Las 5 reflexiones que Christopher Nolan nos deja en ‘La Odisea’: ¿quienes son los Pueblos del Mar?
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La Odisea de Christopher Nolan está a a punto de superar la barrera de los 1.000 millones de dólares, a pesar de todas las polémicas que han asolado a su producción. Cifras que le llevarán a ser uno de los títulos más taquilleros del 2026, junto a la imparable Spider-Man: Brand New Day. Pero es que, además, la adaptación homérica de Nolan se postula como una de las grandes apuestas comerciales de los próximos premios Oscar. Y eso se debe principalmente a la lectura personal que el británico ha hecho sobre el mito fundacional del aedo griego.
Aparte de la espectacularidad de sus imágenes, la calidad de la fotografía y su banda sonora casi experimental, el filme de Nolan nos deja cinco reflexiones que todavía resuenan en aquellos que han podido verla en las salas:
Las 5 reflexiones que Christopher Nolan nos deja en ‘La Odisea’
1. La deconstrucción del mito griego

En lugar de plasmar la épica del héroe vencedor y reclamar ese tono tan cercano a los códigos de Hollywood, el director de Memento (2000) desdibuja la imagen cultural de Odiseo, subvirtiendo la percepción del destino dentro del mito griego y dándole al recorrido físico y sus hazañas un cariz psicológico interno, con un protagonista traumatizado por la guerra. El Caballo de Troya es su mayor logro y también su gran losa.
2. No hay gloria en la guerra

Es el núcleo moral de la película. Esto es algo que el propio Nolan ya retrató en Dunkerque (2017) y que, en definitiva, establece la principal diferencia entre la gesta del poema de Homero y su salto de carácter hacia un rol contemporáneo, marcado por las malas decisiones y horrores de la guerra. Una brutalidad creada a partir de su truco. Un ejercicio deshonesto que se ve perpetuado a lo largo de su regreso. No hay gloria en las acciones de Odiseo y los suyos. Sólo encontramos criaturas heridas, arrepentimiento y una civilización que se desmorona.
3. La fragilidad de la civilización

Esta versión de La Odisea es en realidad una repetición de la mayoría de conceptos que Christopher Nolan ya ha explorado anteriormente en su cine. Concretamente, traza un paralelismo innegable con Oppenheimer (2023). Las estructuras que moldean la sociedad no son tan impermeables como pudiesen parecer y en cualquier momento, todas, por gigantescas que estas parezcan, pueden desaparecer por culpa de la soberbia de los hombres. El caballo de Troya es para Odiseo lo mismo que la bomba atómica es para J. Robert Oppenheimer.
4. La tiranía del libre albedrío

En los textos de Homero, el sino y el capricho divino justifican todo. Nolan elimina la carga de dichos designios de la ecuación. Odiseo es responsable de sus actos, al igual que toda su tripulación lo es de su comportamiento. El peso absoluto de la culpa es la respuesta al libre albedrío que el realizador le confiere a sus personajes, los cuales no se pueden escudar en Poseidón, Atenea uotro tipo de politeísmo para salvaguardar su deber.
5. Los pueblos del mar o cómo creamos nuestros propios monstruos
El guion va cocinando poco a poco la idea de esa amenaza silenciosa que va sepultando la Edad del Bronce. Históricamente no se sabe quienes fueron, pero como demuestran las mayorías de las decisiones artísticas del director londinense, la realidad de los acontecimientos no es algo que le importe demasiado a la hora de plasmar su historia.

El crepúsculo de esta civilización es en realidad el espejo de los actos de Odiseo. Él sembró la ruptura de códigos global con su equino de madera, propiciando un cambio de paradigma en las reglas de la hospitalidad (la Xenia) y aniquilando por completo ese pacto básico de confianza de la humanidad.