Química

Creíamos que la luz lo hacía todo, pero científicos gallegos descubren que la oscuridad también puede construir moléculas y materia

Concepto de luz y oscuridad. Fotografía: Freepik
Concepto de luz y oscuridad. Fotografía: Freepik
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Durante décadas, la química asumió que la luz era el único motor capaz de ordenar la materia a escala molecular; sin embargo, un equipo del CiQUS (Centro Singular de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares), en Galicia, ha comprobado ahora que la oscuridad también puede construir. Sus periodos de sombra funcionan como una fase activa dentro de la formación de nuevas estructuras.

El hallazgo parte de unos péptidos fotosensibles, unas moléculas capaces de autoensamblarse y de reorganizar su forma cuando reciben luz. El trabajo se publicó en la revista científica Angewandte Chemie en junio de 2026 y se apoya en una colaboración internacional entre tres centros de investigación.

La oscuridad también construye moléculas y materia, según el CiQUS

Cuando estos péptidos reciben luz de forma continua, se agrupan en varias formas distintas y poco definidas. El resultado es un conjunto de estructuras polimórficas, es decir, varios ordenamientos que coexisten sin un patrón único. Al alternar periodos de luz y de oscuridad, en cambio, el sistema termina por seleccionar una sola arquitectura, más ordenada y más resistente.

La clave está en lo que sucede sin luz. Durante la sombra, las moléculas relajan las tensiones internas que habían acumulado, corrigen sus defectos y prueban configuraciones más favorables. Ese descanso permite alcanzar la disposición más estable desde el punto de vista energético, algo que la iluminación permanente impide por completo.

Los ciclos de luz y sombra que imitan el ritmo natural del día y la noche

La idea se inspira en los ciclos de luz y sombra que marcan el día y la noche en la naturaleza. Muchos procesos biológicos dependen de esa alternancia regular, y no de una fuente de energía constante que nunca se detiene. El equipo trasladó ese mismo ritmo al laboratorio.

Para lograrlo, los investigadores suministraron la energía luminosa de forma intermitente. Al reproducir el paso del día a la noche, la fase de oscuridad activó procesos de reorganización que no aparecían bajo una luz fija. La ausencia de luz dejó de ser un vacío y pasó a ser el momento en el que el material encuentra su mejor forma.

La investigación española con colaboración internacional

Desde el CiQUS participaron los investigadores Javier Montenegro, investigador Oportunius del Departamento de Química Orgánica de la Universidad de Santiago de Compostela y coordinador del trabajo, Patricia Fulías-Guzmán, investigadora predoctoral del mismo grupo de Química de Sistemas, y Adrián Sánchez Fernández. El primer autor es Alejandro Méndez-Ardoy, investigador del Instituto de Investigaciones Químicas (CSIC-Universidad de Sevilla).

El estudio se completó con la colaboración internacional del Instituto Stratingh de Química de la Universidad de Groninga, en los Países Bajos, y el Instituto de Investigaciones Químicas (CSIC-Universidad de Sevilla).

El CiQUS trabaja desde hace años con nanomateriales sensibles a la luz, un campo con aplicaciones en la liberación controlada de fármacos. Este resultado añade una variable poco explorada, ya que demuestra que el tiempo que un material pasa a oscuras condiciona la estructura final que adopta.

El papel oculto de la oscuridad en el diseño de nuevos materiales

El descubrimiento cambia la manera de diseñar materiales que responden a la luz. Controlar los tiempos de sombra permitiría dirigir la formación de estructuras concretas, sin depender solo de la intensidad o la duración de la iluminación. La oscuridad se convierte así en una herramienta de diseño.

El trabajo del equipo gallego apunta a que el reposo tiene un valor propio en el mundo molecular. Lejos de frenar el proceso, la falta de luz ofrece a las moléculas el margen que necesitan para corregirse y asentarse en su forma más estable.

«El trabajo aporta una nueva perspectiva sobre cómo la discontinuidad de la energía puede influir en la complejidad de cualquier sistema molecular», afirma el investigador de la Universidad de Santiago de Compostela. «No solo importa la presencia de luz o energía; también importa cuándo desaparece».

Lo último en Ciencia

Últimas noticias