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Byung-Chul Han, filósofo: «El silencio es la única forma de decir no a la obligación de ser una persona mejor»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El agotamiento de la sociedad moderna no nace de las imposiciones externas, sino de una autoexplotación invisible, para el reconocido filósofo Byung-Chul Han. El experto analiza cómo la necesidad de productividad constante ha eliminado los espacios de calma y descanso, convirtiendo la vida en un ciclo de rendimiento infinito. De esta forma, la ausencia de ruido deja de ser un vacío para pasar a ser una herramienta de resistencia.

La búsqueda de la excelencia individual, entendida por Byung-Chul Han como una obligación de mejorar, genera una presión constante que el pensador surcoreano identifica como el motor del cansancio contemporáneo.

Ante la velocidad del mundo digital y la exposición permanente, el silencio surge como la vía para recuperar la autonomía sobre el propio tiempo. Según explica el autor, detenerse es un acto radical que permite al individuo reencontrarse con su esencia fuera de la lógica del mercado.

Byung-Chul Han y la revolución del silencio

El pensamiento de Byung-Chul Han, de 67 años, establece que el silencio funciona como la única manera de decir no a la exigencia de ser una persona siempre mejor y productiva.

Esta postura, recogida por el medio CuerpoMente, sugiere que callar y detener la actividad rompe con el sistema de rendimiento que domina el siglo XXI. El silencio no es una carencia de contenido, sino una forma de desobediencia frente a la autoexplotación que nos obliga a estar siempre disponibles y visibles.

En su análisis sobre la estructura social actual, Han sostiene que hemos pasado de la sociedad disciplinaria de mandatos externos a una donde el individuo se violenta a sí mismo. Esta violencia positiva se manifiesta en el eslogan del «tú puedes», una frase que, lejos de liberar, encadena al sujeto a una sobreexigencia constante.

El ruido de la productividad y la autoexplotación

La filosofía contemporánea advierte que el valor del ser humano se ha desplazado del «ser» al «hacer». Si no producimos o no mostramos nuestra vida en las plataformas digitales, parece que dejamos de existir. Esta dinámica, basada en la premisa de ser vistos para ser reconocidos, alimenta un ruido perpetuo que impide la reflexión profunda.

El filósofo destaca que la obligación de rendir ha sustituido al antiguo deber, haciendo que el cansancio sea la norma y no la excepción.

Esta situación guarda una relación directa con fenómenos modernos como el burnout o desgaste profesional. La psicología identifica esta tendencia como una autoexigencia desadaptativa, donde la persona busca metas que exceden sus necesidades reales. Al eliminar el silencio, eliminamos también la capacidad de procesar nuestras experiencias, quedando atrapados en una rueda de hámster de tareas y opiniones inmediatas que no permiten el reposo cognitivo.

Estrategias para combatir el burnout digital

Una de las herramientas más efectivas es el ayuno digital, una práctica que consiste en desconectar de forma total cualquier dispositivo electrónico durante periodos específicos del día. Esta técnica permite que el cerebro descanse de la sobreestimulación de las pantallas.

Al eliminar las notificaciones, la persona recupera, poco a poco, la capacidad de concentración que la tecnología fragmenta de manera constante.

Otra opción para fomentar el silencio es el establecimiento de zonas blancas en casa. Se trata de estancias o rincones específicos donde el uso del teléfono móvil o el ordenador queda estrictamente prohibido. La creación de estos espacios físicos en el hogar ayuda a que la mente asocie ciertos entornos con la relajación profunda y la reflexión, lejos del ruido que genera la productividad infinita que critica el filósofo.

Finalmente, muchos psicólogos suelen recomendar la técnica del aburrimiento, ya que funciona como un catalizador de la creatividad. En lugar de rellenar cada segundo de espera con el móvil, permitir que el tedio aparezca obliga al individuo a enfrentarse a sus propios pensamientos e incluso fomenta la creatividad, al permitir que la persona encuentre soluciones originales a problemas cotidianos.