No hace falta dramatizar aún, pero científicos chinos han encontrado restos de microplásticos en la bilis humana
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La contaminación por plásticos ha dejado de ser un problema exclusivo de los océanos y ríos para convertirse en una cuestión de salud interna. Un grupo de científicos chinos acaba de confirmar que estos materiales no solo atraviesan nuestro organismo, sino que se quedan en él. El estudio ha revelado que la bilis humana actúa como un reservorio donde los microplásticos se acumulan, lo que afecta directamente al sistema biliar.
Esta investigación, liderada por expertos de instituciones de China como la Universidad Médica del Sur, pone el foco en cómo estas partículas diminutas alcanzan la circulación enterohepática. Tras analizar muestras de pacientes, los resultados muestran una presencia universal de polímeros, lo que abre una nueva vía de estudio sobre el origen de enfermedades como los cálculos biliares o el envejecimiento celular prematuro en el sistema digestivo.
¿Qué han encontrado los científicos chinos en nuestra bilis?
Lamentablemente, los científicos del del Décimo Hospital Afiliado de la Universidad Médica del Sur (Hospital Popular de Dongguan), la Universidad Sun Yat-sen, la Universidad Médica de Guilin e instituciones colaboradoras, confirmaron que los microplásticos están presentes en el 100% de las muestras analizadas.
Según el trabajo publicado en la revista Environmental Science and Ecotechnology, el equipo detectó hasta seis tipos de polímeros diferentes en la bilis humana. Los más comunes resultaron ser el tereftalato de polietileno (PET) y el polietileno (PE), materiales que utilizamos habitualmente en envases de bebidas y bolsas de plástico.
El hallazgo principal, sin embargo, radica en la diferencia de concentración entre personas sanas y enfermas. Los pacientes con piedras en la vesícula presentaban una carga mucho mayor de plásticos que aquellos sin esta patología. Los datos técnicos arrojan una mediana de 25.89 microgramos por gramo en el grupo con cálculos, frente a los 6.98 microgramos del grupo de control. Esto sugiere que la acumulación de estos materiales podría alterar la fluidez biliar y facilitar que el colesterol se agregue para formar piedras.
El impacto de los microplásticos en las células del hígado
Lo que ocurre a nivel microscópico, eso es lo que realmente inquieta a los investigadores. El estudio demuestra que una exposición prolongada y a bajas dosis a estos materiales provoca la senescencia de los colangiocitos, que son las células que revisten los conductos biliares. En términos sencillos, el plástico hace que estas células «envejezcan» y dejen de funcionar correctamente, entrando en un estado de disfunción que daña el tejido.
Este proceso destructivo tiene su origen en las mitocondrias, las centrales energéticas de nuestras células. Los científicos chinos observaron que los nanoplásticos reducen la producción de ATP (energía celular) y aumentan el estrés oxidativo. Las partículas detectadas, que mayoritariamente miden entre 20 y 50 micras, tienen formas irregulares o de varilla, lo que podría facilitar su retención en los fluidos densos como la bilis, rica en sales y lípidos.
¿Se pueden evitar los microplásticos?
Ante la aparición de microplásticos en nuestro organismo, el estudio plantea una posibilidad basada en la farmacología. Los investigadores probaron el uso de melatonina para combatir los efectos tóxicos en modelos celulares. Al actuar como un antioxidante dirigido a la mitocondria, esta sustancia logró mitigar gran parte del daño causado por los microplásticos y redujo la inflamación de las células.
A pesar de los resultados positivos, el equipo de China advierte de que todavía es pronto para establecer tratamientos clínicos definitivos. El estudio contó con una muestra pequeña de 14 donantes del Hospital Popular de Dongguan, por lo que consideran vital realizar investigaciones a mayor escala.
«Este estudio replantea el sistema biliar como algo más que un sitio de tránsito pasivo», explican los autores del estudios. «La exposición crónica puede envejecer los colangiocitos a través de una lesión mitocondrial. Igualmente importante es que el hallazgo de que la melatonina atenuó estos efectos ofrece un punto de partida biológicamente plausible para una intervención protectora, aunque todavía se necesitan estudios más amplios en humanos», afirman.
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