Los geólogos no se lo explican: descubren una enorme estructura artificial que abarca casi 200.000 km² y podría cambiar el futuro
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Durante años se ha repetido que el Amazonas era, antes de la llegada de los europeos, una inmensa extensión de selva con muy pocos habitantes. Sin embargo, cada nuevo estudio arqueológico hace que esa imagen resulte más difícil de sostener. Es lo que ha mostrado el último trabajo realizado en el suroeste de la región que ha sacado a la luz cientos de zanjas, terraplenes, caminos y figuras geométricas construidas por personas. Hasta ahora habían pasado inadvertidas porque los árboles las cubren casi por completo, pero los investigadores han delimitado ahora una región de aproximadamente 183.000 kilómetros cuadrados en la que se reparten miles de obras humanas. Algunas apenas sobresalen actualmente del terreno y otras conservan zanjas de varios metros, pero desde abajo es muy difícil reconocer sus formas debido a la espesura.
Detrás de la investigación que podría cambiar cómo se ha entendido hasta ahora el Amazonas, y su historia, se encuentra un equipo de especialistas de Finlandia y Brasil dirigido por Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki. El trabajo, publicado en Nature, sostiene que en aquella zona pudieron vivir entre 1,25 y tres millones de personas durante los siglos de mayor ocupación. Y el momento de mayor actividad se situaría entre los años 100 y 300 después de Cristo, mucho antes del contacto con los europeos.
Descubren una enorme estructura artificial bajo tierra de 200.000 km²
Localizar estas construcciones desde tierra habría supuesto una tarea casi inabarcable, de modo que los científicos recurrieron al LiDAR, una tecnología instalada en un avión que envía miles de pulsos láser hacia la superficie mientras sobrevuela la zona, los cuáles rebotan en las copas de los árboles, pero algunos se cuelan entre las hojas y llegan hasta el terreno. Al registrar el tiempo que tardan en regresar, los expertos pueden reconstruir la forma del suelo y retirar digitalmente la vegetación de la imagen. De este modo aparecen desniveles, zanjas o líneas rectas que desde una fotografía aérea corriente quedarían completamente tapados.
Los vuelos se realizaron en 2024 sobre los estados brasileños de Acre y Amazonas. El avión recorrió 4.430 kilómetros y permitió estudiar una superficie cercana a los 4.500 kilómetros cuadrados. El resultado sorprendió incluso al equipo: aparecieron 432 construcciones de tierra y únicamente 36 figuraban en los registros anteriores. Las otras 396 no se habían identificado hasta entonces. Y lo que muestran los mapas no son formas naturales difíciles de interpretar, sino que se distinguen recintos cuadrados, rectangulares y poligonales, además de caminos rectos que comunican varias zonas. La mayoría de los geoglifos ocupan entre 0,35 y 14 hectáreas, aunque el mayor conocido se acerca a las 50. En algunos casos, las zanjas miden entre nueve y trece metros de ancho y alcanzan una profundidad de cinco metros.
La selva todavía puede esconder decenas de miles de recintos
Los vuelos sólo cubrieron una parte del territorio ocupado por la llamada civilización Aquiry. Para hacerse una idea de lo que todavía puede permanecer bajo los árboles, los autores compararon los datos del LiDAR con imágenes por satélite, fotografías aéreas y yacimientos localizados en trabajos anteriores. A partir de esa comparación calculan que pueden existir entre 24.000 y 30.000 construcciones repartidas por unos 183.000 kilómetros cuadrados. Es una estimación, y además, el equipo tampoco sostiene que todas se levantaran a la vez. Cerca de dos tercios pertenecerían al periodo Aquiry, mientras que otras serían restos de poblados posteriores, algunos construidos después del año 1000.
La propia selva continúa poniendo límites a la investigación. En los puntos donde la vegetación es especialmente cerrada, ni siquiera el láser consigue llegar al suelo con la precisión necesaria. Además, el avión siguió varias franjas de vuelo y dejó amplias zonas intermedias sin examinar. Pese a ello, en determinados sectores la nueva tecnología encontró cinco veces más construcciones que las detectadas anteriormente mediante satélite.
Calcular cuántas personas vivieron allí resulta todavía más complicado. Los autores han tenido en cuenta cuántos recintos pudieron utilizarse al mismo tiempo y el número de trabajadores necesario para construirlos y conservarlos. Así obtienen una población de entre 1,25 y tres millones de habitantes durante el periodo de mayor actividad. Si se añaden las zonas que el LiDAR no pudo registrar correctamente, el cálculo más alto podría llegar a unos 3,8 millones. No es una cifra definitiva, pero sí suficiente para descartar que aquella parte de la Amazonia fuera un territorio prácticamente vacío.
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El descubrimiento cambia la historia de la Amazonia
Durante mucho tiempo se creyó que la selva amazónica no podía mantener poblaciones numerosas lejos de los grandes ríos. Sin embargo, los hallazgos apuntan a la existencia de comunidades conectadas por caminos, con espacios ceremoniales, viviendas y terrenos de cultivo.
Aunque no se trataba de ciudades modernas, estos habitantes modificaron el entorno, cultivaron árboles y dejaron una huella que todavía podría apreciarse en algunas especies y en la fertilidad del suelo. Si aparecen restos similares en otras zonas, habrá que revisar la influencia humana sobre la biodiversidad y la estructura de la selva. El estudio también podría afectar a los modelos climáticos, ya que para calcular la absorción de carbono es necesario distinguir entre la evolución natural del bosque y las transformaciones provocadas por sus antiguos habitantes.