Los extraños productos que estaban en todos los hogares en los años 80 y desaparecieron
El contestador, las alfombras o las paredes de gotelé son muy de los 80
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La década de los 80 es quizás una de las más cinematográficas. La hemos visto reflejada, por ejemplo, en series actuales como Stranger Things, donde buena parte de la estética nos lleva directamente a aquellos años. Y las casas no son una excepción. Basta con fijarse en los teléfonos, los muebles o incluso en los colores para saber prácticamente al momento en qué época está ambientada la historia.
Pero había también objetos bastante más curiosos. Productos que durante los 80 llegaron a ponerse de moda y que ahora sería raro encontrar en una casa. Algunos desaparecieron porque fueron sustituidos por otros mucho más prácticos y otros, simplemente, dejaron de gustarnos o pasaron de moda. Vamos a descubrir cuáles son, y tal vez recuerdes haberlos tenido en algún momento ya que muchos de ellos estaban en todas las casas de hace cuarenta años.
Los extraños productos que estaban en todos los hogares en los años 80
Uno de los mejores ejemplos son las camas de agua. Ahora pueden parecernos una extravagancia, pero durante los años 80 tuvieron muchísimo éxito. Especialmente en Estados Unidos, donde en 1987 llegaron a suponer alrededor del 22% de las ventas de colchones. Y eran exactamente lo que indica su nombre con un colchón que contenía agua y contaba además con un sistema que permitía calentarla. Dormir sobre una superficie que se adaptaba al movimiento del cuerpo fue uno de sus grandes reclamos y durante aquellos años tener una cama de este tipo llegó a considerarse algo moderno.
Lo que no resultaba tan atractivo era su peso. Una vez llena podía alcanzar unos 725 kilos, por lo que tampoco era precisamente un mueble fácil de mover. Y luego estaban las posibles fugas. Si el colchón sufría algún daño, el agua podía terminar precisamente donde nadie quería tener cientos de litros: en el suelo del dormitorio.
Las fundas de plástico para proteger el sofá
Otro elemento que se podía encontrar en muchas casas, especialmente las americanas, eran las fundas de plástico transparente para los sofás. El objetivo estaba claro: proteger el tapizado de manchas, líquidos y del desgaste diario para conseguir que el mueble permaneciera como nuevo durante más tiempo. La idea podía ser práctica, pero no demasiado cómoda. El plástico hacía ruido al sentarse y en verano podía terminar pegándose a la piel. Aun así, se utilizó durante años, especialmente para proteger sofás cuyo precio suponía una inversión importante para la familia.
El contestador automático junto al teléfono
Antes de los teléfonos móviles había un problema bastante cotidiano y es que si llamaban a casa y no había nadie, simplemente no podíamos saber quién había sido. Los contestadores automáticos cambiaron esta situación y terminaron convirtiéndose en un aparato habitual junto al teléfono fijo. A finales de los años 80 estaban presentes en alrededor de tres de cada cinco hogares estadounidenses. Cuando nadie respondía, el aparato reproducía un mensaje previamente grabado y permitía hablar después de escuchar el famoso pitido.
Muchas familias incluso personalizaban su grabación con bromas, canciones o mensajes originales. La llegada de los teléfonos móviles, el buzón de voz y posteriormente las aplicaciones de mensajería acabaron haciendo prácticamente innecesarios estos aparatos.
Alfombras y fundas hasta en el cuarto de baño
La decoración de los baños durante aquellos años también dejó algunas tendencias difíciles de imaginar actualmente. Una de ellas eran los juegos de alfombras que podían incluir incluso una funda de tela para cubrir la tapa del inodoro. Se buscaba conseguir un baño más cálido y que todos los elementos estuvieran coordinados. Sin embargo, los tejidos gruesos no parecen ahora la mejor elección para una estancia en la que existe humedad de manera prácticamente constante.
Encender y apagar la luz dando palmadas
La domótica nos permite ahora controlar las luces de casa desde el móvil o simplemente utilizando la voz. En los años 80, poder hacerlo dando palmadas ya parecía bastante futurista. En 1985 apareció The Clapper, un pequeño dispositivo que permitía encender y apagar determinados aparatos mediante el sonido. Su funcionamiento se hizo especialmente conocido por sus anuncios: bastaba con dar unas palmadas para controlar una lámpara sin levantarse.
El sistema podía confundir otros ruidos con las palmadas y activar los aparatos accidentalmente, pero la idea tuvo suficiente éxito como para convertirse en uno de los productos más recordados de aquellos años.
El gotelé y los acabados dorados también marcaron una época
No todo fueron inventos tecnológicos. La decoración de los hogares también tenía características muy concretas. En Estados Unidos se hicieron populares los llamados popcorn ceilings, techos con una textura irregular que resultaban baratos, rápidos de aplicar y permitían disimular imperfecciones. Y en España tenemos algo mucho más conocido: el gotelé. Durante décadas cubrió paredes y techos de miles de viviendas y todavía permanece en muchas de ellas, aunque actualmente eliminarlo suele ser uno de los primeros cambios que se realizan durante una reforma.
También estaban los acabados dorados. Grifos, pomos, lámparas y tiradores de latón aparecían por toda la casa. El brillo encajaba con la estética llamativa de los 80, aunque mantener estas piezas impecables requería bastante limpieza pero curiosamente, el dorado ha conseguido regresar a la decoración y vuelve a aparecer en numerosos interiores actuales. Otras costumbres de aquella década, como cubrir el sofá con plástico o dormir sobre un colchón de agua, parece más complicado que vuelvan a ponerse de moda.
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