
Aplicada al aprendizaje, la reflexión de Marina tiene consecuencias claras. Formar personas capaces de afrontar un futuro incierto no consiste en dejarlas improvisar sin referencias, ni en llenarles la cabeza de datos que no sabrán usar. Consiste en darles buenos mapas, es decir, conocimientos sólidos y herramientas para pensar, y en enseñarles a salirse de ellos cuando haga falta.
Quien lleva un mapa sabe dónde está y hacia dónde puede ir. Y eso, lejos de limitar la aventura, es lo que permite emprenderla con alguna posibilidad de volver para contarla.