La apasionante historia de la mujer del cuadro más caro del mundo que Klimt salvó de los nazis
Elisabeth, de origen judío, consiguió un certificado de "sangre germana" como miembro de la familia de Klimt
El cuadro Retrato Elisabeth Lederer, del pintor austríaco Gustav Klimt batió este martes un récord en el arte moderno al venderse por 236 millones de dólares en una subasta en Sotheby’s en Nueva York. Se ha convertido así en la obra de arte moderno más cara.
El cuadro Retrato de Elisabeth Lederer (1914-16) destaca entre las obras de Klimt por su gran tamaño y su apasionante historia, pues, al igual que su famoso Retrato de Adele Bloch-Bauer I, fue confiscado por los nazis antes de ser recuperado por la familia de la protagonista, que eran clientes de Klimt, y finalmente adquirido por el hijo de la empresaria Estée Lauder en la década de 1980.
La obra subastada este martes en Sotheby’s es uno de los retratos más exóticos y atractivos de Klimt, cargado de belleza, elegancia y frescura. El cuadro de la baronesa Elisabeth Bachofen-Echtfue encargado por Serena y August Lederer, los padres de la joven, en 1914 y Klimt lo acabó dos años después, recibiendo 35.000 coronas por él. La historia de la protagonista es ciertamente interesante.
Quién es Elisabeth, la mujer del cuadro de Klimt
Elisabeth Franziska Lederer nació en Viena en 1894. En 1921 abandona la Comunidad Israelí e ingresa en la Iglesia Protestante Helvética de Viena. Al día siguiente de hacerlo se casa con el barón Wolfgang Freiherr von Bachofen-Echt, miembro de una breve dinastía del mismo nombre.
En 1934 tienen un hijo que murió trágicamente en julio de 1938 y ese mismo año Elisabeth se divorció de su marido. Temerosa de la política desarrollada por el régimen nazi, Elisabeth consiguió un certificado de «sangre germana» como miembro de la familia de Klimt. La baronesa pudo vivir en relativa seguridad y falleció en Viena el 14 de octubre de 1944, siendo enterrada en el cementerio de Hietzing.
En el cuadro de Klimt que se ha subastado por el precio más alto en la historia del arte moderno, Elisabeth aparece de pie, vistiendo un elegante traje blanco que ha sido interpretado como un vestido de novia. Tras ella, observamos un indefinido triángulo compuesto por elementos decorativos que se organizan a modo de puzzle, reforzando la línea sinuosa que domina el conjunto.
El suelo presenta incrustaciones y diversos elementos geométricos dispuestos de manera simétrica, recordando los trabajos de los Talleres de Viena a los que Klimt estaba muy vinculado. La ornamentación y el brillante colorido son característicos en este retrato, uno de los más atractivos de la última etapa del maestro.
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