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Historia

Estos son los apellidos que confirman que tus antepasados son de origen judío 100%

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Los apellidos son un testimonio vivo de la historia tanto cultural como familiar. En España, antes de la expulsión de 1492 decretada por los Reyes Católicos, la herencia judía dejó una profunda huella en la sociedad. Aunque muchos judíos se convirtieron al cristianismo para poder permanecer en el país, conservaron ciertos apellidos que, aún hoy, permiten rastrear su linaje sefardí.

Antiguamente, las personas sólo tenían un nombre. Sin embargo, durante la Edad Media, a medida que las ciudades empezaron a crecer, se hizo necesaria la adopción de un segundo nombre para diferenciar a los individuos. Aunque en un principio el hijo no siempre tenía el apellido de su padre, con el paso del tiempo, los apellidos pasaron a heredarse de generación a generación, representando así la identidad familiar.

Apellidos judíos

«Algunas estimaciones dicen que, al menos un 25% de los españoles, tienen orígenes judíos y que descienden de los sefarditas que se quedaron tras la masiva expulsión de 1492. La mayoría de los judíos del mundo no usan apellidos hebreos. Y hay un grupo en concreto de judíos, de los más importantes y prolíficos, aproximadamente 3,5 millones de personas en todo el mundo, que proceden de nuestro país.Son los hijos de la diáspora judía que llegó a la Península Ibérica durante la época romana. Este grupo de judíos permaneció en Sefarad, que es la palabra en hebreo para denominar a España; hasta que, el 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos promulgasen el Edicto de Granada, por el cual se ordenaba la expulsión de todos los judíos de las Coronas de Castilla y de Aragón en un plazo máximo de cuatro meses», señala eSefarad.

En la letra «A» encontramos apellidos como Abraham, Acevedo, Acosta, Aguado, Aguiar, Aguilar, Alarcón, Alba, Aldana, Alcalá, Alegre, Alfonso, Alfaro, Almeida, Alonso, Álvarez, Amigo, Amado, Amaya y Aranda.

En la letra «B» destacan apellidos como Baltasar, Báez, Barral, Barrios, Beato, Benavente, Benítez, Bernal, Bravo, Bueno y Bermejo. Cabe señalar que los apellidos con el prefijo «Ben-«, como Benavente o Benítez, tienen un origen hebreo que significa «hijo de».

Siguiendo con la letra «C», encontramos apellidos como Cabrera, Calvo, Camacho, Campo, Cantos, Carrasco, Carrillo, Carvajal y Castellanos, que se relacionan en su mayoría con topónimos o actividades económicas. Esta tendencia se repite en la letra «D», con apellidos como Delgado, Diego, Díez, Díaz, Duque, Domínguez, Durán, Dorado y Duarte, donde algunos reflejan influencia portuguesa.

Por otro lado, la letra «E» agrupa apellidos como Enrique, Enríquez, Espejo, Esperanza, Espinosa, Escudero y Esteban, combinando patronímicos y referencias a características personales o religiosas. La letra «F» incluye apellidos como Fajardo, Fernández, Ferrer, Ferrero, Figueroa, Flores, Fuentes y Fuertes, donde muchos reflejan oficios o actividades agrícolas.

La letra «G» abarca apellidos como Gálvez, García, Gato, Garzón, Gil, Gimeno, Giménez, Gómez, Granado, González y Gutiérrez. Asimismo, la letra «H» incluye Haro, Henríquez, Hernández, Heredia, Holgado, Herrera, Huerta y Hurtado, donde el sufijo «-ez» indica «hijo de»; por ejemplo, «Hernández» significa «hijo de Hernando».

En la letra «I» destacan apellidos como Ibáñez, Israel e Izquierdo, siendo Israel un claro indicio de herencia judía. Por su parte, la letra «J» agrupa apellidos como Jaén, Jiménez, Jimeno, Jorge, Juárez y Julián. Mientras, la letra «L» reúne apellidos como Lázaro, Leal, Lara, Larios, Leiva, León, Lima, Linares, Lobato, Lobo, López, Lorca y Lorenzo.

En la letra «M» encontramos apellidos como Madrid, Madrigal, Macías, Machado, Manuel, Márquez, Marchena, Marcos, Martínez y Marín, combinando topónimos y patronímicos, mientras que la «N» incluye apellidos como Nájera, Navarro, Navas, Nieto y Núñez. La letra «O» abarca apellidos como Ocampo, Ochoa, Olivos, Olmos, Oliva, Ordóñez, Olivares, Orellana, Ortega y Ortiz.

La letra «P» agrupa apellidos judíos como Pacheco, Padilla, Palma, Palomino, Pardo, Paredes, Pareja, Parra, Paz, Pascual, Pedraza, Pena y Pérez, mientras que la «Q» incluye Quirós y Quemada, menos frecuentes pero con relevancia histórica. La «R» contempla apellidos como Ramírez, Ramos, Real, Rey, Reina, Ribera, Ricardo, Rivero, Robles, Roca, Rivas, Rodríguez y Ruiz, y la «S» incluye Salgado, Salinas, Salas, Salazar, Salcedo, Salvador, Sánchez, Sancho, Serra, Serrano, Sierra y Silva.

La «T» agrupa apellidos como Talavera, Toledo, Torre, Torres y Trigo, y la «U» incluye Úbeda, Uría y Urrutia, y la «V» recoge apellidos como Valero, Valle, Vara, Varela, Vargas, Vázquez, Vega, Velázquez, Vera, Vergara, Villanueva y Vidal. Finalmente, la «Z» cierra el listado con Zalazar, Zaragoza y Zúñiga, apellidos del norte y noroeste con fuerte tradición sefardí.

«Hay que dejar claro, que no por tener un apellido de los contenidos en esta lista, se tiene necesariamente ascendencia sefardí. Ni tampoco lo contrario, el hecho de que nuestro apellido no se encuentre en esta lista no significa que no tengamos esta herencia, porque es posible que el apellido se haya perdido a lo largo del tiempo. También hay que tener en cuenta que algunos de estos apellidos no son de origen judío, pero que fueron adoptados por sefardíes con apellidos hebreos, para ocultar su condición en la cerrada e intolerante sociedad medieval».