Mitos sobre amor y sexo que la ciencia confirma erróneos
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La ciencia es pertinaz y se empeña una y otra vez en confirmar o denegar viejos mitos sobre amor y sexo que casi todos, en un momento dado, hemos creído, pero que no siempre son ciertos.
La neurociencia es una ciencia considerada multidisciplinaria y colabora para investigar nuestro cerebro y organismo para aportar en diversos campos conocimientos y avances. No es extraño que se publiquen estudios al respecto en compañía de otras disciplinas, como la matemática, la antropología o incluso la filosofía.
Por eso, combinando estudio de la mente y comportamiento, esta neurociencia ofrece información de interés que derriba un buen número de mitos respecto al sexo, a las relaciones o al amor. Así podemos observar que muchas verdades que considerábamos irrefutables no son en realidad tan ciertas.
Así sucede con aquellos que siempre consideraron el amor como una emoción. Sin embargo, la neurociencia ha descubierto que en realidad es más bien un impulso. O sea, que se podría asimilar más bien a una necesidad, como la comida o el sexo, pero no a un sentimiento.
Tampoco es cierta la creencia de que las mujeres únicamente buscan relaciones románticas mientras los hombres quieren sexo a todas horas. Lo cierto es que esta creencia viene más por la moral social que por la realidad científica. Los estudios en neurociencia demuestran que, en relación al considerado amor romántico, no hay diferencia alguna entre sexo masculino y femenino.
Otros mitos sobre amor y sexo que derriba la ciencia
Por medio de las investigaciones neurocientíficas hemos podido saber que el amor y el odio comparten ciertas áreas del cerebro realmente importantes. Es decir, que ambos sentimientos en realidad son impulsos que se producen en los mismos circuitos cerebrales.
Y, ¿qué hay de aquello de que los hombres son los únicos que disfrutan con la pornografía? La propia neurociencia afirma que esto no es así. De hecho, según un estudio del Instituto Kinsey, los estímulos generados por este tipo de cine crean respuestas muy fuertes en el cerebro, mucho más que otro tipo de imágenes, pero que no se limita únicamente a la mente masculina, también acciona en la femenina.
Por último, quienes piensan que un hombre puede ser adúltero e infiel por su genética y su programación, también se equivoca. Lo cierto es que sí es verdad que nuestros genes pueden tener cierta predisposición, pero tanto varones como hembras tenemos el lóbulo frontal suficientemente grande y desarrollado como para tomar la decisión adecuada, que es ignorar la tentación o caer en ella voluntariamente.
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