EEUU supera a la ciencia ficción: quiere lanzar 5000 espejos al espacio para iluminar la noche con luz del Sol, y los astrónomos se oponen
Una empresa de Estados Unidos quiere colocar espejos gigantescos en el espacio para vender luz solar cuando se hace de noche. El plan consiste en iluminar zonas concretas de la Tierra a la carta. El proyecto, que parece sacado de un capítulo de Los Simpson, ya preocupa profundamente a la comunidad científica.
Los astrónomos rechazan por completo esta iniciativa de la compañía californiana Reflect Orbital. La idea es enviar los rayos del Sol hacia las granjas fotovoltaicas después del atardecer, aunque los expertos advierten de los problemas que esto podría causar en el cielo y en la naturaleza.
El proyecto de Reflect Orbital para iluminar la noche
La respuesta a por qué se busca llenar la órbita de espejos gigantes se encuentra en la necesidad de generar energía limpia luego de que se oculta el sol. La empresa estadounidense ha solicitado formalmente a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos el permiso para lanzar su primer satélite, denominado EARENDIL-1.
Según la documentación técnica de la propia firma Reflect Orbital, el plan consiste en desviar la luz del Sol hacia puntos específicos del planeta. De esta forma, según explican los expertos de la compañía, buscan que las instalaciones de energía solar sigan operativas en plena noche.
Las dimensiones de estos reflectores espaciales oscilan entre los 10 x 10 metros y los 54 x 54 metros. No obstante, la cantidad de artefactos necesaria para que el invento resulte eficiente es masiva.
Según el profesor asociado de la Universidad de Monash en Melbourne, Michael Brown, un solo reflector capaz de emular el Sol del mediodía desde el suelo requeriría un diámetro de varios kilómetros en órbita. Al optar la empresa por plataformas de 54 metros cuadrados, harían falta unos 3.000 espejos espaciales, o incluso más, para alcanzar apenas el 20% de la potencia solar diurna.
Reflect Orbital maneja un calendario expansivo que arranca con dos satélites en 2026 y prevé superar los 50.000 en el año 2035. «Nuestra constelación y mercados se expandirán continuamente. Más de 5.000 satélites en 2030. Más de 50.000 satélites en 2035», dicen desde el portal de la compañía.
¿Por qué los astrónomos rechazan los espejos en el espacio?
Los perjuicios de alterar la noche preocupan seriamente a la periodista científica especializada Nicole Mortillaro en un artículo publicado por el medio de comunicación canadiense CBC News.
Allí, detalla que las promesas de sostenibilidad de la start-up no convencen a los científicos, quienes denuncian una falta de realismo en sus planteamientos. Aaron Boley, astrónomo de la Universidad de Columbia Británica, señala que la web corporativa incurre en tergiversaciones deliberadas al sugerir que la luz reflejada no constituye contaminación lumínica por el mero hecho de ser natural.
Para colmo, el diseño síncrono al Sol obliga a establecer órbitas polares. Esto significa que los satélites cruzarían el cielo de Canadá de manera constante durante el crepúsculo, un motivo por el cual este país debe quejarse firmemente, recalca el investigador.
John Barentine, fundador de la consultora Dark Sky Consulting, advierte de las consecuencias imprevistas para la fauna. Los animales que se orientan mediante las estrellas corren el riesgo de sufrir una desorientación severa por culpa de estos puntos brillantes en movimiento.
«Esto ocurre en un momento en el que el mundo está a oscuras. La propia biología animal cuenta con que las condiciones a su alrededor sean de absoluta oscuridad. Me preocupa un poco que, si eres, por ejemplo, un ave migratoria, que ahora sabemos que se orientan gracias a las estrellas hasta cierto punto, esto pueda resultar muy desorientador», puntualizó Barentine.
Los observatorios astronómicos también saldrían damnificados. Aunque Reflect Orbital asegura que respetará zonas de exclusión mediante coordenadas GPS, la presencia de miles de objetos luminosos cruzando el firmamento afectará tanto a científicos profesionales como a aficionados.
Además, Michael Brown teme la aparición de interferencias de radio imprevistas en los telescopios, un problema que ya ocasionan los satélites Starlink de SpaceX. Para el experto, la pérdida del cielo oscuro como un espacio virgen y compartido supone un grave retroceso cultural frente al avance tecnológico.