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Un molino de más de 500 años a 1 hora y media de Madrid con estrella Michelin: la escapada gourmet secreta de Guadalajara

Hay lugares a los que uno llega para pasar una noche y termina recordando durante mucho tiempo. Molino de Alcuneza es uno de ellos. En Alcuneza, una pequeña pedanía de Sigüenza, en Guadalajara, un antiguo molino harinero de más de 500 años de historia se ha transformado en un hotel boutique donde la historia, la gastronomía y la tranquilidad conviven con una naturalidad difícil de encontrar.

El edificio conserva el alma de aquel molino que durante siglos estuvo ligado al cereal y al agua. Sus muros de piedra hablan de otro tiempo y el río Henares sigue formando parte de la experiencia, mientras el conjunto se ha ido ampliando con nuevas habitaciones, jardines, piscina y espacios pensados para disfrutar sin prisas. Hoy, Molino de Alcuneza cuenta con 17 habitaciones, distribuidas entre el antiguo molino y el edificio situado frente a la piscina, desde pequeñas habitaciones classic hasta suites y una suite premium.

Pero si hay algo que convierte la estancia en una experiencia especial es la forma en la que Blanca y Samuel Moreno han sabido continuar la historia familiar. Ella al frente de la dirección y él como chef, tomaron las riendas del negocio en 2006 y han conseguido llevar aquel proyecto familiar hasta convertirlo en un referente de la hotelería y la gastronomía en Castilla-La Mancha. El hotel forma parte de Relais & Châteaux y su restaurante mantiene en 2026 una estrella Michelin, un reconocimiento que ha situado a este rincón de Guadalajara en el mapa gastronómico nacional.

(Foto: @molinodealcuneza)

Una cocina que nace del territorio

La cocina de Samuel Moreno no busca deslumbrar alejándose de sus raíces, sino todo lo contrario. Como explican sus propios responsables, su propuesta es «una vuelta a los orígenes pero con un guiño de modernidad»: una gastronomía de mercado y de temporada construida alrededor de materias primas de la tierra y de su propio huerto, que Samuel selecciona personalmente.

Es una cocina con memoria, pero también curiosidad. La caza, las setas, la miel, los vegetales y otros productos locales aparecen en una propuesta que parte de la tradición castellana y la lleva hacia un territorio más creativo, incorporando pescados crudos, sabores ahumados, matices ácidos y distintas texturas.

El huerto del Molino tiene aquí un papel especialmente bonito. No es simplemente un elemento decorativo del hotel, sino una fuente de producto que entra en la cocina y ayuda a marcar el ritmo de las estaciones. El resultado es una gastronomía que tiene sentido precisamente porque está vinculada al paisaje que rodea al molino.

Y hay otro protagonista que merece capítulo propio: el pan. La relación entre el antiguo molino y los cereales de la zona continúa viva en la mesa, con siete variedades de pan artesano elaboradas diariamente con harinas ecológicas de la zona. Es una de esas pequeñas grandes experiencias que hacen que el desayuno deje de ser simplemente el desayuno.

(Foto: @molinodealcuneza)

De hecho, el desayuno es uno de los grandes atractivos de la estancia. Bollería artesana, yogures, cuajada de leche fresca de oveja, quesos y embutidos locales, miel, mermeladas, fruta, zumos, smoothies, tostadas de pan de aceite y huevos son algunas de las propuestas que se pueden encontrar en la mesa, muchas de ellas elaboradas por el propio equipo del hotel.

En 2026, el restaurante continúa defendiendo una cocina de temporada y mantiene su estrella Michelin. La propuesta gastronómica cambia en función del producto disponible, por lo que la experiencia está en constante evolución. Para los huéspedes que prefieran una cena más relajada, el hotel dispone además de un bistró exclusivo para clientes alojados, una opción perfecta para terminar el día sin necesidad de salir del molino.

(Foto: @molinodealcuneza)

Una escapada para bajar el ritmo

Hay algo más difícil de explicar que una habitación bonita o una buena mesa: la sensación de estar exactamente donde uno quiere estar. En Molino de Alcuneza, esa sensación aparece entre jardines, piedra, agua y silencio. El spa, la piscina exterior y los espacios de descanso completan una estancia pensada para desconectar y disfrutar del entorno.

Y quizá esa sea la verdadera esencia del lugar. No se trata solamente de dormir en un edificio histórico ni de cenar en un restaurante con estrella Michelin. Se trata de descubrir cómo una familia ha conseguido convertir un antiguo molino en una experiencia contemporánea sin borrar aquello que lo hace único.

(Foto: @molinodealcuneza)

Porque, además, merece la pena salir del hotel. A pocos minutos se encuentra Sigüenza, una de las localidades medievales más bonitas de Castilla-La Mancha, con su Catedral, el Castillo, la Plaza Mayor, las calles empedradas y la figura del Doncel. Y para quienes prefieran naturaleza, el cercano Parque Natural del Barranco del Río Dulce ofrece rutas de senderismo entre hoces, bosques y cortados, un paisaje espectacular para descubrir a pie y disfrutar de la naturaleza de la Sierra Norte de Guadalajara.