Un investigador aragonés lidera un logro colosal: demuestran por primera vez que el flúor puede construir redes estables con metales
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Jorge Lobo-Checa es investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Nanociencia y Materiales de Aragón (INMA), centro de la Universidad de Zaragoza. Lideró el estudio que desafía uno de los dogmas más asentados de la química de materiales y que tiene que ver con el flúor, el elemento con mayor electronegatividad de la tabla.
Esa propiedad lo convierte en el más reactivo de los halógenos y, por décadas, en el gran ausente de un campo clave de la química: la construcción de redes metal-orgánicas, estructuras con aplicaciones que van de la electrónica a la medicina. ¿La razón? Siempre la misma: la ciencia no había encontrado la manera de que este elemento trabara una unión estable con los metales.
La ciencia española, al frente: logran que el flúor forme redes estables con metales, por primera vez en la historia
Bajo condiciones específicas y en contacto con superficies metálicas, el flúor actúa como un ligando estable y eficaz. Un ligando, en química, es una molécula o átomo que se une a un metal central para formar estructuras más complejas; es, en esencia, el puente que conecta los metales en una red.
Hasta este trabajo, ningún equipo había podido demostrar que este elemento pudiera ejercer ese papel de forma estable.
¿El resultado? Una red bidimensional metal-orgánica en la que seis átomos de flúor se coordinan con un átomo de oro, formando una estructura ordenada con una ligera ondulación.
La red mantiene deslocalización electrónica continua: los electrones pueden desplazarse con facilidad a lo largo de toda la estructura, algo esencial para cualquier aplicación en dispositivos electrónicos.
El trabajo fue publicado el pasado 7 de abril de 2026 en CHEM, una de las revistas de química más prestigiosas del mundo. Jorge Lobo-Checa no estuvo solo: también lideraron este descubrimiento Jorge Labella, Adriana E. Candia, Jonas Björk y Tomás Torres.
Cómo lo hicieron el CSIC y el INMA: subftalocianinas, una superficie de oro y autoensamblaje espontáneo
El material se construyó con moléculas especiales llamadas subftalocianinas fluoradas, que tienen una forma curvada similar a la de un paraguas invertido. Esa geometría cóncava resulta fundamental. Controla la reactividad química del sistema, determina la estructura final y condiciona las propiedades electrónicas del material.
El proceso comienza depositando esas moléculas sobre una superficie de oro. A continuación, se aplica calor de forma suave para favorecer que se reorganicen.
Y desde luego, el resultado es completamente inesperado: el sistema se autoensambla de forma espontánea y los átomos de flúor de cada molécula encuentran por sí solos su posición junto a los de oro, sin intervención adicional, para formar la red ordenada.
La colaboración tuvo su tinte internacional, ya que participaron investigadores de España, Argentina, Japón y Suecia, una composición que refleja la complejidad técnica del experimento.
¿En qué sectores se podría aplicar el flúor como ligando metálico?
Que no quepan dudas de que esta repercusión no se va a quedar encerrada con recelo en el dogma académico. Abrir el flúor como ligando metálico significa disponer de una familia de materiales bidimensionales que hasta ahora no existía, con propiedades electrónicas y químicas simplemente inéditas.
Vamos con un ejemplo: en energía, los materiales derivados de este descubrimiento podrían emplearse en baterías de próxima generación y catalizadores industriales más eficientes.
En electrónica, la deslocalización continua de la red la convierte en candidata para dispositivos moleculares a escala nanométrica.
También se prevén aplicaciones en sensores biomédicos de alta precisión y en tecnologías cuánticas, donde el control de las propiedades electrónicas a nivel atómico es determinante.
Para terminar de entender la dimensión de todo esto, cabe remarcar que el INMA, que acaba de recibir la acreditación Severo Ochoa con 4,5 millones de euros para el período 2024-2028, está detrás de varios de los avances en materiales bidimensionales más destacados de España. El descubrimiento del flúor como ligando metálico podría considerarse el más inesperado de todos.
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