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MODA

Calvin Klein rectifica para recuperar a sus clientes habituales: se despide de su política ‘woke’ y ficha a Sadie Sink como imagen

La moda siempre ha sido innovación. Todos vimos cómo en los años 90 hubo un gran auge de marcas, sobre todo estadounidenses, que no solo vendían ropa, sino que construían alrededor de ella una forma de vida. Con el paso del tiempo, los diseños fueron avanzando, las campañas comenzaron a arriesgar y las firmas buscaron nuevas maneras de conectar con el público. El problema llega cuando, en ese intento por innovar, una marca deja de reconocerse a sí misma. Mientras firmas como Ralph Lauren han sabido evolucionar sin renunciar a sus códigos, otras han llevado ese riesgo demasiado lejos. Calvin Klein es una de ellas y ahora parece decidida a recuperar algo que durante décadas fue su mayor valor: su propia esencia. Ha dejado el universo Woke para volver a sus raíces.

La marca es famosa por su estética minimalista, sus icónicas líneas de ropa interior y vaqueros y unas campañas publicitarias que, durante años, hicieron de la provocación una de sus principales señas de identidad. Fundada en 1968 por el diseñador Calvin Richard Klein, la firma transformó la moda estadounidense con una fórmula aparentemente sencilla: líneas limpias, cortes rectos y una imagen reconocible al instante. Hubo un momento en el que llevar Calvin Klein era mucho más que vestir una determinada prenda. Era una declaración de estilo, una forma de entender la moda y, también, de saber escoger.

Su campaña más disruptiva nos lleva hasta 1992, con Kate Moss y Mark Wahlberg como protagonistas. Ella, una modelo de apenas 18 años que comenzaba a despuntar en las pasarelas. Él, un joven con estética de rapero, pantalones de corte relajado y la ropa interior de Calvin Klein convertida en protagonista. La campaña cambió la manera de entender la publicidad de moda y terminó elevando a la firma hasta el Olimpo de la industria. Desde entonces, sus campañas se convirtieron en acontecimientos esperados por todos. Pero hubo una etapa en la que ese afán por sorprender terminó alejándola de parte de quienes habían sido fieles a la marca durante años.

En 2022, Calvin Klein volvió a apostar por la provocación y quiso adaptar sus campañas a los nuevos tiempos. La firma presentó una campaña por el Día de la Madre protagonizada por personas trans, una propuesta que generó una enorme conversación y dividió al público. Para algunos, era simplemente la evolución natural de una marca acostumbrada a romper moldes y, para otros, suponía alejarse demasiado de los códigos que habían convertido a Calvin Klein en un referente de estilo de vida estadounidense.

El debate se produjo además en un momento en el que muchas grandes firmas estadounidenses habían incorporado a sus campañas mensajes relacionados con diversidad e inclusión. El problema para una marca con más de medio siglo de historia no está necesariamente en evolucionar, sino en hacerlo sin perder aquello que la hizo reconocible. Y ahí es donde Calvin Klein parece haber tomado nota.

La firma quiere recuperar terreno y este 2026 ha comenzado a marcar un nuevo camino. Apostando por el talento nacional, Calvin Klein ha escogido a Sade Sink como nueva imagen. La actriz, que apareció recientemente en la última película de Spider-Man, tiene una misión nada sencilla: acercar de nuevo la marca a un público que conoce perfectamente su legado.

Con su presencia, su mirada y su característico cabello pelirrojo, Sade Sink se ha convertido en una nueva cara para la firma. En el anuncio que hemos podido ver encontramos a una joven desenfadada, con un punto rebelde y una personalidad arrolladora. Es decir, una imagen que recupera parte de esa actitud despreocupada que durante décadas acompañó a Calvin Klein. Y los comentarios en redes sociales parecen haber recibido bien el cambio de rumbo. Algo similar ocurrió recientemente cuando la firma apostó por Tate McRae, un perfil capaz de acercar Calvin Klein a las nuevas generaciones sin necesidad de disfrazar su identidad.

Porque la moda cambia, experimenta y se reinventa constantemente. Pero también tiene memoria. Firmas como Ralph Lauren, GAP o Donna Karan han sabido mantener sus códigos mientras encuentran nuevas formas de interpretarlos. Y esa puede ser precisamente la asignatura pendiente de Calvin Klein: entender que ser disruptivo no significa necesariamente romper con todo lo anterior.

Al final, una campaña puede ser provocadora, moderna y hablarle a una nueva generación sin dejar de parecerse a la marca que aparece en la etiqueta. Calvin Klein lleva décadas construyendo una identidad que vale demasiado como para olvidarla. Ahora parece haber entendido que, en moda, evolucionar también puede significar volver a casa.