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BIENESTAR

José Manuel Aguilar, podólogo: «No todo el mundo puede utilizar calzado ‘barefoot’»

  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al terminar la carrera entendí que quería convertir mi vocación en mi forma de vida, y desde entonces el periodismo se ha convertido en el lugar desde el que contar historias, descubrir lugares y conectar con personas. A lo largo de este camino he colaborado con distintas cabeceras, confirmando en cada artículo que elegí la profesión adecuada.

El calzado barefoot ha entrado esta temporada como una de las tendencias más importantes en calzado. Entre sus ventajas, imitan la sensación de ir descalzo, favorecen la postura y «puede favorecer un mayor trabajo de la musculatura intrínseca del pie, mejorar la movilidad de los dedos, aumentar la propiocepción y favorecer un patrón de marcha más natural», explica José Manuel Aguilar, director y podólogo de la clínica del Pie Aguilar. Sin embargo, seguir una moda sin conocer sus contraindicaciones puede tener consecuencias: cuando no sigues las indicaciones de los profesionales y terminas con más molestias que beneficios. Ocurre cuando haces un mal uso de los zapatos barefoot, por eso hemos hablado con el experto para saber cuándo sí y cuándo no llevar estos zapatos.

Dos filosofías de calzado

No es que los zapatos barefoot sean buenos o malos, ni que estos sean mejores que los zapatos tradicionales. Tal y como explica el profesional, este calzado se caracteriza por tener una suela fina y flexible, ausencia de desnivel entre el talón y la punta, una puntera ancha que permite que los dedos se expandan de forma natural y una estructura muy poco rígida.

(Foto: Pexels)

Un diseño diferente frente al calzado convencional, que «suele incorporar amortiguación, un cierto desnivel entre talón y antepié, mayor control del movimiento y una horma, en muchos casos, más estrecha». Esto no quiere decir que uno sea mejor que el otro; «simplemente responden a filosofías diferentes y pueden estar indicados para personas y situaciones distintas».

El objetivo también es diferente, ya que el calzado barefoot «busca reproducir lo máximo posible la sensación de caminar descalzo, pero ofreciendo una protección básica frente al terreno», apunta el podólogo. «Cuando se utiliza de forma adecuada y tras una adaptación progresiva, el calzado barefoot puede incrementar la fuerza muscular del pie y modificar algunos parámetros biomecánicos de la marcha».  No debe confundirse su uso como tratamiento para lesiones, ya que «todavía no existe evidencia sólida que permita afirmar que prevenga lesiones de forma general o que sea superior al calzado convencional para toda la población», apunta el doctor. 

Antes de usarlo, conviene prevenir

Si bien el doctor Aguilar defiende que este calzado «puede ser una buena opción para personas sanas, sin patologías relevantes en los pies o miembros inferiores, que quieran potenciar la función natural del pie y estén dispuestas a realizar una adaptación progresiva», también tiene cierta contraindicación para un segmento de la población.

(Foto: Pexels)

Hablamos de que «personas con cualquier tipo de alteración biomecánica, fatiga muscular o articular, molestias al caminar, etc., siempre deben acudir a un podólogo para valorar si el calzado es el adecuado». Puede que no sepas a cuál de los dos segmentos perteneces y, si eres del segundo, es probable que utilizar este tipo de calzado como opción veraniega termine estropeando en cierta medida tu plan vacacional. Como recomendación, y por un tema preventivo, el doctor apunta que «lo lógico sería acudir a un podólogo para valorar si nuestra anatomía y biomecánica es susceptible de utilizar un calzado de este tipo».

Si vas a usarlo, que sea de forma progresiva

«Uno de los errores más frecuentes es pasar de un calzado muy amortiguado a utilizar barefoot durante todo el día desde el primer momento». Por eso, antes de pasar días con este tipo de calzado, conviene introducirlo de forma progresiva en el día a día para evitar posibles lesiones o sobrecargas. «Una persona habituada al barefoot puede recorrer largas distancias sin problemas, mientras que alguien que empieza a utilizarlo podría desarrollar sobrecargas musculares o tendinosas si aumenta demasiado rápido el tiempo de uso», apunta el doctor.

(Foto: Pexels)

Lo recomendable es comenzar con periodos muy cortos, «de 20 a 30 minutos diarios, preferiblemente caminando sobre superficies cómodas», e ir aumentando progresivamente el tiempo de uso en función de las sensaciones. Además, el doctor apunta que es muy recomendable acompañar la transición con ejercicios de fortalecimiento de la musculatura del pie y de la pantorrilla. Y ten en cuenta que no hay una norma general para saber cuánto durará tu periodo de adaptación: «Puede durar desde varias semanas hasta varios meses, dependiendo de cada persona». 

Lo que puedes hacer es alternar ambos tipos de calzado; esto «permite adaptar el pie a diferentes exigencias y reducir el riesgo de sobrecargas durante el proceso de transición», explica el especialista. «Existe bastante evidencia científica respecto a que la variabilidad de calzado suele ser beneficiosa y previene lesiones. Igual que nuestro cuerpo agradece realizar distintos tipos de ejercicio físico, también responde positivamente a diferentes estímulos en cuanto al calzado», puntualiza. 

Vigila el terreno

En este periodo de adaptación o a la hora de decidir si el calzado barefoot es o no es recomendable, el terreno por el que vas a caminar se convierte en un factor decisivo, ya que la razón de ser de este tipo de calzado es imitar al máximo la sensación de andar descalzos (para lo bueno y para lo malo). En esta línea, José Manuel Aguilar subraya que «las superficies naturales, como caminos de tierra compacta o césped, suelen resultar más amables durante el periodo de adaptación porque ofrecen pequeñas irregularidades que estimulan la musculatura sin generar impactos excesivos».

(Foto: Pexels)

En cambio, «el asfalto, los adoquines o determinadas superficies muy duras transmiten mayores fuerzas al pie y requieren una musculatura más preparada». También destaca que en montaña debemos valorar el tipo de terreno, ya que en zonas muy técnicas una mayor protección suele resultar beneficiosa.