Las razones del porqué es mejor no realizar duchas vaginales
Hay muchas creencias, formas, técnicas y rutinas que hablan sobre la forma ideal de mantener la zona íntima femenina limpia, pero cada una tiene ciertas consideraciones a tener en cuenta. Igual que hay desacuerdo al establecer si ducharse cada día es bueno o no, en cuanto a las duchas vaginales también hay algunos puntos a tener en cuenta antes de decidir si introducirlas como un hábito propio. Te contamos las razones del porqué es mejor no realizar duchas vaginales.
La ducha vaginal consiste en lavar la vagina desde la vulva (parte exterior) hacia el interior del órgano reproductor femenino con el agua a presión que expulsa el irrigador que hay en muchas casas como sustitutivo del bidet.
Aunque el objetivo principal de estas duchas suele ser la limpieza exhaustiva de la zona simplemente con agua, hay quien cree que si además se añade también bicarbonato o vinagre, esta mezcla puede actuar como anticonceptivo o como método de prevención contra las enfermedades de transmisión sexual, algo completamente desmentido por diversos doctores pues tanto el semen como la sífilis, el sida o el VPH ya pueden estar alojadas en las trompas de Falopio.
Así pues, visto que solo deben usarse para mantener una correcta higiene, podría haber quienes todavía las defiendan para ello, porque aparentemente pueden corregir malos olores y el notar el agua a presión ofrece sensación de limpieza total.
Pero, según los ginecólogos, las duchas vaginales pueden ser una práctica negativa porque al tener el agua una trayectoria ascendiente, puede provocar que los gérmenes del exterior se introduzcan dentro.
Esto supone más riesgo de exposición a ftalatos, vaginosis bacteriana e infecciones del tracto genital superior que podrían desencadenar en una enfermedad inflamatoria pélvica. Éstas serían algunas razones del porqué es mejor no realizar duchas vaginales.
La única forma de usar correctamente y sin riesgos la ducha vaginal pues, es ceñirse al lavado de la vulva (zona exterior), así que dependiendo del entorno, es una práctica que fácilmente podría sustituirse por un lavado superficial en el mismo momento de la ducha o el baño.
Y en cuanto al interior, un poco de agua serviría porque la vagina tiene un mecanismo que, mediante el flujo, ya la protege y mantiene limpia.
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