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Inmaculada Perea sobre el collar de Cartier que llevó Carlota Casiraghi el día de su boda, heredado de Grace Kelly: «Es parte de su historia»

  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y, después de años formándome, encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.

Elegir las joyas para el día de la boda puede parecer una cuestión secundaria frente al vestido, el velo o el peinado, pero para Inmaculada Perea, fundadora de Petrïta, el orden debería ser muy distinto. La experta en joyería no empieza por el vestido cuando diseña una pieza para una novia, sino por la mujer que la llevará. Sus facciones, las proporciones del rostro, el tono de piel, el color del cabello y, sobre todo, su personalidad son algunos de los elementos que determinan qué joyas conseguirán potenciar su imagen. Porque un pendiente, una tiara o un choker no tienen únicamente que combinar con un look: pueden cambiar sus proporciones, aportar luz y, especialmente, convertirse en una pieza cargada de recuerdos que acompañe a la novia mucho más allá del día de su boda.

La joya antes que el vestido: empezar por la mujer

Aunque Inmaculada reconoce que resulta más sencillo elegir las joyas después del vestido, existe otra posibilidad que le resulta mucho más atractiva: construir el look alrededor de una pieza especial. «Yo no empiezo por el vestido; empiezo por la mujer», explica. Para elegir una joya, estudia «sus facciones, las proporciones del rostro, el tono de piel y el color del cabello» y utiliza incluso la espiral de Fibonacci como referencia visual para analizar formas, volúmenes y longitudes.

El color también juega un papel fundamental. «Para mí, el metal también es color: oro amarillo, oro blanco o platino pueden cambiar completamente la luz de una cara», señala. Por eso, antes de preguntarse qué joya combina con el vestido, plantea otra cuestión: «¿Qué joya le sienta extraordinariamente bien a ella?».

Y hay ocasiones en las que la joya puede convertirse directamente en el punto de partida. «Cuando una pieza tiene un lenguaje potente, una historia o una carga emocional importante, puede construir todo el look a su alrededor», cuenta. En uno de sus diseños llegó incluso a inspirarse en el color de ojos de la abuela de una novia. «Esa pieza ya no es un complemento: es parte de su historia».

(Foto: Petrïta)

Del palabra de honor al escote en V

El escote determina cuánto espacio existe alrededor del rostro, el cuello y el pecho para introducir joyas. En un vestido palabra de honor, por ejemplo, la recomendación de Perea es aprovechar precisamente esa superficie despejada: «Yo aprovecharía esa arquitectura con un choker importante, una pieza con presencia, y lo equilibraría con unos pendientes de perlas». La clave está en que una joya tenga protagonismo sin convertir el conjunto en un exceso.

Con un escote en V, en cambio, la experta prefiere respetar la verticalidad que ya dibuja el vestido. «Dejaría el cuello bastante limpio y trabajaría con unos pendientes de unos cuatro o cinco centímetros de caída como máximo». Para completar el look propone llevar pequeños puntos de interés hacia el cabello, por ejemplo, con «horquillas de flores o mariposas».

Si el vestido tiene cuello alto, la respuesta de Perea es tajante: «Una tiara. Aquí lo tengo clarísimo». En este caso, considera que el propio vestido ya concentra suficiente información alrededor del rostro y que resulta más interesante elevar visualmente el conjunto. «Una tiara bien diseñada no es simplemente un accesorio. Puede modificar por completo la proporción del rostro y la lectura de un vestido».

(Foto: Petrïta)

Cuando la espalda también merece una joya

Los diseños con espalda descubierta permiten jugar con las joyas desde un punto de vista menos convencional. A Perea le fascinan los chokers cuyo cierre se transforma en una cadena muy fina que cae por la espalda y termina en un pequeño detalle.

«Cuando hay una espalda bonita, ¿por qué pensar la joya únicamente desde delante?», plantea. Su propuesta pasa por diseñar la pieza «en 360 grados», para que dialogue con el vestido desde todos los ángulos. Además, el movimiento de la novia hace que esa pequeña cadena cobre protagonismo de una manera sutil.

En los vestidos minimalistas también hay margen para arriesgar. «Un vestido de líneas limpias es un escenario maravilloso para una joya con voz propia», asegura. Para ella, las piezas familiares tienen aquí una oportunidad especial: «Soy una enamorada de incorporar en tiaras o chokers antiguas piezas familiares y darles una nueva vida dentro de un diseño contemporáneo». Y resume su concepción del lujo con una frase: «A veces, lujo es una silueta impecable y una sola pieza capaz de contar una historia entera».

En cambio, cuando el vestido incorpora encaje, pedrería o muchos detalles, la estrategia cambia. «Cuando un vestido ya tiene mucha información, lo importante es la calidad de lo poco que añadamos». Entre sus opciones aparecen unas dormilonas de buenos diamantes o una tiara art déco depurada.

(Foto: Petrïta)

El peinado también cambia completamente la elección

El cabello funciona como otro marco para las joyas. «Cambia todo, porque cambia el marco de la cara», explica Perea. Con el pelo suelto busca pendientes con movimiento y suficiente escala para no perderse entre la melena. Con un recogido, la joya queda completamente expuesta y permite jugar más con su arquitectura, longitud y relación con el rostro.

«Un pendiente no debería elegirse únicamente porque es bonito sobre una bandeja. Hay que entender cómo se comporta puesto y qué hace por la mujer que lo lleva», afirma.

Para un moño pulido, además, tiene una debilidad clara: «Soy una enamorada absoluta de los pendientes largos». La razón es que el cuello y el rostro quedan despejados y permiten trabajar con la longitud para estilizar y conducir la luz hacia la cara. «Mi trabajo es conseguir que, gracias a la joya, la novia esté todavía más guapa».

En el caso de las novias con pelo corto, su apuesta son los trepadores. «La oreja adquiere muchísimo protagonismo y el trepador permite dibujar sobre ella», explica. Diamantes, formas orgánicas, flores o pequeños motivos pueden convertir la oreja en el centro del diseño sin necesidad de recurrir a una pieza larga.

(Foto: Petrïta)

Velo y pendientes importantes sí pueden convivir

Uno de los grandes dilemas de las novias es si el velo obliga a renunciar a unos pendientes protagonistas. Para Perea, la respuesta es clara: «Por supuesto que pueden convivir». El motivo es sencillo: «El velo acompaña a la novia durante una parte de la boda, pero después desaparece. ¿Por qué condicionar toda la joyería del día a esas horas?».

Su solución son los pendientes desmontables, capaces de transformarse durante la celebración. «Durante la ceremonia puedes llevar una versión más contenida y, al retirar el velo, añadir la parte inferior y transformar completamente la pieza». De esta forma, la joya no permanece estática, sino que evoluciona con la novia y con los diferentes momentos de la boda.

(Foto: Petrïta)

Tres novias famosas que entendieron el poder de las joyas

Entre sus referentes están Carlota Casiraghi, Laura Ponte y Victoria Lockwood. De Casiraghi destaca el collar Cartier de tres hileras de diamantes que había pertenecido a su abuela, Grace Kelly. «La joya tenía una presencia enorme y, sin embargo, lo verdaderamente excepcional era todo lo que significaba», apunta.

De Laura Ponte recuerda especialmente cómo llevó sobre la frente, y colocada al revés, una diadema de diamantes y zafiros de la infanta Pilar. Para Perea, aquel gesto demostraba personalidad: «Cogió una joya histórica y encontró una forma absolutamente suya de llevarla».

Y de Victoria Lockwood destaca la combinación de la tiara Spencer con el vestido de inspiración medieval de Tomasz Starzewski. Tres ejemplos que, para la fundadora de Petrita, comparten una característica fundamental: «No parece que las joyas se añadieran al final. Formaban parte de la construcción del personaje de la novia desde el principio».

Esa es, precisamente, una de las claves que atraviesa toda su manera de entender la joyería nupcial: elegir una pieza no sólo por cómo queda con un vestido, sino por lo que cuenta de la mujer que la lleva.

(Foto: Petrïta)