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EEUU logra lo imposible: ingenieros universitarios crean un robot de papiroflexia que se mueve sin motor ni maquinaria

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El campo de la robótica blanda ha dado un salto cualitativo gracias a una investigación liderada por la Universidad de Princeton. Un equipo de ingenieros universitarios ha desarrollado un sistema que fabrica robots  capaces de cambiar de forma y desplazarse sin necesidad de motores, engranajes o pesada maquinaria externa.

El avance publicado en la revista Advanced Functional Materials utiliza el arte de la papiroflexia como base estructural y permite que estas piezas se muevan de manera autónoma mediante impulsos eléctricos que activan unos polímeros inteligentes.

¿El fin de los motores en la robótica?

Esta nueva metodología de fabricación, denominada impresión directa de tinta capa por capa o LBL-DIW, resuelve uno de los grandes problemas de la robótica, como la dependencia de sistemas neumáticos o magnéticos externos para generar movimiento.

Según detalla el estudio publicado en la revista Advanced Functional Materials, la clave de la investigación se encuentra en la combinación de elastómeros de cristal líquido (LCE) con electrónica flexible de última generación.

Los investigadores universitarios trabajaron bajo la dirección de los profesores Emily Davidson y Glaucio Paulino. Juntos, lograron integrar circuitos impresos flexibles directamente dentro de las bisagras del robot durante el proceso de impresión 3D.

Este diseño evita el uso de piezas mecánicas rígidas que suelen romperse o limitar el rango de movimiento en dispositivos convencionales. Al aplicar corriente, estas bisagras se calientan de forma selectiva y provocan que el material se contraiga, generando el doblez programado que permite a la estructura «cobrar vida».

Cómo funciona el robot de papiroflexia de Estados Unidos

Para lograr que un objeto de plástico se mueva con precisión, los ingenieros universitarios de Estados Unidos utilizan el efecto Joule para calentar zonas específicas del polímero. El robot no necesita una orden mecánica externa porque la propia estructura contiene la inteligencia necesaria para plegarse.

Al recibir electricidad, los elastómeros de cristal líquido reaccionan al calor cambiando su configuración molecular, lo que obliga al material a adoptar la forma deseada según el patrón de papiroflexia diseñado previamente. La fidelidad del movimiento es tan alta que el equipo ha presentado una grulla de origami capaz de aletear sus alas de forma independiente.

Este comportamiento es posible gracias a que cada articulación cuenta con sensores de temperatura integrados que permiten un control de bucle cerrado. De esta manera, el sistema corrige en tiempo real cualquier pequeño error de posicionamiento, garantizando que el dispositivo regrese a su estado original sin sufrir deformaciones ni fatiga en el material.

La fabricación simplificada de la Universidad de Princeton

Uno de los puntos más sorprendentes de este hallazgo de la Universidad de Princeton es la durabilidad del invento. Los prototipos han superado los 1.500 ciclos de actuación sin mostrar una degradación significativa en su rendimiento. Los ingenieros universitarios destacan que, tras un breve periodo de rodaje inicial, el robot mantiene una capacidad de plegado constante, algo inusual en materiales blandos sometidos a estrés térmico repetitivo.

La fabricación de estos dispositivos se ha simplificado mediante un flujo de trabajo digital que traduce patrones de papiroflexia en instrucciones para la impresora 3D.

El proceso incluye los siguientes elementos clave:

Un futuro para la medicina y la exploración

Este avance de Estados Unidos abre la puerta a una nueva generación de máquinas autónomas que podrían funcionar con pequeñas baterías de litio durante horas debido a su bajo consumo energético.

Al ser estructuras planas que se autopliegan, resultan ideales para aplicaciones donde el espacio es crítico, como implantes médicos o dispositivos de administración de fármacos que deban desplegarse dentro del cuerpo humano.

«Creo que la gran contribución es que mostramos la integración de un sistema complejo donde tenemos control de calefacción local. Podemos controlar la activación dependiendo de dónde calentamos», explicó David Bershadsky, quien ideó el proyecto en su tesis de grado.

«Honestamente, la gente habla de que la integración del sistema es la parte difícil. Todo este proyecto consistió en la integración de un montón de tecnologías diferentes», añadió el experto.