Una hermandad de ex combatientes de la Guerra Civil cumple 75 años en la Semana Santa de Zamora
La Hermandad de Jesús en su Tercera Caída ha desfilado este lunes en Zamora, al cumplir 75 años de su fundación, en una procesión que refleja la evolución de esta cofradía fundada por ex combatientes de la Guerra Civil y que ahora destaca por su cuidada estética, con guiños al mundo rural.
De esos orígenes fundacionales que pretendían mantener los «lazos de sangre y de heroísmo» de los ex combatientes se ha pasado a una procesión alejada de ideologías políticas que ha querido recordar a todos los fallecidos en todas las guerras con el cántico de ‘La muerte no es el final’, de Cesáreo Gabaráin, en la Plaza Mayor.
Clave en la evolución de esta cofradía ha sido la aportación realizada en los años ochenta y noventa por el escultor benaventano José Luis Alonso Coomonte.
Este artista es autor de una colección de quince cruces, pectorales y alzadas de distintos tamaños hechas en hierro, madera, resina, aluminio y vidrio, que se han mostrado en la procesión tras las campanas del personaje del barandales y la banda de clarines de la cofradía que han abierto el desfile.
A Coomonte pertenecen también dos elementos que recuerdan el origen rural del barrio zamorano del que parte la procesión: una cruz realizada con yugos y una pesada corona de espinas portada a hombros por 36 cofrades y hecha íntegramente con rejas de arado entrelazadas.
La estética procesional se ha completado con tres pasos que son reflejo de la imaginería de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado de distintos focos semanasanteros de la geografía española.
Así, se ha podido ver desfilar un ejemplo de la escuela sevillana como es ‘La Despedida de Jesús y su Madre’, del cacereño afincado en Andalucía Enrique Pérez Comendador; y otro de la imaginería de influencia castellana representada por el paso de la Tercera Caída, del que es autor el bilbaíno Quintín de Torre.
«Retornados de una guerra entre hermanos»
Junto a ellos, el desfile lo ha cerrado el paso de la Virgen de la Amargura, del zamorano Ramón Abrantes.
Los cofrades, vestidos con traje y caperuz negros y capa blanca, han partido de la iglesia de San Lázaro para, en la parte final del desfile, realizar en la Plaza Mayor un homenaje a los hermanos de la cofradía fallecidos, en el momento más emotivo de la procesión.
Allí, se ha rezado una oración que pretende ser un alegato contra las guerras y que ha concluido a las once en punto de la noche con el cántico de «La muerte no es el final» mientras los pasos del desfile se han bailado al ritmo de la música.
En el acto se han recordado los 75 años de la fundación de la hermandad por «retornados de una guerra entre hermanos» y se ha pedido a Dios por la paz.
La Hermandad de Jesús en su Tercera Caída cuenta con dos mil cofrades, todos varones, de los que el más pequeño porta una pequeña cruz tallada en raíz de membrillo que forma parte de la colección de cruces pectorales y alzadas y que éste año ha llevado el niño Izan Manzano, de tan solo tres meses, que ha procesionado a hombros de su abuelo.
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