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Antonio Banderas (65 años) recuerda cómo llegó a Madrid para perseguir su sueño: «Mi madre me cosió el dinero dentro del pantalón»

Antonio Banderas es uno de los actores más conocidos de nuestro país

Ha hecho carrera en Hollywood y su fama ha cruzado fronteras

No se ha olvidado de sus orígenes ni de cómo era su vida antes de ser una estrella

Antonio Banderas tiene 65 años y se ha convertido en uno de los artistas más emblemáticos de nuestro país. Nosotros sabemos que llegar hasta aquí no ha sido un camino fácil. Antes de arrasar en España y de conquistar Hollywood fue un joven malagueño que tuvo que abandonar su ciudad para perseguir sus sueños.

El actor ha echado la vista atrás para recordar cómo fue aquel viaje que marcó el inicio de su carrera. Un relato cargado de nostalgia en el que repasó los sacrificios de sus padres y las dificultades de sus primeros años en Madrid.

Un viaje hacia lo desconocido

El intérprete recuerda muy bien el día en que dejó Málaga para instalarse en la capital. Era el 3 de agosto de 1980 cuando subió al tren Costa del Sol con un objetivo claro: intentar abrirse camino en el mundo de la interpretación.

La situación económica de su familia era muy distinta a la que años después le permitiría convertirse en una estrella internacional. Sus padres reunieron 10.000 pesetas, una cantidad modesta para afrontar una aventura tan incierta, pero suficiente para darle la oportunidad de intentarlo.

«Mis padres reunieron 10.000 pesetas y mi madre me cosió los bolsillos dentro del pantalón por si me robaban. Si me quería tomar un café, me tenía que ir al baño a quitarme los pantalones», ha declarado en el pódcast Ac2ality.

La anécdota refleja tanto la preocupación de sus padres como la realidad de una época en la que marcharse a otra ciudad suponía un salto al vacío. Aquel dinero representaba todos los ahorros que podían destinar al proyecto de su hijo y había que protegerlo de cualquier imprevisto.

El primer trabajo de Antonio Banderas

A pesar de la incertidumbre, la suerte comenzó a sonreírle relativamente pronto. Banderas ha explicado que ya conocía al actor y director teatral Luis Balaguer, después de haber interpretado a Marco Antonio en una representación de Shakespeare en el teatro de Málaga.

Nada más instalarse en Madrid decidió ponerse en contacto con él para preguntarle si existía alguna oportunidad de trabajo.

Antonio Banderas en Act2ality. (Foto: YouTube)

La respuesta fue positiva. Según recuerda, Balaguer le explicó que acababa de quedar libre un pequeño papel dentro de su compañía. Apenas eran ocho líneas de texto, pero para un joven que acababa de llegar a la capital suponía una oportunidad irrepetible.

«Mi primera función profesional fue en Almagro. Esa fue la primera vez que yo pisé un escenario como profesional», comentó en el pódcast mencionado con anterioridad.

El accidente que cambió su destino

Aunque hoy resulta difícil imaginarlo, la interpretación no siempre fue la primera opción de Antonio Banderas. Durante su adolescencia soñaba con convertirse en futbolista y dedicaba buena parte de su tiempo a entrenar. Sin embargo, todo cambió en noviembre de 1975.

Mientras realizaba un entrenamiento sufrió una grave lesión que terminó alejándolo definitivamente del deporte. «Yo estaba entrenando en un estadio pequeñito y fui a centrar un balón; se me enganchó el pie en el suelo y me lo partí», ha relatado.

Aquel accidente, que entonces supuso una enorme decepción personal, terminó convirtiéndose en el punto de inflexión que orientó definitivamente su vida hacia el mundo del teatro. Por suerte su plan B era todavía mejor que el A.

Los años más duros sobre los escenarios

Tras abandonar el fútbol, Banderas decidió apostar por su otra gran pasión: la interpretación. Comenzó su formación junto a la veterana actriz Guillermina Soto, una etapa que le permitió adquirir experiencia antes de emprender un trabajo mucho más ambicioso.

Junto a varios compañeros creó la compañía independiente Dintel, con la que recorrieron numerosos pueblos representando espectáculos teatrales en unas condiciones muy alejadas de cualquier comodidad.

«No teníamos un duro. Lo máximo que podíamos comprar era un telón negro y nos íbamos a una plaza, colocábamos el telón negro y delante de aquel telón negro nosotros hacíamos nuestro espectáculo por poco más de dos pesetas», desliza al respecto.

Aquellas funciones improvisadas, con recursos mínimos pero una enorme ilusión, contribuyeron a forjar el carácter artístico del actor y consolidaron una vocación que ya resultaba irreversible.

De Málaga al éxito

Con el paso de los años, aquel joven que llegó a Madrid con el dinero cosido dentro del pantalón comenzó a abrirse camino dentro del cine español.

Su carrera dio un impulso decisivo gracias a sus colaboraciones con Pedro Almodóvar, con quien participó en algunas de las películas que marcaron una época y que sirvieron para proyectar su talento fuera de España. Posteriormente llegó el salto internacional y con él una sucesión de producciones que consolidaron definitivamente su prestigio.

Títulos como Philadelphia, Entrevista con el vampiro o La máscara del Zorro lo situaron entre los intérpretes españoles con mayor reconocimiento mundial, compartiendo reparto con algunas de las mayores estrellas de Hollywood.