Ciencia
Innovación en transporte

China dobla su apuesta: tiene trenes circulando sin conductor ni raíles, pero además quiere que sean de alta velocidad

China ha vuelto a apostar por la innovación en transporte con trenes sin conductor ni raíles, una tecnología que ya ha comenzado a operar y que podría marcar un antes y un después en el transporte público. Este sistema, conocido como tránsito ferroviario autónomo, combina sensores avanzados y guiado virtual para circular sin necesidad de infraestructuras tradicionales.

El desarrollo no solo plantea un cambio tecnológico, sino también económico. La propuesta busca reducir los costes de construcción y mantenimiento frente a tranvías o metros convencionales, mientras se exploran nuevas mejoras como el aumento de velocidad y capacidad en futuras versiones.

Así funciona el tren sin raíles que ya circula en China

El modelo ART T1 ha sido puesto en circulación en Sichuan y representa la primera aplicación comercial de este sistema. A diferencia de los trenes tradicionales, no necesita vías físicas: se desplaza siguiendo líneas virtuales pintadas en la carretera, que son interpretadas mediante sensores.

El vehículo utiliza una combinación de tecnologías como LIDAR y GPS para orientarse, monitorizando constantemente el entorno y las dimensiones de la vía. Esto le permite trazar su propia ruta de forma autónoma, aunque un operador humano permanece en cabina para intervenir en caso de fallo o emergencia.

Entre sus principales características destacan:

Además, el sistema puede cambiar a modo manual si detecta desviaciones o bloqueos, garantizando un margen de seguridad adicional.

Un sistema más barato y preparado para el futuro

Uno de los puntos clave de este desarrollo es su coste. Según los datos del proyecto, construir un kilómetro de tranvía tradicional puede situarse entre 20 y 25 millones de euros, mientras que la infraestructura de este sistema virtual reduce la cifra a entre 7 y 13 millones por kilómetro.

La línea en Yibin ha requerido una inversión cercana a los 130 millones de euros y se espera que transporte unos 10.000 pasajeros diarios, con previsión de alcanzar los 25.000 cuando se conecte con la red de alta velocidad cercana.

El tren funciona con ruedas de goma sobre un núcleo de plástico, una solución que elimina la necesidad de raíles metálicos y facilita su integración en vías urbanas ya existentes. También cuenta con una vida útil estimada de unos 25 años, lo que refuerza su viabilidad a largo plazo.

Otro aspecto relevante es su flexibilidad: en caso de obstáculos como accidentes o tráfico, puede modificar su trayectoria para rodearlos, algo que los sistemas tradicionales no pueden hacer sin intervención directa.

China comenzó a desarrollar esta tecnología en 2013 y la presentó inicialmente como un prototipo en Zhuzhou. Tras varios retrasos, el sistema ha llegado finalmente a su fase operativa, consolidándose como una alternativa real dentro del transporte público.

El siguiente paso apunta a mejorar sus prestaciones, especialmente en velocidad y conexión con redes de alta capacidad, lo que refuerza la idea de que este modelo no solo busca sustituir infraestructuras actuales, sino evolucionarlas hacia un sistema más eficiente y adaptable.