Televisión pública

Miembros de la delegación española de Eurovisión sobre el boicot por Israel: «Utilizan a los eurofans como arma política»

España se queda "descolgada": los otros cuatro países que han renunciado a participar por Israel sí que emitirán Eurovisión

Sólo pierde España: "Pierde audiencia, pierde proyección y pierde el impulso a un artista nacional"

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José Pablo López, Pedro Sánchez y la representante de Israel en 2024.
Paula M. Gonzálvez

La cuenta atrás para la celebración de Eurovisión 2026 y las palabras de Alaska sobre la decisión de abandonar el certamen por la presencia de Israel apunta, de nuevo, en la misma dirección: RTVE y las consignas políticas. Miembros de la delegación española de Eurovisión consultados por OKDIARIO aseguran que «los eurofans mueven mucho y los utilizan como arma política».

RTVE ha censurado Eurovisión este año hasta tal punto que, en España, sólo se podrá seguir a través del canal oficial del festival, en YouTube. Es el único de los países que ha abandonado que no dará cabida en su programación al certamen. Las radiotelevisiones públicas de Países Bajos, Irlanda, Islandia y Eslovenia sí que ofrecerán el contenido a sus espectadores.

Fuentes de la delegación aseguran a OKDIARIO que secundan la opinión de Alaska. La artista ha criticado la politización de Eurovisión. «Para mí es un festival de música, lo será siempre. Lo lamento como fan que disfruta con un festival de música, no puedo pensar en otra cosa», ha explicado.

Además, la cantante de Fangoria ha aguantado el tipo mientras se le intentaba reconducir en una entrevista en la SER, con comentarios con los que se le recordaba que «cientos de artistas piden un boicot» o que la participación de Israel en Eurovisión «blanquea un genocidio». «Yo es que estoy en contra de todos los boicots, me da igual los que sean y contra quién y con qué sean, aunque esté súper a favor de lo que estés argumentando. El boicot es una forma de exclusión», ha rebatido. Alaska ha tenido que recordar que es el «Festival de la Canción [enfatizado]»: «Si quieren hacer un festival de las Naciones Unidas musicales, háganlo, pero para mí es un festival de música».

Así, los miembros de la delegación señalan la gran contradicción de RTVE con su postura: el presidente de la corporación y hombre de confianza de Pedro Sánchez, José Pablo López, criticó la «politización» del certamen porque la Unión Europea de Radiodifusión (UER) no se rindió a sus exigencias, pero a la vez lo ha utilizado con métodos propagandísticos -que no convencieron a la UER-.

Los expertos consultados sostienen que «no se puede hablar de unión desde la exclusión» y que «los intereses políticos nunca deberían contaminar la Cultura». Eurovisión es, matizan, «identidad cultural» y, por eso, sirve para «difundir la cultura desde la cooperación internacional». «Qué culpa tienen los artistas», lamentan.

Precisamente otros artistas, no sólo Alaska, han mostrado una opinión similar. Como presentadora de San Remo 2026, Laura Pausini defendió que ella sí «iría a Eurovisión» porque «un jefe de Gobierno no representa a todos los ciudadanos de su país», por lo que es injusto «castigar a un artista -que puede que ni siquiera exprese sus propias opiniones políticas- por culpa de quienes gobiernan».

Por su parte, Alejandro Abad, representante de España en Eurovisión en 1994 y miembro de la delegación en 2001, señaló en diciembre la «incoherencia» de hacer «exactamente aquello de lo que siempre nos hemos quejado, mezclar política y música». La decisión, a su juicio, fue «desacertada y negativa».

El uso propagandístico de Eurovisión

Siempre se ha dicho que Eurovisión es política, pero lo cierto es que los resultados suelen depender de las afinidades culturales. En todo caso, manifiestan las fuentes consultadas por OKDIARIO, «quizás es el televoto el que ha intensificado ese ingrediente político, porque los espectadores votan más por las emociones». Como prueba, un ejemplo: «En 2022 ganó Ucrania, cuando pudo hacerlo Chanel». Que la española rozara el Micrófono de Cristal y se quedara, finalmente, sin él, es una razón más para blindar el certamen ante la contaminación política, añaden.

La campaña para acabar con la participación de Israel en Eurovisión fue una de las cartas de Pedro Sánchez para su promoción de abanderado de la paz, dentro y fuera de España, por la que incluso algunos afines llegaron a sugerir que era merecedor del Nobel. Ésta fue, sólo, una de las manifestaciones de la utilización política del certamen por parte de Moncloa y RTVE.

Cabe recordar el uso propagandístico de la emisión del festival por parte de RTVE en la pasada edición, cuando ignoró la advertencia de la UER al prohibir que se repitieran los comentarios sobre Gaza pronunciados en la segunda semifinal del certamen. El ente se mostró desafiante y, de paso, pudo perjudicar a Melody, con la emisión de un mensaje: sobre fondo negro, en castellano e inglés, se pudo leer en pantalla antes de la final «frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y justicia para Palestina».

El televoto sólo otorgó 10 puntos a Melody e Israel recibió el mayor número de votos del público, que lo aupó hasta la cabeza de la lista, desde el decimosexto puesto. Los votos de los españoles fueron también para Israel, con un apoyo masivo.

España se queda «descolgada»

La salida de España de Eurovisión -con la que no todos en RTVE estuvieron de acuerdo- implica que RTVE no emitirá las semifinales del 12 y 14 de mayo ni la final de Viena (Austria) del próximo 16 de mayo. Una decisión que contrasta con la de otros países que, como España, pertenecen al Big Five: Alemania apostaba, incluso, por retirarse si se expulsaba a Israel. Asimismo, España se ha quedado «descolgada» del resto de países, puesto que sólo han renunciado a participar por la misma razón Países Bajos, Irlanda, Islandia y Eslovenia. Sin embargo, ninguno de los cuatro pertenece como España al Big Five y, a diferencia de España, sí que emitirán la final del certamen para su público.

Con la ausencia de España, por tanto, sólo pierde España. «Pierde audiencia, pierde proyección y pierde el impulso a un artista nacional», detallan los miembros de la delegación consultados. Por no hablar de cómo, por ejemplo, «un diseñador puede alcanzar la fama mundial con menos de 3 minutos de presencia [de sus diseños] sobre el escenario». Eurovisión es más que la final, con muchos más eventos, una macroferia turística en la ciudad que acoge el certamen y que ejerce como un gran escaparate ante una gran afluencia de viajeros llegados de todos los países. El seguimiento en términos de audiencia es abrumador, con estimaciones de entre 200 y 600 millones de espectadores en todo el mundo, incluidos países que no participan.

El desacuerdo de estos miembros de la delegación con excluir a Israel de Eurovisión, como quería RTVE, nada tiene que ver con «las opiniones personales sobre la guerra con Palestina», que pueden compartir o no, pero la radiotelevisión pública, fiel al Gobierno de Sánchez, sí que ha sacado rédito a las pasiones que genera este conflicto y a las de los propios seguidores del festival. «Los eurofans mueven muchísimo. Los utilizan como arma política», sostienen.

Comparar el intento de veto a Israel con el caso de Rusia tampoco es acertado, indican, puesto que Rusia fue sancionada, por lo que la situación era distinta. Hacerlo es «hablar sin conocer el tema». Pero las directrices de arriba eran claras: o Israel o España. Los dos no tenían cabida en Eurovisión 2026. En dos palabras: hacerse notar.

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